El 14 de enero de 2010 el presidente Ricardo Martinelli se comunicó con la ex embajadora de Estados Unidos en Panamá, Barbara Stephenson, en busca de ayuda para corroborar una información explosiva: un supuesto plan del gobierno de Venezuela para asesinarlo.
En la conversación, el mandatario reveló que el ex secretario de Estado adjunto de Estados Unidos, Roger Noriega, dijo al entonces embajador de Panamá en Washington, Jaime Alemán, que “el gobierno venezolano estaba planeando asesinarlo”. La supuesta operación estaría dirigida por el jefe de inteligencia de Venezuela, Hugo Carvajal.
Stephenson reportó en un cable fechado a principios de 2010 y entregado a Panamá Américapor Wikileaks, que asignó a su equipo de inteligencia y seguridad para “chequear” la información. Sin embargo, indicó que “no se encontró ninguna evidencia de la trama”, pero que el entonces secretario del Consejo de Seguridad de Panamá, Olmedo Alfaro, proporcionó información sobre un presunto sospechoso identificado como Pedro Ruiz Martín Olivares.
La ex embajadora informó que se compartió la información, y la sede diplomática entregó una foto del supuesto sospechoso a las autoridades panameñas para que pudieran negarle la entrada al país o ponerlo en supervisión.
Detalló la diplomática que ese mismo día en la noche, le informó a Martinelli que el “chequeo” de los datos de Olivares había arrojado que este último era “un mal actor”.
Ante esta situación, la DEA (agencia antidrogas de Estados Unidos) ofreció su asistencia a Alfaro, así como también la utilización del programa de escucha judicial “Matador”, pero el funcionario respondió que tenía la investigación “bajo control” y que no necesitaba asistencia.“
¿Posible secuestro?
“Defectos graves de seguridad” quedaron evidenciados de acuerdo a la Embajada de Estados Unidos en Panamá, cuando hubo un presunto intento de secuestro contra el presidente Ricardo Martinelli en enero de 2010.
En los cables filtrados por Wikileaks se revela la fuerte discrepancia entre la sede diplomática de la potencia del norte y Alfaro -ex secretario del Consejo de Seguridad-, durante el proceso de investigación del presunto intento de secuestro del presidente.
En el cable enviado a Washington tras el episodio, la ex embajadora Barbara Stephenson informó: “La Embajada cree que la supuesta trama fue un engaño, pero que el episodio sí expuso vulnerabilidades en el Servicio de Protección Institucional del Gobierno de Panamá”.
De acuerdo al cable, Stephenson consideró que esto permitió una apertura a Alfaro para reanudar conversaciones con la firma de asesoría en seguridad israelí Global CST y así sacar a los Estados Unidos de los asuntos de seguridad.
“El vicepresidente Varela le dijo a la embajadora que Alfaro se había quejado con Martinelli porque la Embajada no le había dado ninguna ayuda en las investigaciones del secuestro. Alfaro creía que esto demostraba que Estados Unidos no era un socio de seguridad confiable”, informó Stephenson. “Como resultado, dijo Varela, Alfaro se había movido para traer a la firma Global CST”, agregó la ex embajadora.
En el cable se menciona que el 17 de enero de 2010, Alfaro notificó a Estados Unidos de la detención de tres sospechosos: Isaac Polanco, ciudadano de Puerto Rico residente en Panamá; Javier Kennion Guzmán, miembro del Servicio de Protección Institucional asignado a la seguridad de Martinelli y Benjamín Guzmán, hermano de este último y dedicado a la buhonería.
Alfaro, según indica el cable, dijo a la Embajada que creía que Polanco “podría haber sido una fuente de la DEA” -lo que negó Estados Unidos- y que este quería secuestrar a Martinelli y venderlo a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que pedirían luego un rescate millonario.
Luego de un extensivo interrogatorio a los sospechosos, el mismo Alfaro informó que creía que la trama “era un engaño”.
Stephenson mencionó en el cable que Martinelli mostraba una “preocupación obsesiva con ser el objetivo de un secuestro” y que Alfaro alimentaba su “paranoia”.
Panamá América intentó obtener la versión de Alfaro, pero respondió que prefería no opinar.