Con un horario que inicia a las 2:30 de la madrugada (para salir de su casa a las 3:00 y tener todo listo a las 5:00) debe correr toda clase de riesgos que van desde ser arrollado, hasta tener que sorteárselas con los antisociales.
Sin tener acceso a la seguridad social, ha sufrido ya cuatro accidentes de consideración, de ellos, el más reciente, se salvó de milagro; pero en el penúltimo, estuvo incapacitado por seis meses tras sufrir fractura de tibia y peroné, lo cual lo obligó a subsistir de sus ahorros y mediante cartas que envió a amigos que laboraban en la banca.
Para compensar lo poco que obtiene, ha tenido que ingeniárselas para salvar el sustento. Los fines de semana sale y camina largas distancias en diferentes puntos de San Miguelito, entre ellos: San Isidro, Santa Librada y Las Colinas; así como las áreas de Las Cumbres y Chilibre.
De vendedor de chicha pasa a buhonero y el resultado no es halagador. También hay pérdidas. Antes, con un poco de sacrificio, invertía en esa iniciativa unos 40 balboas y, el día domingo, recuperaba la inversión. Pero hoy está a la mitad de la inversión.
Cristóbal Esquivel es otro camarada que también comparte esas dificultades. A sus 68 años de edad, posee un pequeño negocio en Salsipuedes desde 1951, el cual ha subsistido a base de experiencia. Y esta experiencia se relaciona al ahorro y al positivismo con que ve la vida o los vaivenes del país.
"Yo dependo del número de personas que pasan por aquí; a estas alturas, únicamente he vendido cuatro balboas, de allí debo sacar una reserva para mi pasaje y la cena, el resto va para comprar mercancía", resume él.
Con cuatro hijos (tres mujeres y un varón), logra la seguridad social gracias a que es beneficiario. Aunque confiesa que sufrió derrame en noviembre de 1998, son pocas las veces que utiliza el seguro social.
"Recuerdo que yo llegué a comprarle a reconocidas cadenas de alimentos hasta 15 mil balboas al año, porque la venta en la construcción era buena y no había tanta modernización y también existían más obreros", comenta el comerciante.
Pero esta inusual saturación se relaciona también al comportamiento que ha tenido la economía en los últimos 15 años. Chávez y Márquez son del pensamiento que la globalización ha tenido mucho que ver.
Cuando inicia 1990, por ejemplo, nuestro país empieza a incorporarse al proceso democrático. Más adelante se reduce el ritmo de crecimiento económico, a pesar de la aplicación de las reformas fiscales y laborales.
Hacia finales de 1997, el empleo se elevaba en 1.9% y el trabajo a cuenta propia hace lo propio en un 11.5%, demostrando que los empleos informales se robustecían más que en los sectores modernos de la economía.
Una buena razón es que no se han producido las suficientes plazas de trabajo que todos esperaban (con el cierre de las bases militares) y se ha tenido que caer en un sector de subsistencia, donde, al parecer, nada está regulado.
Así vemos que, aproximadamente, unos 50 mil trabajadores estatales, desde la aplicación de las medidas macroeconómicas, suman más del 24% en mano de obra informal, según informes de la OIT (Organización Internacional del Trabajo).
La economía informal está fuera de los patrones que rigen el sector formal de la economía. Realiza poco aporte al fisco.
Conlleva al uso irregular y arbitrario del espacio público, trayendo efectos nocivos para el desarrollo de otras actividades comerciales.