CUANDO el reloj marca las 7: 00 a.m. ya hay una incansable mujer recorriendo la concurrida calle 50.
Se trata de María Bazán una peruana de 52 años, 14 de éstos dedicados a la venta de artículos.
Ella es apreciada por su don de gente y por su desprendimiento.
La necesidad de buscar el sustento honradamente la llevaron a vender tarjetas prepagadas desde temprano hasta pasadas las 5: 00 de la tarde, todos los días.
María, bajo el inclemente sol o una torrencial aguarcero, se instala en la vía Brasil y cruce de calle 50 a atender a sus clientes que ha sabido conservar a través de los años.
Precisamente eso es lo que ha significado el éxito para ella. "Dedicarle un poquito de atención a quienes se me acercan para comprarme una tarjeta", tal como cuentan.
Panamá América la abordó recientemente y pudo comprobar que es muy religiosa, además, se siente orgullosa de estar trabajando en algo que le gusta y que la llena de satisfacción.
A ella le complace trabajar honestamente, aunque sea todo el día, "porque el trabajo dignifica".
A su juicio, no hay nada peor que "estar por ahí sin hacer nada cuando hay tanto en lo que se pueda trabajar".
Es así como María se ha ganado el cariño y aprecio de quienes la conocen porque es una mujer desinteresada, que siempre está preocupada por la gente, en medio de tantas limitantes.
Esta emprendedora mujer nació el 15 de mayo de 1954 en Lima, Perú, pero dice sentirse panameña, porque a través de los años ha sentido que esta tierra le ha dado amor.
"No he vendido a Panamá a quitarle el trabajo a nadie. Todos somos humildes, lo que yo hago es salir a ganarme la vida honradamente. Respeto y no menosprecio a nadie porque para mí, todos somos iguales", confiesa.
Lo que más le gusta es que la gente siempre le ha dado cariño, pues la estiman y aprecian mucho. Le han dicho que es una mujer muy respetuosa, trabajadora, que no le hace mal a nadie.
Ella atribuye esa situación al respeto que tiene hacia las personas, la amabilidad y la sencillez, que nunca se deben olvidar, aunque económicamente las cosas no marchen bien.
Los compañeros de faena de María siempre la apoyan, tal como contó mientras trataba de no perder uno solo de sus clientes.
"Me siento muy orgullosa, porque no tengo problemas con nadie. La gente es buena, uno solo tiene que tratarla bien y respetarla, saludarla. La cortesía debe ser el parámetro de las personas", sostuvo.
Ella empezó vendiendo pan, luego toallitas y posteriormente pastillas, pero curiosamente durante tanto años ha logrado hacerse de una clientela importante que la busca en todo momento.
Tiene una hija estudiando en la Universidad, quien está próxima a graduarse de arquitectura.
Los valores que le enseña María son la honradez, el respeto a los demás y la sencillez, ya que las mejores personas son quienes siguen la luz del bien.
Durante los 12 años que ha estado en las calles, en medio de los vehículos ha aprendido que nada debe detenerla, ni siquiera la lluvia. Cuando cae uno de esos fuertes aguaceros, ella simplemente abre sus paraguas y sigue adelante.
Para María Bazán lo más importante es tener salud, y fuerzas, después de eso, lo que resta es ganarse el sustento diario sin hacer algo ilegal y sin causarle perjuicio a los demás.
Hace unos años, María vendía pan en el mismo sitio y figuras de la política nacional como el ex presidente Guillermo Endara, le compraban.
Asimismo, Guillermo Ford y el ex mandatario Ernesto Pérez Balladares, no dejan de saludarla, lo que la llena de orgullo.
Una vendedora como pocas
Asegura que es Dios quien le da fuerzas para seguir adelante en su labor diaria.