Una completa calma se notaba en la avenida Central o peatonal. El poco ruido que se escuchaba provenía de locales comerciales, de los pasos de peatones, el sonar de las carretillas de vendedores ambulantes y de las bocinas de uno que otro automóvil.
El grito de "minuto a cuara, minuto a cuara" se entonaba, a lo largo de la Peatonal, donde vendedores de minutos de móviles tratan de ganarle clientes a su competencia.
Los peatones, acostumbrados a los ruidos de la avenida, dicen que ya no es la misma porque muchos locales comerciales han cerrado sus puertas y algunos buhoneros se han ido a vender a otra parte.
La presencia del sonido en nuestro entorno es tan común en nuestra vida diaria que raramente evaluamos todos sus efectos.
José Reyes, asiduo visitante, señaló que los ruidos han disminuido porque muchos buhoneros se han ido a otras partes y cerrado varios comercios.
Los locales comerciales tratan de captar a los clientes a ritmo de merengue, salsa, reggae, típíco, vallenato y bachata, pero sin las acostumbradas bocinas de antaño.
Para Ana Pineda, la peatonal ha perdido su encanto. El poco ruido proviene de algunos vendedores ambulantes, y no como en épocas anteriores cuando desde los almacenes anunciaban ofertas y ubicaban grandes bocinas fuera de éstos.
A lo largo hay vendedores de chichas, frutas, hot dog, quienes esperan pacientes a que la clientela llegue a sus puestos.
El "tic tac" característico de unos relojes se escuchaba desde un puesto de buhonería. Su dueño dice que los pone a sonar para poder venderlos más rápido y no tener que estar voceando cada momento.