Al respecto, Ricardo Arias Calderón, ex vicepresidente y ex ministro de Gobierno y Justicia, está convencido de que el dilema más serio en el desarrollo institucional de la Policía es que, precisamente, no se ha fortalecido la dependencia de ésta con respecto al Ministerio de Gobierno y Justicia.
"Están permitiendo que se reorganice la unidad de mando de los uniformados", aunque en otro plano, porque ahora son policías y no militares, resalta.
Durante entrevista con El Panamá América, informó que cuando él creó la Policía en 1990, instituyó dos cargos: el de director institucional de Seguridad Pública, que tenía bajo su responsabilidad la política de personal de la Policía. No se podían hacer promociones, traslados, jubilaciones sólo por recomendación de los oficiales, sino que tenían que pasar por el visto bueno del director institucional. Ese cargo lo ocupó Ebrahim Asvat. Posteriormente Asvat pasó a ser director de la Policía Nacional, con un salario de 3 mil 500 balboas.
El otro cargo que instituyó fue el de director de Finanzas de Seguridad Pública, que recayó en Raúl Arias de Para. No se podía elaborar el presupuesto, ni hacer gastos, licitaciones o compras por cuenta propia. Todos esos trámites debían tener el aval del director de Finanzas del ministerio.
En este punto, el ex director policial Ebrahim Asvat, destacó que con el cambio de gobierno de 1990, toda la responsabilidad de compras residía en el Ministerio de Gobierno y Justicia y no en la Policía Nacional, lo que era un mecanismo de control y supervisión de todos los estamentos de seguridad, como el Servicio Aéreo Nacional, el Servicio Marítimo y la Policía Nacional.
Es por eso que el presupuesto de la Policía está contenido en el del Ministerio de Gobierno y Justicia, sin embargo, hoy éste es manejado a discreción por el director de la Policía Nacional. Más aún, pueden registrarse situaciones y compras dentro de la Policía, que son del total desconocimiento del ministerio citado.
So pretexto de desburocratizar el trámite, se creó una dependencia que realiza todo el proceso dentro del área administrativa de la Policía, según Asvat.
"Yo supervisaba al director de la Policía Nacional diariamente", sostiene por su parte Arias Calderón. Cuando cambió el ministro, comenzó la Policía a no estar bajo la supervisión directa del ministro de Gobierno y Justicia. En su lugar, el director policial estableció una relación directa con el presidente que "cortocircuitaba" la supervisión del ministro, alega.
Pero un presidente de la república no puede prestarle una atención continuada y detallada a esa entidad de seguridad porque éste tiene muchas obligaciones. En consecuencia, eso le da al jefe de la Policía un margen de autonomía que hace que él se convierta en un poder por cuenta propia. Esa es una dificultad del modelo actual, sustenta Arias Calderón.
Considera que a partir del mandato de Ernesto Pérez Balladares, el jefe de la Policía se convierte en una especie de superior de los otros servicios (aéreo y marítimo nacional).
"Eso no es bueno, porque la idea era tener servicios separados, cada uno con su oficialidad, con su presupuesto, y dependiente directo del Ministerio de Gobierno y Justicia", recalca Arias Calderón.
Parte del modelo puesto en práctica en 1990, consistía en que todos fueran servicios de policías civiles, pero separados, y que ni siquiera estuvieran bajo el mismo ministerio. Además, que la dependencia que cuidaba de la Presidencia, estuviera bajo la administración de la Presidencia.
De esta forma no habría ningún pretexto para que el presidente fuera "prisionero" de un jefe de Policía ni de un ministro de Gobierno y Justicia.
La idea era que el presidente pudiera dar órdenes verbales para que no dependiera totalmente del ministro de Gobierno y que éste no se convirtiera en un "jefecillo" militar vestido de civil.
Por eso se restableció la pluralidad de servicios de policía para que ninguno tuviera el control sobre todos. Asimismo, la pluralidad entre los servicios de Policía, Aduanas, Aeronáutica Civil, PTJ, Migración para que éstos estuvieran fuera del control militar.
La falta de supervisión efectiva del ministro de Gobierno y Justicia de los tres servicios que están ubicados bajo ese ministerio. Estos han adquirido autonomía relativa.
Que se vaya rehaciendo una unidad de mando de todos los servicios de Policía bajo un director de hecho, no de derecho, que se convierte "en el primero entre sus padres" y que, además, por nexos familiares, vaya extendiendo su influencia a áreas que antes controlaban las Fuerzas de Defensa y que ahora son civiles.
Está convencido de que la suerte de los servicios de policías y, por lo tanto, de la seguridad civil, dependen de la eficacia de la Academia de Policía. No sabe si ahora se le está dando toda la importancia debida a la Academia. "Me sorprendería que se le esté dando", confiesa.
Según Arias Calderón, el director de la Policía Nacional debe ser un profesional del Derecho, pues tiene que ver con la ley y el respeto a los derechos humanos.
Administrativa y presupuestariamente, la Policía Nacional depende del Ministerio de Gobierno y Justicia, "pero más que nada depende de la Presidencia de la República", asegura el ex presidente Guillermo Endara.
Eso quedó claro luego que en el gobierno de Pérez Balladares se trató de hacer un proyecto de ley de la Policía donde el director quedaba totalmente supeditado a ese ministerio.
"Yo me opuse rotundamente a que el presidente quedara excluido de la fórmula, porque es el presidente realmente quien controla al Organo Ejecutivo e incluso quien nombra al ministro, y nosotros los arnulfistas tuvimos la mala experiencia de que ya un ministro de Gobierno le había dado un golpe al doctor Arnulfo Arias". Informa que él tenía la batuta principal en la dirección de la Policía cuando era presidente. Acepta que desde su gobierno se estableció esa tendencia.
Cuando Pérez Balladares trató de que todo lo que hiciera la Policía debía pasar por el Ministerio de Gobierno y Justicia, según un proyecto de ley presentado por el entonces premier Raúl Montenegro, Endara objetó el proyecto porque el presidente "quedaba totalmente fuera de la película" y se convertía en un funcionario más del ministerio. Para él, el presidente no puede ser un "invitado de piedra" en los asuntos de la Fuerza Pública.
Endara presidió la comisión que creó la ley de la Fuerza Pública en aquel momento. Destacó que la Policía Nacional, según su propia ley, no es autoridad, sino un agente de la autoridad.
Defiende fervientemente al actual director Carlos Barés, a quien calificó como "muy eficiente, trabajador y sumamente leal, y eso es fundamental".
"Para escoger un buen director de Policía o del SPI, hay que escoger a una persona que sepa mandar, administrar y que sea leal, que haya un elemento de lealtad, de modo que el presidente sienta que puede dormir tranquilo por la noche y no le van a estar haciendo nada que pueda afectarlo".
Esas dos características las tiene Barés, plenamente, manifiesta Endara.
Barés fundó el Servicio de Protección Institucional (SPI) de cero, porque nunca había existido una policía presidencial, precisamente porque una de las causas del golpe de Estado de 1968, fue que Arnulfo Arias pretendía conformar una policía presidencial adepta al presidente, fuera de la Policía.
Por tanto, Barés creó el SPI enfrentándose a la tradición de que no debía existir esa institución, aduce Endara. Por eso y por la confianza que la presidenta le tiene, se le nombró director de la Policía.
Como contraparte, Endara dio a conocer que cuando se discutió el anteproyecto de ley de la Policía, el general Rubén Darío Paredes, miembro de la comisión, argumentó que ese anteproyecto le daba poderes absolutos al director de la Policía y, por tanto, no estaba de acuerdo con él.
"Barés puede que sea un hombre fuerte, porque tiene muchos hombres bajo su mando" (unos 15 mil), sostiene el ex presidente, pero no es un poder propio, sino derivado del órgano Ejecutivo. En consecuencia, "Barés tiene tanto poder, como la presidenta Moscoso esté dispuesta a concederle".
Si efectivamente, Barés controla las entradas al país, teniendo familiares en los puntos importantes, eso está mal. Pero Endara no cree que sea así, aunque no dudó que si la esposa necesita un policía en Migración, Ilka de Barés no dudará en llamar al jefe de la Policía.