Aunque Panamá ha ratificado acuerdos y convenios internacionales en la lucha para la erradicación del trabajo infantil doméstico, éstos no armonizan con la legislación existente porque el país carece de un Código de Niñez y Adolescencia que concentre en un solo cuerpo de ley esta materia, revela un informe de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT).
El documento, que recoge la situación del trabajo infantil doméstico en América Central y República Dominicana, fue preparado por el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) de la OIT.
De acuerdo con este documento, como Panamá aún no tiene un Código de Niñez y Adolescencia que reglamente exclusivamente esta materia, sino que se sustenta en lo que establecen los códigos de Trabajo y de la Familia, éstos "se contraponen en ocasiones al no contener claramente un enfoque pleno de derechos de la niñez y la adolescencia".
Estas contraposiciones, el desconocimiento de la norma y la falta de eficacia en su aplicación, facilitan que se violente la legislación nacional al no cumplir los empleadores, las disposiciones concernientes a las jornadas de trabajo reducidas y a la garantía del acceso a la educación y la salud a los trabajadores infantiles domésticos.
Además, la impunidad en la omisión y comisión de violaciones en perjuicio de los menores, unida a la falta de mecanismos administrativos que fortalezcan la intervención efectiva de las instituciones vigentes, propicia que aumente la ocurrencia de estos hechos violatorios.
Sobre la realidad del trabajo infantil en Panamá, la OIT basó sus conclusiones en un estudio realizado en el 2002, que tomó como muestra a 250 trabajadores infantiles domésticos de los cuales el 24 por ciento eran hombres y el 76 por ciento mujeres, procedentes de las provincias centrales (Veraguas, Coclé, Herrera y Los Santos), de áreas marginales de la provincia de Panamá como Pacora, Chilibre, Alcalde Díaz, Arraiján, Veracruz y de corregimientos con altos índices de criminalidad como El Chorrillo y Santa Ana.
Las entrevistas revelaron que las trabajadoras infantiles domésticas se inician por lo general entre los 10- 12 años; un 81 por ciento no asiste a la escuela; 32 por ciento de las que asisten abandona los estudios por falta de recursos o porque los patrones no les permiten estudiar; el 70 por ciento trabaja para ayudarse en sus estudios; el 65 por ciento para ayudar a su familia y el 12 por ciento para tener comida, mientras que el 58 por ciento no tiene acceso a controles de salud.
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Sin embargo, la Ciudad de Panamá refleja deficiencias históricas con respecto a los hábitos relacionados con la recolección de la basura: desde quienes la arrojan de forma sistemática a los ríos y quebradas hasta familias que las queman en sus propias casas. No se logra que se respeten los horarios de depositar la basura y lo más sorprendente es el concepto urbanístico con el que trabajan las firmas constructoras que colocan el cesto para el depósito de la basura en la parte más visible de la casa. Se trata de una especie de canastas que parecieran que la basura es su mejor adorno; pese a la cantidad de cestos y tinacos de basura colocados en toda la ciudad, en algunas zonas es notorio el desaseo y la acumulación de desperdicios en zanjas y cunetas.
Respecto al uniforme de los recolectores de la basura, Sáenz advirtió que se le entregan gratuitamente a cada trabajador: un par de guantes a la semana, un par de botas cada seis meses, una pala y un rastrillo, un overol, suéter, gorras; sin embargo, Saénz explicó que cuando se les pregunta a los funcionarios por sus guantes, éstos explican que les resulta muy incómodo para trabajar y las manos les sudan demasiado. Al respecto el directivo explicó que tendrán que tomarse medidas disciplinarias para lograr su estricto cumplimiento.
Al interrogar a varios funcionarios recolectores de basura, sobre su uniforme de trabajo, indicaron que por el tipo de material del cual está hecho, (lona muy gruesa) les resulta muy caluroso y en ocasiones prefieren no usarlo.
Con relación a los desechos peligrosos provenientes de los hospitales, Sáenz explicó que estos no son responsabilidad de la Dirección Municipal de Aseo; sin embargo colaboran con el Ministerio de Salud. Se cuenta con 12 funcionarios que cubren ese servicio. No recibimos el pago por los servicios prestados; todo el personal es vacunado periódicamente. La Dirección de Aseo cuenta con un departamento de Salud Ocupacional que supervisa el cumplimiento de las normas de seguridad que significan, en la práctica, emplear bolsas rojas en los hospitales y centros de salud para indicar la peligrosidad; se traslada con precaución y se deposita y entierra en áreas diferentes al resto de la basura, explicó Sáenz. Se invierten B/ 20,000 mensuales para atender este rubro. Se atiende no sólo a la Ciudad de Panamá, sino también los hospitales y centros de salud de San Miguelito; también el hospital de Palo Seco y otros. Sáenz reconoció que las normas internacionales exigen que los desechos sean incinerados, pero no se cuentan con los recursos necesarios.
Respecto a la cantidad de indigentes que reciclan la basura en Cerro Patacón, con gran honestidad Sáenz reconoció que mientras no se construya la planta de reciclaje, la situación es prácticamente incontrolable. La Oficina de Seguridad en el área hace esfuerzos por controlar la situación, pero es altamente riesgoso tratar con las personas que llegan al sector.
En efecto, quienes acuden a diario a recoger basura en Cerro Patacón representan un serio problema para la salud pública. Es una cadena de contaminación que regresa a una ciudad que presenta cada vez más precarias condiciones de salud y amenazas de epidemias. De ahí que la construcción del relleno para los desperdicios urbanos, seguirá gravitando en las agendas de trabajo de las autoridades nacionales y en la propia ciudadanía.