Ubicado en La Chorrera, a 35 kilómetros de la capital, la Ciudad del Niño se ha convertido por 35 años en el centro donde cientos de niños y jóvenes encuentran un hogar y refugio. No se trata de una institución cualquiera ya que su filosofía, diferente a las instituciones de su clase, busca transformar al menor y prepararlo para enfrentarse a la vida, ofreciéndole las herramientas necesarias, a través de un plan elaborado para cada niño que mediante la orientación personal, en grupo y soporte emocional, adquieren patrones positivos de personalidad y conducta.
Es así como un equipo especializado trabaja para ofrecer una alternativa de mejores días a una población que, por diferentes razones (abandono, orfandad y pobreza entre otros), se encuentra en este centro apartado de su verdadero hábitat, el núcleo familiar.
La idea surge del padre jesuita José María Aguirre, rector del Colegio Javier, quien en contacto con diversos grupos vio la necesidad de establecer un programa para niños desamparados, por los años 60.
En 1965, la señorita María Icaza dona los terrenos para que el patronato pro Ciudad del Niño, que ya se había constituido, construyera el centro. En 1966, doña Petita Saá de Robles, primera dama de la república, se ofrece como miembra honoraria del patronato para impulsar las donaciones y en 1968 se inaugura finalmente la Ciudad del Niño con las 3 primeras casas. Ese mismo año inicia operaciones con 78 menores provenientes de distintos programas y otros captados de la comunidad.
La Ciudad del Niño es una institución sin fines de lucro creada para dar albergue, crianza y educación a criaturas sin familia o que, por diversas circunstancias de tipo social y económico, no pueden hacerlo.
Desde tempranas horas de la mañana los más pequeños, que van a la escuela primaria, se preparan y salen a sus centros de enseñanza, mientras los más grandes se alistan para iniciar sus labores en los diferentes talleres y parcelas donde adquieren conocimientos que les servirán para subsistir cuando tengan que abandonar la institución.
La Ciudad del Niño tiene una población de 209 menores de entre 4 y 18 años, que viven en 11 residencias clasificados más o menos por edades. Tal como explica su director Fortunato Peirotén, cada una de las residencias es regentada por un "monitor", persona que vive y duerme con ellos, actúa como acudiente en las escuelas, está atento a sus necesidades y las comunica a la oficina .
Aparte del grupo de monitores, explica Peirotén, hay un equipo técnico conformado por dos psicólogas y una trabajadora social que apoya en la orientación. Peirotén explica que desde que un niño ingresa, el patronato corre con todos los gastos y exigencias escolares, de alimentación, salud, ropa y calzado e incluso de transporte, para ir a la escuela y ver a sus familiares.
La filosofía de la institución es que cuando entra un niño el equipo técnico diseña una estrategia sobre cuánto tiempo deberá permanecer, estableciendo planes de acción con la familia para acelerar su salida, paralelo a los que se desarrollan con el niño en los talleres, la escuela y la capacitación laboral.
Esto se logra mediante visitas domiciliarias con personal técnico, labor de orientación y referencia a los padres, ayuda a través de otras instancias para mejorar las viviendas, capacitación laboral y alfabetización en los mismos talleres en que aprenden sus hijos, donde las madres se forman en corte y confección, peluquería y belleza y alfabetización.
En la medida que mejora la situación familiar, los jóvenes pasan a un programa en el que diariamente se les recoge en su casa en horas de la mañana y se les devuelve en la tarde, recibiendo las mismas atenciones materiales y de salud pero manteniendo su vínculo al seno familiar. En este programa hay 47 niños.
Existe un denominador común en todos ellos: la extrema pobreza. Hay otras circunstancias como enfermedad (algún tipo de incapacidad física o mental de la madre o el padre), abandono parcial de los padres, o limitaciones de salud. Por otro lado el 41% de los familiares responsables son analfabetos o no terminaron estudios primarios, el 75% de los responsables son mujeres solas, y el 81% de los hogares tienen ingresos inferiores a los 100 balboas mensuales; mientras el salario mínimo oficial en Panamá es superior a los B/. 200.
Sólo un 13% de los padres de niños que están internos tiene empleo fijo, el 30% se desempeña en trabajos eventuales y los desempleados alcanzan el 57%, siendo las principales actividades la agricultura de subsistencia en las provincias y el empleo doméstico.
Peirotén dice que la institución tiene un subsidio del Estado que se recibe a través del Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia que cubre aproximadamente un 25% del presupuesto de gasto. Otra parte se cubre con los programas de autogestión a través de las granjas avícolas, porcina y la ganadería y en menor escala la de reforestación, las hortalizas, los cultivos de frutas y los talleres que representan alrededor de un 35%. El restante 40% de los recursos necesarios se financian por medio de donaciones y sector privado que en los últimos tiempos ha sido más difícil obtener debido tal vez a la crisis económica que afecta al país.
La situación de Jinet es muy peculiar: según indica se trabaja por amor a la profesión. Cuando se sale a cubrir un combate, el periódico les tramita un seguro de vida por ese viaje y asignación periodística. Sin embargo en Colombia no se tiene un seguro de vida general: No hay garantías personales para nadie. La Corte Constitucional inclusive les ha negado a los periodistas el amparo. No cuentan con tarjeta profesional porque no se les considera como una profesión, sino un oficio: como si fueran pintores, artistas u otros oficios.
Explicó que tiene escolta particular, suministrada por la Policía Nacional. Viaja en un carro blindado en medio de policías. Pese a ello su teléfono es interceptado y se le vigila más de lo normal. Solamente logra zafarse de ellos cuando cubre noticias en zonas de combate. Luego del secuestro procura mantenerse en "el punto medio", es decir, ni aparecer rodeada de los paramilitares, ni con los funcionarios del gobierno, ni con los grupos guerrilleros. Y este detalle técnico ha sido su pasaporte para mantenerse con vida. Ese es el rol del periodista. Informar con el mayor grado de objetividad posible, sin asumir posiciones personales ante los conflictos. En Colombia, actuar de forma contraria, es firmar su orden de muerte, advierte.
Con gran valentía explicó que le incomoda que las amenazas que recibe provienen de los mismos organismos de inteligencia de Colombia.
Al ser interrogada sobre el significado del periodismo se mostró identificada con la definición ofrecida por Gabriel García Márquez: "el periodismo es el mejor oficio del mundo"; Para mí es la mejor profesión y el mejor medio para mejorar un país. Los medios de comunicación son la clave para el éxito o el fracaso de las soluciones que espera cada país. Sin embargo, los periodistas no estamos conscientes de esta situación, advirtió. Los medios de comunicación tienen la fuerza de subir o bajar a un presidente. Ese poder se emplea de forma incorrecta.
Sobre sus planes futuros, Jinet indicó que desde el día en que sufrió el atentado se hizo el firme propósito de vivir cada día con intensidad, como quien sabe con certeza que cada hora es un regalo y que la vida de un periodista de Colombia es totalmente distinta a la de muchos profesionales en otras regiones del mundo. Se vive al filo de la navaja. Se acabaron las proyecciones a largo plazo. No sé en qué momento se me acabe todo lo que tengo. Esta convicción me ha servido mucho. Es mejor ir creciendo día a día e ir alimentando proyectos que crezcan día a día, afirma con voz entrecortada.
La respuesta se dio sin vacilación, como quien se lo ha preguntado muchas veces y tiene una conclusión. Al respecto indica:" Soy una mujer que ama lo que hace, que tiene una causa, que es ir progresando día a día. Poder escribir y comunicar lo que ve. Me encanta llegar a esas comunidades que forman parte de la geografía nacional. Informarle a la sociedad que esas regiones existen en el territorio colombiano y en el mundo. Soy amante del teatro... pero no me queda tiempo para disfrutarlo
Explica con orgullo que es ganadora del Premio Internacional a la Libertad de Expresión en Canadá y el Premio Mundial al Coraje Periodístico en Nueva York en octubre de 2001. Las grandes cualidades del periodista van más allá de las frías definiciones del diccionario, indicó. Ética es respetar el dolor de las personas a quien entrevistamos. Etica es no buscar favores. Es no casarse con las fuentes. La circunstancia de trasladarse a una zona guerrillera cubriendo diálogos de paz por espacio de varios años, no debe significar que se convierta en amigo de los guerrilleros. Al ser interrogada sobre su " retiro temporal" del periodismo, ante la ola de amenazas que la acechan respondió con extrema audacia: "La hora de mi tregua aún no ha llegado". Los periodistas vamos a seguir informando la verdad.
Pese a todas las amenazas, no voy a salir de Colombia, confiesa con firmeza. Le han ofrecido toda clase de oportunidades para alejarla de la tormenta. Le ofrecieron 14 asilos políticos, becas, trabajo en otros países. Aún tengo mucho que hacer por mi país. No voy a salir de Colombia porque no le debo nada a nadie. El exilio no existe para mí. Prefiero morirme en Colombia, antes de llegar a otros países a mendigar compasión o buscar trabajo. Mi trabajo es en un país llamado Colombia y mi reto es informar al mundo sobre sus luchas. Esas son mis convicciones... aún a costa de mi vida.
La opinión generalizada de los periodistas colombianos respecto a la crisis es que no existe salida pronta posible. Han pasado acontecimientos que han rebasado la copa de la soportable, y sin embargo sabemos que lo peor está por venir. Nos da mucha tristeza lo que sucede en el país. Colombia tiene muchas cosas que dar. A veces no sabemos si apostarle al diálogo o la guerra total. Si es guerra total, creo que el país quedará muy mal. Va a llegar el momento en que todo va a colapsar.
Se lamentó de la frágil memoria histórica de la opinión pública colombiana. Es una sociedad civil totalmente pasiva que se mueve según los intereses que le convengan. En Colombia somos en gran medida culpables de lo que ha ocurrido. Hay una especie de amnesia colectiva. Han olvidado lo ocurrido recientemente. Prevalece la indiferencia. Han olvidado crímenes espantosos que estremecieron a la opinión pública nacional e internacional. Los crímenes de candidatos presidenciales, las masacres de 107 campesinos en una sola noche. En estos momentos estamos conmocionados por el asesinato del Gobernador de Antioquia... pero el domingo ya no se van a acordar. Esa es la gran falla de la sociedad civil colombiana.
Según explica, su misión profesional en Panamá con un grupo de periodistas es muy alta. Está convencida de la necesidad de compartir su experiencia y que a la vez se comprenda integralmente la crisis colombiana y cómo los periodistas se han ido formando y creciendo profesionalmente. Luego de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, Jinet recibió invitación para compartir sus experiencias con el equipo periodístico de CNN. Fue un honor aseguró. Los periodistas mostraron especial interés para capacitarse sobre cómo cubrir hechos terroristas.