Algo anda mal. Trescientos menores han quedado huérfanos a causa del SIDA.
Panamá se encuentra en un estado prepandémico, donde los niveles de prevalencia de 1.5 por ciento de una población fértil (entre 15 y 45 años) "nos dice que hay que tomar cartas en el asunto y se debe trabajar de manera integral". Así lo dejó ver el guatemalteco Fernando Carrero, representante de UNICEF en Panamá.
Informó que "estamos sobre una línea amarilla de alarma", de ahí que UNICEF pretende iniciar una campaña de prevención dirigida hacia los sectores más jóvenes "porque la enfermedad se está reproduciendo de generación en generación".
Siendo optimista en las metas trazadas, piensa que una efectiva divulgación podría disminuir a cero el riesgo de trasmisión del virus de madre a hijo.
El representante de UNICEF en Panamá, recordó que la prueba gratuita en las mujeres embarazas es parte de la voluntad política que tienen las autoridades locales, "y eso ya es un punto a favor".
Por ahora, el Consejo Nacional del SIDA tiene proyectado crear un Instituto que, a criterio de Carrero, debería estar adscrito a la Presidencia de la República.
El consultado mencionó que si Panamá pasa de una epidemia a una pandemia, los daños serían infinitamente mayores muy semejante al caso de Botswana, en Africa, y podría generar un costo de unos 7 millones de dólares.
Las consecuencias de la epidemia del SIDA van más allá. Explica que una población enferma disminuye su fuerza laboral, destruye el tejido familiar y social, es una cadena circunstancial que podría dejar otros niños al cuidado de instituciones benéficas.
Las cifras reflejan que la población colonense y las comunidades indígenas, sobre todo la de Kuna Yala presentan alta incidencia de la enfermedad.