Nación

Un camino de salvación inmediata


Como ciudadano de Panamá, frente al hecho de que este país ha caído en una espiral de pobreza creciente que a nadie parece preocupar, y en vista de un inminente cambio en la Presidencia de la República, quiero presentar una fórmula para salirnos de este camino de violencia y de incertidumbre paralizadora.
Hace ya 15 años de la primera vez que la propuse a alguien con suficiente mando, y en 1994 la presenté en público, pero en ninguna de las ocasiones despertó interés, seguramente porque nuestros políticos generalmente están empeñados en la obtención de lucro material a corto plazo, y porque una especial estrechez mental típica del trópico nuestro hace que los poderosos sean refractarios a las ideas que pueden resolver problemas cuando no las han oído o leído antes.
El fin de la ocupación estadounidense en el territorio nacional nos da un punto de partida que otros países y otras regiones han sabido aprovechar para beneficio colectivo, y esta fórmula tiene la virtud de que ofrece de inmediato la configuración de una esperanza concreta para la población de Panamá. Además, como corolario inmediato, puede convertir a la Caja de Seguro Social en un foco de irradiación de bienestar y de armonía social, lo que sería el mejor tributo que se podría rendir a la obra de Arnulfo Arias cuando ocupó la Presidencia de la República por primera vez.
No hay nada como una esperanza tangible para restablecer un grado aceptable de tranquilidad social, porque una cosa es saber que sólo hay que esperar un poco para que pase el propio problema personal y otra es saber que no tiene solución sino mediante el recurso al crimen y la violencia.
Lo único malo que tiene la fórmula es que no aparece en ninguno de los textos de economía que han leído los que deciden las cosas en el Banco Mundial y en el Fondo Monetario Internacional y en el Departamento de Estado de Estados Unidos (ni en los despachos elegantes de nuestros planificadores). En efecto, se basa en un reconocimiento de que Panamá sí es un país distinto y que la situación nuestra no tiene precedentes, aunque Singapur tuvo algunos elementos parecidos cuando los ingleses se fueron. La solución panameña también tiene que ser distinta.
Lo que puede hacerla aceptable ahora es que les ofrece a los verdaderos amos del mundo en sus respectivas capitales uno de los mejores negocios del siglo, y tal vez uno de los mejores y más jugosos después de la Segunda Guerra Mundial, en tanto que para los panameños es, sin duda, lo único que puede sacarnos de la vorágine de miseria del llamado Tercer Mundo. Además, a los que se han apoderado de la cosa pública y están expandiendo sus dominios más y más dentro del campo privado, les ofrece una valorización inmediata de lo que han adquirido.
Para entrar, en materia, tomemos algunos conceptos básicos que es preciso dejar sentados, planteando las cosas con el lenguaje que emplean los verdaderos poderosos en los verdaderos centros de riqueza y poder, cuando hablan sin tapujos, usando las palabras con su significado real, y no con el que parecen haber perdido para la mayoría gracias al escamoteo de la verdad y a la mixtificación de la realidad.
En el Panamá de hoy hay que hacer un esfuerzo muy grande para lograr entender el verdadero significado de las palabras ya que han sido usadas todas para mentir e incluso para pintar una realidad que es exactamente lo contrario de lo que tenemos por delante.
El que tiene plata y la invierte en algo lo hace porque le va a producir en cantidades convincentes, y porque no tiene otra cosa en qué invertir, que le resulte más productiva o más segura.
La competencia por el capital extranjero hoy día es una verdadera rebatiña en la que incluso jefes de Estado de países en desarrollo ofrecen las dos manos antes de que les pidan una, y la ética que prevalece es la de la ganancia material a corto plazo. Mientras mayor sea el lucro más moral viene a ser, y si la cosa anda por los milloncitos, todos los escrúpulos desaparecen.
Sin embargo, hay que tener presente que las potencias industriales y financieras no se ciñen a principios morales ni a regla ninguna más que las que se hayan fijado entre ellas para protegerse contra una epidemia de lagartera, o sea una macrorrebatiña para inventar un neologismo que además nos serviría ahora para poner en perspectiva adecuada la lagartera de las licitaciones de los últimos años.
Los gobernantes y los dirigentes y los planificadores de los países como Panamá no tienen acceso a los arreglos que han hecho entre sí para los próximos veinte o treinta años los países grandes, los llamados Siete Grandes que ahora se han vuelto Siete y Medio con Rusia, y que cualquier día se vuelven diez con China que cuenta por varios.
Para formarnos una idea clara de las luces largas que sí tienen ellos, ya hace un año decidieron comenzar el Tercer Juego de Esclusas en el año 2009, cosa que casi ningún panameño sabe.
Con el tiempo, si uno sigue con atención ciertas cosas, se acostumbra a ir pescando indicios, pero ellos son los que saben cuál va a ser nuestro destino, y los únicos que pueden darles a las áreas ribereñas del Canal todo su valor. Son ellos los que deciden el rumbo de las inversiones y del desarrollo, y lo deciden conforme a su propia conveniencia y para su propio beneficio material, sin moral y sin misericordia.
Así, pues, pensemos por unos momentos nada más en una ficción que nos permita imaginarnos que las llamadas áreas revertidas quedan en manos de una entidad que, por infusión paráclita, reconoce desde un principio su incapacidad para influir en la dirección del desarrollo económico mundial o en la forma como se está haciendo actualmente una división del trabajo entre los pueblos. Digamos que a la ARI la reemplaza una entidad que está consciente de su impotencia frente al diseño de nuevos patrones de comercio marítimo internacional, y está igualmente consciente de que no cuenta para nada en la determinación de las prioridades de desplazamiento del capital financiero ocioso, y que se desprende de toda actitud propia de un corredor de bienes raíces.
Como Torrijos no era un hombre de cultura literaria y a veces las ideas nuevas para realidades nuevas son difíciles de expresar incluso para los más letrados y para los más hábiles con el lenguaje, nos dejó aquella expresión medio sibilina de que a las áreas revertidas debería dárseles el "mayor uso colectivo posible". Por cierto, lo de Albrook nos da la medida de la vigencia que ha tenido ese interdicto.
En efecto, el interdicto que le puso Torrijos a las llamadas áreas revertidas lo podríamos interpretar como la obligación de utilizarlas en la forma que produzca el mayor beneficio posible, con mecanismos que hagan que ese beneficio pueda llegar a la mayor porción posible de la colectividad, y con un carácter de permanencia lo más sólido posible.
Tal vez Justo Arosemena lo dijo en forma más clara cuando expuso su posición frente al proyecto de construcción del Canal de Panamá, diciendo que lo que importaba era que sirviera para crear riqueza permanente, o sea la riqueza que no se puede invertir en apartamentos en París o en Miami según los gustos, ni tampoco en el mercado de divisas en las grandes bolsas de valores del mundo.
Como no soy ni estadista ni político ni técnico de nada, porque el manejo del lenguaje y de la poesía es cuestión de otros reinos muy distintos y distantes, y para desgracia de mi peculio personal, no he podido nunca cultivar ninguno de los refinamientos de la hipocresía pública ni los de la duplicidad privada tan necesarias para vender una idea engatusando al prójimo, voy a exponer escuetamente una secuencia de pasos o de decisiones que nos pondrían en el camino de llegar a ser un país serio y próspero.
La idea que voy a explicar ahora no viene de ningún texto marxista ni tiene nada que ver con Mao ni con ninguno de los socialista italianos de antes cuando sí había socialistas, ni tampoco surge de la cabeza de ningún fidelista.
Cuando el Estado de Alaska se vio frente a la realidad de la explotación de un enorme recurso natural en su seno, y vio que las actividades inmisericordes e inhumanas e insensibles de las grandes petroleras iban a llevarse esa riqueza, tuvo la suerte de contar con algunos de los hombres más racionales y más realistas que haya habido y que eran los que mandaban allá, los que tenían sus vidas y su riqueza en Alaska, sembradas y plantadas y fincadas en la tierra de Alaska. Así nació el Fondo de Desarrollo de Alaska que actualmente está produciéndoles a cada uno de los ciudadanos de ese Estado, sin que importe la edad ni el sexo ni la raza, un subsidio de más de mil seiscientos dólares al año.
Alaska tuvo una idea creadora para su situación especialísima, y nosotros también la podemos tener, sobre todo si pensamos en términos de petróleo y comparamos la Alaska de hoy con Venezuela donde en 1993 un altísimo funcionario del gobierno del famoso CAP dijo que sólo el 53% de los venezolanos tenía suficientes ingresos como para comer más de una vez al día.
Hay, pues, dos caminos y dos series de ejemplos en qué pensar.
Preguntémonos si acaso no podemos hacer estas cosas:
1. El gobierno panameño invita al gobierno japonés y al gobierno de Estados Unidos a extender el acuerdo básico que creó la comisión tripartita para el estudio de alternativas del Canal de modo que sirva de punto de partida para la formación de un consorcio integrado por empresas de los tres países, con representantes fiscalizadores de los tres gobiernos (o con otros países y otros gobiernos más). El consorcio así integrado, mediante contrato con el Estado panameño, se encargaría de planificar el desarrollo de las áreas revertidas y se encargaría de la ejecución de ese plan, incluyendo la comercialización de las áreas susceptibles de enajenación por medio de venta o arrendamiento.
2. En atención al sacrificio de los procesos naturales de acumulación de riqueza permanente, que fue parte de lo que ofrendó la población de Panamá en aras del Canal y en aras de un vigoroso efecto saludable sobre el crecimiento económico de otros países, todo el producto de ventas y arrendamiento de esos bienes y de las tierras solas o con edificaciones pasaría entonces a integrar un Fondo de Desarrollo de Panamá que ni el gobierno ni nadie podrían tocar, administrado por medio de algún mecanismo privado o mixto que aprobaría las inversiones en que se hubiese de emplear, y que no se pareciera en lo más mínimo al intocable, inasible e inidentificable Fondo Fiduciario que el gobierno saliente dice que nos deja.
3. Los réditos que ese Fondo de Desarrollo de Panamá produjera en intereses o dividendos pasarían a ser en su totalidad un subsidio permanente para la Caja de Seguro Social que los repartiría en sus presupuestos anuales entre un programa de cobertura total de la población panameña, los programas de vejez, invalidez y muerte, y programas nuevos de asistencia a la niñez en edad de escuela primaria tanto con alimentación y servicios de salud, como con elementos para la verdadera educación básica de los niños, que consiste en aprender a hablar bien y a escribir bien para poder asimilar las enseñanzas posteriores y para poder llegar a convertirse en seres humanos con uso de razón, sociables y productivos. (Algo que la masonería local se ha empeñado en impedir a toda costa durante tres décadas).
Panamá también tiene riqueza mineral que hasta ahora no valía la pena explotar y que ha llenado de cianuro muchos arroyos y quebradas, y hasta un poco de petróleo hay por Bocas del Toro según los cálculos de algunos informes internacionales, pero además va a tener un Canal, y hasta hace pocos años tenía ese otro tesoro inapreciable que representa una sociedad en que la vida del ser humano tiene valor y se respeta como algo sagrado. Esto último, que ahora parece perdido, todavía se puede recuperar si se actúa con rapidez y con astucia, y si se le exige a aquellas fuerzas oscuras que dieron origen al despelote que pongan a su gente a portarse bien porque así van a ganar más, y se apreciarán más rápidamente sus inversiones y habrá mejores negocios en que invertir de nuevo las ganancias.
Hay que ponerlo así, porque así es en verdad y porque en el mundo nuestro queda muy poca gente que haga caso de razones morales, aunque todavía hay gente consciente en este país que ya daría cualquier cosa por ver cesar la violencia y por volver a disfrutar de esa comodidad indescriptible que da el sentirse viviendo en una ciudad segura.
Los años han hecho que el camino se haga más evidente, y como no había nadie que se interesara realmente en insuflar en el ambiente social algo que realmente pudiera comenzar a sanearlo, los años que han pasado y los desaciertos y los desmanes y los atracos que se han cometido me han servido para refinar la idea e ir acomodándola más a la forma como se está organizando el dominio del mundo por los poderosos y los potentados que nadie llega nunca a ver pero que están allí mandando y decidiendo.
Primera parte de tres entregas que se publicará en la edición de mañana.
LA LEGISLACION DE AREAS REVERTIDAS
Para comenzar a discutir con los interlocutores apropiados de otros países, sin que sigan echando a perder el pastel de las áreas revertidas pegándole mordiditas y tarascones como el de Albrook, bastaría con introducir tres conceptos en la legislación, a saber:
Primero:
Todas las áreas que, por virtud del Tratado del Canal de 1977, han vuelto a la jurisdicción plena de la República de Panamá, y las que van a ser entregadas desde ahora hasta el 31 de diciembre de 1999, quedan sometidas a un régimen especial de acuerdo con el Artículo 5 de la Constitución vigente.
Segundo:
El producto de todas las ventas y de todos los arrendamientos que hayan de contratarse en el futuro pasa a formar el Fondo de Desarrollo de Panamá, depositado en cuentas especiales de depósito en la Caja de Ahorros y en el Banco Nacional como fiduciarios para que los utilicen en sus programas de préstamos y para que descuenten las carteras hipotecarias de los bancos locales más grandes y hagan inversiones sólidas en el extranjero, mediante arreglos especiales de garantía, y lo que esos depósitos y esas inversiones produzcan pasa entonces íntegro directamente a la Caja de Seguro Social sobre la base de una tasa de interés equivalente a los intereses comerciales que prevalezcan en la plaza, con el objeto de que el Seguro dedique esos dineros en los programas que acabo de mencionar y en otros programas más ambiciosos y más abarcadores a medida que dicho Fondo vaya creciendo.
Tercero:
Hasta tanto se haya aprobado el plan que elabore el consorcio internacional en el que una de las partes puede ser el gobierno panameño o empresas panameñas o un arreglo mixto, nadie puede disponer de nada que haya en las llamadas tierras revertidas, salvo el Ministerio de Vivienda y éste únicamente respecto de las viviendas que ya están construidas, y sólo mediante contratos sujetos a las revisiones posteriores que un verdadero plan general de usos de esas tierras haya de exigir.
Como la cuantía del valor de las áreas revertidas es tan enorme, a la vuelta de unos años el gobierno podría adscribirle a la Caja de Seguro Social nuevas actividades de beneficencia pública que, según indicarán los cálculos actuariales, podrían ir desde la consolidación del actual sistema integrado de salud hasta la cobertura total de la población como en el sistema de salud de Inglaterra o de Francia. Además, dentro de la organización de la Caja podrían crearse fácilmente departamentos destinados a prestar servicios de difusión cultural, como librerías infantiles, guarderías, asilos de ancianos, salas de cine para asegurados, sistemas de becas y auxilios de escolaridad.
Esto haría todo el plan del consorcio aceptable para el pueblo, no habría ninguna lesión de soberanía como resultado, ni durante el proceso de comercialización ni después, sino que, antes bien, se irían formando estructuras económicas saludables que a la larga harían posible la maduración necesaria en la población panameña para que pueda aspirar a vivir como pueblo realmente civilizado.
Podrían diseñarse y crearse todos los organismos tutelares para la vigilancia de lo que se hace administrativamente con lo que recibiría en dineros la Caja de Seguro Social, pero existiría además la garantía permanente de que el fondo, el capital mismo, sería intocable, no susceptible ni de enajenación ni de ninguna forma de traspaso. Incluir esto en una reforma integral de la Constitución aseguraría su aprobación en cualquier referéndum por una mayoría tan abrumadora que ni las manipulaciones de los escrutinios podrían esconder.
La posibilidad temporal de peculado o negociados sería mínima en comparación, y se limitaría a una tajada del producto del Fondo de Desarrollo durante una administración. Además, a diferencia de las reformas antipopulares que les han hecho a la Ley de la Caja de Seguro Social, las primeras medidas necesarias o deseables para sentar las bases de esta fórmula redentora podrían introducírsele sin ninguna oposición popular.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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