La enfermera Lidia Atencio y el ebanista Luis Contreras, antes del 23 de octubre de 2006 no se conocían. Nada los unía, hasta que el destino los hizo abordar el fatídico autobús 8B-06 de la ruta Mano de Piedra, en el cual murieron 18 personas calcinadas. Hoy comparten las quemaduras que dejó en sus cuerpos el incendio y las peripecias por lograr que se haga justicia.
Luis y Lidia se han convertido en buenos amigos, desde que la tragedia los sacudió hace seis meses. Luis, con más ímpetu, dice sentirse recuperado físicamente, aunque su alma está triste. Esto no lo ha detenido para tomarse un momento y ayudar a Lidia.
Hasta ha tenido que regañarla, en muchas ocasiones, porque se deja vencer por la tristeza. Contó que tuvo que recordarle que ambos tienen hijos por quienes vivir.
Luis dice que las secuelas que le quedaron en su cuerpo son quemaduras "feas" y está "lleno de cicatrices". Lidia, por su parte, tiene que utilizar una máscara para ayudar a curar las quemaduras que hay en su rostro.
El ebanista, un joven hombre de contextura fuerte, asegura que, a pesar del intenso dolor del tratamiento y la rehabilitación que recibe tres veces a la semana, no claudicará en su afán de obtener justicia para él y los demás afectados por el incendio de este bus.