Nación

Viviendo en zona de guerra


EN estos tiempos, vivir en sectores aledaños a la Universidad de Panamá, del Colegio Artes y Oficios o el Instituto Nacional puede significar un dolor de cabeza.
A la hora de los cierres de calles y protestas los moradores de estas áreas sufren en silencio por el olor de los gases lacrimógenos, el temor por ser alcanzado por una piedra o de ser asaltados.
Panamá América conoció de casos de ciudadanos a los que les ha tocado caminar largas distancias para encontrar un transporte y otros a los que el agobiante calor en medio de un tranque ha estado a punto de asfixiarlos.
Muchas veces este tipo de manifestaciones son utilizadas por los delincuentes para cometer actos de vandalismo. Se tapan el rostro y asaltan a quienes encuentren a su paso, sin que nadie se haga responsable de los daños y perjuicios que se puedan sufrir.
En el último cierre de calles de los estudiantes del Instituto Nacional, la garita de la Policía que se encuentra a dos cuadras del plantel fue vandalizada por los estudiantes, quienes arrojaban piedras como si se tratara de una competencia de "tiro al blanco".
Hasta el día de hoy la estación policial permanece cerrada, lo que mantiene a los moradores del área sumamente preocupados.
Gerardina de Rueda, quien tiene varios años de vivir en el lugar, afirma que cada vez que hay cierre de calles en los que tienen que intervenir las Unidades de Control de Multitudes, se ven afectados con el humo, a tal punto que sienten que se asfixian.
Rueda manifiesta que en esta ocasión las consecuencias han sido peores porque los " aguiluchos" destruyeron la estación de policías del área y hasta el momento no hay intenciones de reabrirla.
Los vecinos han mostrado su descontento ante esta posibilidad, ya que aducen que fueron ellos quienes aportaron para la construcción de esta garita.
Pero, no sólo los moradores del área sufren las consecuencias, ya que incluso los locales comerciales de los alrededores se ven perjudicados.Dorit Bencion, encargada de Decoraciones Modernas, cercano al Instituto Nacional, puede dar prueba de ello.
Bencion, la última vez, tuvo que ser sacada del almacén "en ambulancia", pues los gases lacrimógenos que tiraron los policías para replegar a los manifestantes se colaron por las puertas y ventanas.
"Fue sumamente alarmante para nosotros, porque ni cerrando todo estuvimos a salvo", sostuvo.
Asegura que cuando hay disturbios les toca cerrar las puertas con llave y bajar las verjas de hierro, con la finalidad de que los estudiantes no penetren el local y de que no les rompan los vidrios.
"A parte de eso, las ventas del día caen porque ya nadie quiere transitar por el lugar", agrega.
La misma medida tienen que adoptar los comercios cercanos a la Universidad de Panamá y el Instituto Artes y Oficios.
Bella Mojica, quien labora en El Pincel, cuenta que a penas los estudiantes cierran las calles ellos proceden a trabajar "a media asta".
Mojica contó que en una ocasión, los estudiantes del Artes y Oficios le robaron el dinero a una gasolinera cercana y nadie se responsabilizó por ello.
Otro de los afectados del área son los residentes del edificio Xenia, quienes explican que ante los disturbios quedan prácticamente "encarcelados dentro de los apartamentos".
Lidieth Cedeño, dice que lo peor del asunto es que los espacios en los que viven son muy pequeños y llegan a sentir asfixia por los fuertes olores de los gases.
"Además de que los apartamentos son pequeños, no podemos salir porque existe el temor de que nos asalten o nos caiga una piedra".
La Policía Nacional (PN) asegura que las Unidades de Control de Multitudes deben actuar únicamente en el caso de que el corregidor del área en donde se da la protesta, lo solicite.
Otra de las situaciones en las que Control de Multitudes interviene es es cuando el Ministerio de Gobierno y Justicia da la orden de apaciguar a los manifestantes cuando las protestas perjudican a terceros.
Otro de los sectores afectados cada vez que hay disturbios en la vía Transístmica es el Complejo Hospitalario de la Caja de Seguro Social (CSS).
Thedy Veliz, director administrativo, explicó que el pánico y el nerviosismo impera tanto en los pacientes como en los funcionarios cuando se registran protestas.
"El estado de ánimo de los pacientes se ve afectado en la mayoría de los casos, e incluso muchos de ellos llegan a perder sus citas porque no pudieron llegar a tiempo o no se acercaron por temor", sostuvo.
Veliz comentó que el ambiente hospitalario que debe reinar se ve afectado por el escándalo y la bulla de los manifestanes.
Según Veliz, los pisos de arriba son los más afectados por los gases lacrimógenos, por lo que se toma la decisión de trasladar a los pacientes a salas en donde no se sientan tanto los efectos del humo.
El administrador del Complejo Hospitalario manifestóque por suerte la Policía Nacional mantiene comunicación directa con ellos y coopera informándoles por radio cuándo las Unidades de Control de Multitudes van a intervenir en un cierre de calles para que se tomen las medidas necesarias.
Veliz cuenta que en muy pocas ocasiones el Complejo ha tenido que afrontar gastos por perjuicios provocados por disturbios, pero que cada vez que ocurre una situación así, la CSS es la que tiene que correr con los gastos.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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