En tanto la ciencia no determine la identidad de los restos hallados el miércoles, las pistas conducentes a creer que pertenecen a Héctor Gallego, constituyen ladrillos en un muro de especulación. Pero si se confirma la identidad, el testimonio que la despertó, cobrará dimensiones colosales.
El antiguo Cuartel de los Pumas de Tocúmen, área sometida al férreo control de la dictadura militar, pareciera estrechar mayores nexos con las versiones que lo mencionaban como el sitio donde fue llevado el sacerdote, ya sea para hacerle emprender un vuelo sin retorno, o para enterrarlo.
Ahora, 28 años después de la desaparición forzada del presbítero, irrumpe en la escena un testigo clave. No menos de dos ojos escondidos, vieron posiblemente una noche de junio de 1971, a tres personas enterrar a una cuarta en el antiguo Cuartel de Los Pumas.
"Pudieron haber sido tres personas" las que participaron en el entierro de un cuerpo que se presume sería el de Gallego, confió a