Pero a menudo estos dos conceptos han estado en contradicción o hasta hace una década uno estaba en contra del otro. Actualmente, los dos aspectos son conjugados por la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), a través del proyecto Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico Panameño (CBMAP), con acciones que contribuyen a la conservación y utilización sostenible a largo plazo de la variedad biológica.
El CBMAP es un proyecto que promueve el aprovechamiento y manejo de la diversidad biológica de Panamá, tomando en cuenta los recursos naturales.
La visión es promover la creación y desarrollo de una cultura ambiental, donde la participación ciudadana con equidad de género es fundamental para atender las necesidades de desarrollo de las comunidades locales, señaló el gerente general del Proyecto CBMAP, Iván Valdespino.
Según Valdespino, el CBMAP ambiciona proteger una amplia variedad de hábitat y ecosistemas, incluyendo los peculiares bosques húmedos de la región Chocó/Darién y la cordillera de Talamanca, que poseen los más altos índices de variedad biológica en Centroamérica.
Asimismo, cómo proteger el hábitat a diferentes altitudes, ubicadas en la región de Bocas del Toro, que se extiende desde los bosques montañosos del Parque Internacional La Amistad y cuencas asociadas, hasta las zonas de los humedales y arrecifes de coral del Parque Nacional de Bastimentos.
La conservación y uso adecuado de los recursos naturales es uno de los principales retos de los países en vías de desarrollo, pero solamente se logra con un trabajo en equipo en donde cada comunidad aporta su granito de arena, indicó Valdespino.
El CBMAP es una iniciativa que ha promovido la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), a través de una donación del Fondo Mundial para el Ambiente (GEF).
La donación del GEF es de B/. 8.4 millones y forma parte de una iniciativa regional que se extiende de cinco estados del sur de México hasta nuestra frontera con Colombia en Darién, e incluye a Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica.
Según Valdespino, se seleccionó el área Atlántica porque es la que tiene mayor cobertura boscosa y con gran diversidad de fauna y flora en Panamá. Otro aspecto tomado en cuenta son los diferentes grupos culturales que existen en el área.
Desde 1997, cuando se estableció el proyecto CBMAP, se escogieron las áreas prioritarias donde se pueden realizar inversiones y acciones de desarrollo sostenible. Las áreas seleccionadas se definieron en función de la variedad biológica y cultural existente en esta región.
Se estima que la población rural que habita en el CBMAP es de aproximadamente 353,000 personas, la mitad de las cuales corresponden a comunidades indígenas y la otra mitad a grupos afrocaribeños y latinos.
Cada subproyecto que se ejecuta en las comunidades indígenas de los naso-teribe, ngöbe-buglé y kuna contribuye a que sus miembros tengan una alimentación apropiada, vivienda, educación y un medio para la comercialización de sus productos.
Para Valdespino, no es secreto que en Panamá existe una explotación en las zonas boscosas por parte de personas que vienen de otras regiones a dedicarse a la ganadería extensiva y la agricultura, actividades que van deteriorando los ecosistemas.
Pero se buscan alternativas y una de ellas es ayudar a las comunidades a organizarse y planificar su desarrollo, para que sean éstas las que escojan los subproyectos que les conviene en función del lugar donde se encuentran y las necesidades que puede tener el área.
La ANAM está en negociaciones con el Banco Mundial y el GEF para que se otorgue un segundo financiamiento al proyecto CBMAP, luego que culmine la primera fase el 30 de junio del 2004, indicó Valdespino.
El gerente del proyecto señaló que de aprobarse la segunda fase, tendrían un periodo de cinco años para consolidar algunas acciones como la comercialización de los productos de las áreas donde se lleva a cabo la iniciativa.