Nación

Vidas movidas por sueños y proyectos


Carmela Miranda, la madre de Rosivet, relata que desde el nacimiento de la menor se observaba el deterioro de su piel y sus lesiones se agravan cada día.

Las condiciones de extrema pobreza donde crece esta niña no le permite a sus padres contar con recursos económicos para comprar los medicamentos que alcanzan hasta unos 70 dólares al mes, solo para prevenir posibles daños futuros, entre ellos el cáncer de piel.

Natalia Bonilla Ábrego de 14 años, creció bajo el amparo de Nutre Hogar y ahora está en la Medalla Milagrosa, hogar administrado por las hermanas de la caridad de la Iglesia católica, en la ciudad de David. Natalia, procedente de Kankintú, enfrenta los retos más duros de su vida, que es crecer con una realidad, por la que cada persona le pregunta qué le pasó en su piel.

 

Está cansada de ponerse los medicamentos, pero alberga el sueño de ser una profesional.

Medias azules y su falda de estudiante de secundaria evitan que se lastime, mientras su cara y cuello llevan la marca del Kindler, manchas que no desaparecen y envejecen su piel.

Este trago amargo lo superó Virgilio Quiel Carpintero, de 20 años, joven sobresaliente que estudia Ingeniería Mecánica Industrial en la Universidad Tecnológica; las manchas, arrugas el hambre y la pobreza no le han robado sus aspiraciones. Es el único en su familia que tiene esta enfermedad.

 

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567374
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América