Hay gente que vivirá la Navidad con muy poco, casi con nada. Y a las 12 de la noche, cuando en miles de hogares se levanten copas y se repartan platos sabrosos, mirarán al cielo pidiendo a Dios el más hermoso de todos los regalos al que se pueda aspirar: un futuro mejor para sus hijos.
Este es el caso de la familia Carrión Rodríguez, una de los tantos hogares panameños que evocará con su humildad, aquel emblemático pesebre de Belén, completamente alejado de los lujos y de la abundancia.
Para llegar a su casa en Altos del Río, en Villalobos, hay que atravesar un empinado camino de piedras, muy difícil de transitar. Unos alambres con púas atados en palos sirven de baranda y unas improvisadas escaleras de barro permiten llegar a la cima.
Arriba, una pequeña casita de zinc pintada de azul se muestra en el medio de un matorral que sirve de baño, de patio de juegos y de depósito de los pocos trastos que representan el patrimonio de los Carrión Rodríguez, una familia integrada por Benjamín y Jovana, más sus cuatros niños: Jorge de 13 años, Miguel de 11 años, Randoll de 9 años y Samara de 6.
Benjamín no tiene trabajo y sobreviven de uno que otro "camarón".
"De vez en cuando hago algún trabajo de albañilería o de seguridad. Otras veces, mi esposa Jovana lava ropas de algunas familias y de esa forma conseguimos por lo menos para una sola comida al día que, a veces, es cocinada hasta las cuatro de la tarde porque se nos dificulta mucho conseguir el dinero".
La vida nunca fue fácil para ellos, pero empeoró definitivamente después de las inundaciones del 17 de Septiembre, donde perdieron todo lo poco que tenían y debieron emigrar buscan un sitio más seguro.
"Conseguir un empleo es mi mayor preocupación, ya que en los trabajos, nunca me pagan lo acordado y muchas veces se mantienen solo en promesas. Tenía la esperanza en mi corazón de que en esta Navidad recibiría algo de lo que se me debe, pero lamentablemente no fue así", dijo.
No tienen agua potable, ni comida segura, cada día es una angustia nueva y cada noche, un desconsolado lamento. "Es triste vivir sin agua, sin un servicio donde hacer nuestras necesidades, en una casita de zinc sin cerradura, con un simple alambre en la puerta en donde se nos mete el agua y más aún no tener que comer en estas fiestas de Navidad", cuenta don Benjamín con una voz quebrada y con una gran tristeza en sus ojos.
"A diario escucho a mis hijos pedirme ropa, pelotas, bicicletas y hasta una muñeca. Eso me parte el alma, ya que ha diferencia de otros niños mis hijos no tendrán un juguete, ni una cena que comer".
Su mayor sueño es conseguir un trabajo que cambie su suerte y la de su familia. Que les permita contar con lo elemental para vivir dignamente y mandar a sus hijos a la escuela para que, por lo menos ellos, puedan tener la oportunidad de vivir en el futuro navidades más felices. Ese es el deseo de Navidad de los Carrión Rodríguez, una familia panameña como muchas otras, que lleva sobre sus hombros la pesada y dolorosa carga de la pobreza.
Benjamín no tiene trabajo.
Subsiste por los "camarones".
No tienen agua potable, ni comida segura.
En su pequeña casa de zinc, sin cerraduras, no hay un servicio donde hacer nuestras necesidades.
Cuando llueve se les mete el agua.