El término necesidad los indígenas lo conocen muy bien. Los ha acompañado históricamente llevando de la mano: el analfabetismo, la desnutrición, las enfermedades... el diario vivir.
Los emberá - wounaán de la provincia de Darién han aprendido a hacer llevadera esa carga. Hombre y mujer luchan en conjunto "para sacar adelante a la familia", nos dice Elita Acochita, madre de cinco niños y residente en la comunidad de Arimae.
Y es que hasta el agua es una bendición por aquellos lares. Las corrientes contaminadas de un río que atraviesa el pueblo se han convertido en aliadas indispensables.
"El vital líquido" es una combinación de lo que algún día fue puro con restos de lodo, que le imprimen el tono chocolate, espuma y esencia de jabones de baño pululando en la superficie, desperdicios y todo lo que esté al alcance.
En Arimae, alguna vez tuvieron la dicha de recibir agua potable. De eso hacen ya ocho meses. Desde entonces han vuelto a aquellas prácticas alejadas de las mínimas medidas sanitarias.
Arilio Moña, presidente del Comité de Agua, explicó que el año pasado se dañaron unas 40 tuberías que abastecían no sólo esta región, sino también Pueblo Nuevo y La Lomita.
Las peticiones no se hicieron esperar. Se remitió nota al Ministerio de Salud pero la respuesta aún no llega.
"Nos dijeron que en 20 días nos respondían y parece que aún no se hubieran cumplido"... sostiene en tono irónico.
La carencia ha puesto a prueba el ingenio, la creatividad y lo que aprendieron de las charlas del Ministerio de Salud (MINSA). "El agua que nos llega está contaminada pero para tomárnosla la cloramos", asegura Arilio, aunque añade: "usamos también agua de lluvia porque no hay de otra".
No obstante, no son todos los que se ciñen a las normas. Hay quienes obvian el uso de las gotas de cloro y la ingieren tal cual. Las consecuencias ya se están dejando sentir en los niños. "Tenemos muchos niños con dolores de barriga y diarrea", menciona.
Por su parte, Atilio Canserí, vicepresidente del comité, atribuye la falta de agua a "una situación particular que se vienen dando en Darién hace mucho".
La venta sin control alguno de tierras que pertenecen a bosques vírgenes está acabando con la naturaleza y, por ende, con los recursos hídricos.
Canserí subraya que los terrenos cedidos ya han sido talados y han dejado sin agua al sector. "Ahora no hay agua para Zapallal, Pueblo Nuevo, Arimae y otros poblados".
El agua es sólo un detalle, si de problemas se trata. Los niños de Arimae y las áreas vecinas apenas tienen cómo estudiar.
222 La falta de agua potable es una de las grandes necesidades de la región , por lo que los moradores tienen que ver qué hacen.
El docente Edilio Membache, emberá de 25 años y siete de servicio, es uno de los seis maestros de la escuela del pueblo. El atiende 23 estudiantes de quinto y sexto grado del turno diurno. Es maestro multigrado y "no es nada fácil", indica.
En sus primeros años, luego de graduarse, dictó clases en la comunidad fronteriza de Manené, a pocas horas de Colombia. Se trata de un poblado a unas seis horas de La Palma, cabecera de la provincia. La travesía exige viajar primero por mar y luego por el río Balsa, de acuerdo a la marea.
"Es muy diferente a los unigrados porque mientras se pone a trabajar a un grupo se empieza con el otro. Siempre se debe mantener ocupado a uno de los dos"... explica.
Es joven y como tal reconoce que ha sido una tarea muy difícil. Ahora, luego de tanto tiempo, el asunto "es más sencillo", pero no deja de ser "muy comprometido". "Yo dedico todo el tiempo posible a los niños". Tan es así que aún no piensa en casarse. "Tengo 23 hijos que cuidar" y ríe.
La educación en estas áreas inaccesibles es un privilegio de pocos. Terminada la primaria inicia el dilema de los padres de si la decisión correcta será enviarlos a la secundaria.
Sin solvencia económica y con apenas lo necesario para vivir, en ocasiones no hay opción. Los muchachos se educan "hasta donde se puede", manifiesta Membache.
En los emberá - wounaán la realidad es muy similar a la de los ngöbe buglé, tal como pudo observar El Panamá América durante un reciente recorrido por la comarca en Veraguas.
Los niños parten de sus casas los fines de semana e inician solos una nueva vida. Miles de sacrificios con el único propósito de ser alguien.
En aquella ocasión el equipo periodístico conversó con jóvenes de 11, 12 y 13 años, que un viernes, retornaban a su hogar después de una semana de labores. El domingo estarían de regreso en "su casa temporal" caminando hasta ocho y nueve horas.
En Darién otro factor incide en la continuación de los estudios. Las escuelas cercanas, concluida la primaria, se ubican a más de dos horas de camino en el mejor de los casos.
Nada imposible si se dispone de un buen vehículo que confronte las adversidades de la carretera o tal vez, como sucede en la ciudad, un colegial o un carro particular. Mucho pedir para esta provincia.
Son los propios niños los que a veces optan por no seguir o por el contrario los padres no soportan que los hijos sigan asistiendo a clases con hambre, mal alimentados. Las labores agrícolas del padre son en determinado momento una salida más rápida y de ingresos económicos a corto plazo.
Los que eligen hacer la batalla, continúa Membache, deberán soportar por añadidura la carencia de textos.
Aunque el maestro precisó que por fortuna, en estos momentos cuentan con las donaciones del Programa Pro Niños de Darién y del Ministerio de Educación, de lo contrario el sentido altruista del docente sale a relucir.
"Con nuestras quincenas compramos material didáctico porque eso sí no nos lo da el Ministerio de Educación (MEDUC)", aclara.
La estructura de la escuela de Arimae está en sus peores condiciones. Goteras y paredes rajadas son la nota característica y los cuatro salones se quedaron pequeños para el número de estudiantes, describió Membache mientras los mostraba. "Ya se lo comunicamos al MEDUC para que tome las medidas".
Los indígenas de estas regiones son hombres decididos que caminan a la par de mujeres emprendedoras. Viven con lo que les provee su medio ambiente, pero reciben bien las innovadoras iniciativas que les benefician, a ellas y sus familias.
Precisamente durante nuestra visita las emberás de Arimae recibían un curso de costura impartido por profesionales del Fondo de Inversión Social (FIS).
Estaban aprendiendo a hacer parumas con máquinas de coser (vestido tradicional de la india emberá - wounaán), pantalones para los hombres y camisas.
En tanto, personal del Ministerio de la Juventud, la Niñez, la Mujer y la Familia, las adiestraba sobre la construcción de estufas.
Otros poblados indígenas, como Pueblo Nuevo, han formado parte de la iniciativa. En esa ocasión fueron unas 22 las participantes, esta vez 21, según dio a conocer la instructora Felicia Gudiño.
"Son gente con muchas ganas de aprender pero necesitan ayuda". Material y herramientas para seguir las clases, a eso se refiere.
Y mientras llegue algún día esa ayuda, Abilda, Casiana y otras mujeres del pueblo seguirán hilando felices las agujas de las máquinas para terminar los uniformes de la escuela o las camisas para los esposos, antes que caiga la noche.