“Un niño, niña, o un adolescente maltratado sexualmente tienen desgarrados y lesionados sus cuerpos y su almas toda una vida. Suelen manifestar intentos de suicidio, depresión y ansiedad.
El apoyo puede ser eficiente -aunque difícilmente curativo- cuando intervienen otros maltratados y un psicoterapeuta. Vivir en grupo en residencias especializadas puede ser útil.
Si la criatura padece de una depresión mayor, fobia o trastorno de pánico debido al hecho del maltrato sexual, la ingesta de medicamentos es adecuada.
Sobre el maltratador sexual, provienen de familias desestructuradas, en las que ha vivido una infancia con carencias afectivas paternas, expuestos a la violencia y a maltratos físicos, psíquicos y/o sexuales, y en las que afloran sentimientos de inseguridad, temor, odio y resentimientos.
Saben distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, actúan sin sentir remordimientos ni sentimientos de culpa.
Estas personas no son rehabilitables, y mientras no se le pongan límites seguirán actuando de la misma manera; el único remedio es "aislarlos", pero no en un depósito infrahumano como nuestras cárceles, pues empeora su conducta delictiva sexual.