Ahora su familia y amigos lloran por la desaparición física de Ligia, cuando inexplicablemente llegó de forma insólita su muerte y en la que no encuentran una respuesta.
El hecho trágico que llenó de luto a una familia panameña, aún no es comprendido. Ligia fue víctima del destino, cuando un asaltante se abatía a tiros con las unidades policiales y quedó bajo el impacto de una bala pérdida. En este incidente, ella llevó la peor parte.
Su vida se oscureció en un instante, junto a ella su pequeño hijo Gabriel, de 4 años, y la abuela que le acompañaban. Afortunadamente pudieron salvarse. El acto religioso de despedida a las cenizas de Ligia Sinisterra, se realizaron ayer en la Parroquia Hijo Cristo del Hombre en San Miguelito, ante un centenar de miradas tristes y un sinnúmero de recuerdos.
"No ha sido una muerte como Dios manda, aun así es doloroso", sentenció el cura párroco Conrado Sanjur, celebrante del sepelio.
Sus palabras elocuentes con el trágico hecho de sangre de la cual fue víctima Ligia, hacían referencia a la situación de irrespeto a la vida, que confronta nuestra sociedad en estos momentos.
"Es un hecho brutal, producto de la violencia gratuita que vive la comunidad", sentenció Sanjur.
El sacerdote pidió un cambio en la sociedad, ante los hechos de violencia, y exigió a las autoridades responsables que garanticen la seguridad en todo el país.
"Hay que hacer algo para controlar lo que ocurre. Es un golpe a la persona de Ligia, a todos los que la conocimos, es un golpe al mismo pueblo panameño", expresó Sanjur.
Por su parte, Antonio Sinisterra, padre de Ligia, siente su muerte como un acto inconcebible, aún desconcertado y con lágrimas en sus ojos, no encuentra la forma de entender lo que sucedió, y pidió conocer las responsabilidades en el hecho que le cegó la vida a su hija, el 31 de enero en horas de la noche cuando regresaba de la celebración de Don Bosco. Era una mujer contradictoria, grandiosa, de un gran corazón pero con mucha convicción y fe, así la describió un amigo de la familia.
"Dios tiene una razón para ella, consuelo y resignación", dijo este compañero de Ligia, quien la conoció hace 18 años.
Destacó que sus amigos de la Universidad sabían lo valiosa que era como ser humano.
Más que esto, Ligia formaba parte de un grupo de oración cristiana, luego de la dura batalla que enfrentó con la pérdida de William, su pequeño de tan sólo 7 años, quien falleció a causa de un problema cardíaco.
Para quienes la conocieron, esta joven mujer llevó una faceta de su vida, de madre abnegada, como guardián de su pequeño William en el hospital donde lo vio padecer.
Pese a las contradicciones de la vida, esta dificultad la llevó a seguir con fe y hacia adelante.
Miembro de la comunidad parroquial de Villa Guadalupe, sus compañeras de oración dijeron seguir su camino en la fe, guardando su memoria que hoy queda en el recuerdo de la opinión pública.
Este domingo le ofrecerán como era tradición un arroz con pollo y dulce, en recuerdo a su memoria.
No era su más fiel feligrés, ni devota, pero buscaba el amor de San Juan Bosco.
Sus milagros y sus bendiciones se habían convertido en una esperanza para una mujer de comunidad, que aún estando desempleada seguía hacia adelante con su hijo Gabriel, pese a las adversidades. Este 31 de enero, no pudo más que ofrecer ese amor cristiano, y dejar su alma, su vida, en una misión inesperada.
Tras su fallecimiento las autoridades investigativas y los peritos forenses de balística de la Policía Técnica Judicial, tratan de esclarecer el hecho que dejó sin vida a una mujer que estaba en la búsqueda de su fortalecimiento espiritual.