Después de volar hace años entre las estrellas en cuatro misiones espaciales de la NASA, el ex astronauta norteamericano David Hilmers descendió ayer en Panamá como médico del Baylor International Pediatric AIDS Initiative(BIPAI) para firmar un importante convenio con el Ministerio de Salud.
Quienes lo vieron sencillo, discreto y gentil en el despacho del ministro José Terán , con el doctor Adán Ríos, embajador de Panamá para asuntos de salud, no podían concebir que ese médico de suaves maneras era el mismo astronauta que arriesgó la vida buscando en el azul del cosmo respuestas a muchas interrogantes científicas.
Porque en verdad el doctor Hilmers experimentó como astronauta episodios que no se borran fácilmente de su memoria. El formó parte de la misión Atlantis, que en 1985 antecedió al vuelo trágico del Challenger.
Estados Unidos y el mundo entero se conmocionaron ante las imágenes de la nave envuelta en llamas a poco de iniciar su ascenso. La inmolación de los tripulantes , entre ellos una atractiva maestra de escuela, levantó un debate que amenazó paralizar para siempre los vuelos espaciales.
La NASA hizo una severa autocrítica y aceptó que se había descuidado la seguridad de las naves y que había que trabajar a fondo para corregir tan dramáticos errores. Los vuelos espaciales tuvieron, a partir de entonces, un cambio cualitativo. Pero la nación no había aplacado sus estrujados nervios cuando en 1988 se anunció que se reanudaban los vuelos espaciales.
El doctor Hilmers comprendió que el mejor homenaje a los cosmonautas del Challenger consistía en volver a volar. Finalmente el suspenso se disipó cuando en 1988 la NASA lo escogió para formar parte de la tripulación de un vuelo que pudo concluir en llamas otra vez o cubrirse de gloria.
El presidente Ronald Reagan se reunió con ellos y sus familiares la víspera de lo que pudo ser el último vuelo y el fin de la NASA. Llevaban uniformes color naranja fabricados con un material especial que les habría permitido subsistir en el espacio si se hubieran visto forzados a saltar en paracaídas si fracasaba nuevamente el vuelo.
Cuando la nave entró en órbita, cuenta el doctor Hilmers que toda la tripulación formó un círculo en la nave y, cogidos de la mano, todos corearon los nombres de los héroes del Challenger.
La emotiva ceremonia fue parte de una profunda reflexión de los astronautas antes de emprender el decisivo vuelo. Al descender a tierra los recibió George Bush para decirles como presidente de Estados Unidos cuán trascendente había sido la misión. El doctor Hilmers volvió a volar en 1990 y 1992.
Combatiente en Vietnam y luego graduado como ingeniero electrónico durante su labor en la marina de guerra, David Hilmers decidió cumplir su viejo sueño de atender la salud de la gente en tierra. Estudió y se doctoró en Baylor Colllege of Medicine. Desde entonces ha desarrollado una brillante carrera. Forma parte ahora del BIDAI , un programa de salud creado para ayudar a las personas afligidas del planeta. En Africa tienen un programa de 300 millones de dólares.
Su contacto con Panamá se inició como resultado de la relación del doctor Adán Ríos con el doctor Mark Kline del BIPAI. Kline, especialista en Retro-virología, asistió a una conferencia de Ríos en Houston sobre investigaciones en el campo del SIDA.
Se eligió al doctor Hilmers para que viajara a Panamá. El convenio suscrito por el BIPAI y el Ministerio de Salud de Panamá es el inicio de un ambicioso programa de cooperación que permitirá a médicos panameños entrenarse en el Texas Children , y luego ir ampliándose para fortalecer un intercambio sobremanera beneficioso para nuestro país.
Un astronauta norteamericano descendió del cielo para aliviar los padecimientos de humildes panameños.