Nación

Vivir en la Tierra Prometida


ESCUCHAR el nombre de "Tierra Prometida" por primera vez puede permitirnos la errada percepción de que se está hablando de un paraíso terrenal. Nada más lejos de la realidad.
La Tierra Prometida de Panamá es una comunidad de asentamientos informales que tiene unos siete años de fundada y que pertenece al corregimiento de Alcalde Díaz-Las Cumbres. Allá la pobreza y las necesidades están a la orden del día.
Panamá América realizó un recorrido por el área y era evidente que los lugareños viven en condiciones infrahumanas, a pesar de que se encuentran a pocos minutos de la ciudad.
Casas de zinc deteriorado, oxidado, algunas hechas con tablas de madera, todas ubicadas en cerros, al estilo del distrito de San Miguelito.
Así vive Francisca Martínez, una joven de unos 25 años, quien reside desde hace tres en el área junto con sus dos hijos, su esposo y un hermano.
Francisca se dedica a las labores del hogar, mientras que su esposo realiza trabajos eventuales para llevar el sustento. Un difícil realidad es la que enfrentan.
El caso de Francisca es el mismo de la gran mayoría de las familias del lugar, cada una con no menos de cinco integrantes.
Tierra Prometida está compuesta por unos mil hogares, donde los pequeños abundan, al igual que los problemas.
Isla González, quien tiene cinco años de vivir en el lugar, recuerda cuando el sitio era un "lodazal desolado" en donde sólo habitaba ella y un vecino.
Cuenta Isla que con el pasar de los años el sitio fue poblándose y con ello, los problemas comenzaron a aparecer.
Isla admite que nunca habían contado con agua potable, pero que sacaban el vital líquido de un pozo para cocinar y realizar las necesidades básicas.
"Cuando el número de personas creció en Tierra Prometida, ya no se pudo utilizar más el pozo porque llegó a contaminarse" señala.
Según Isla, desde entonces a los moradores no les ha quedado otra alternativa que comprar a diario el agua a 0.25 centavos el tanque. Éstos son distribuidos por unos carros doble tracción que recorren el sector.
Explica Isla que se alivian un poco cuando llueve, porque recogen agua para cocinar y para las principales neceidades.
Pero, los problemas de los residentes no terminan allí. Los moradores del lugar explican que la carencia de luminarias y la falta de una subestación de policía en el área también les inquieta.
Johanna Fernández, otra de las residentes del área, manifiesta que el lugar por las noches se convierte "en tierra de nadie", porque los robos están a la orden del día.
Desde los camiones de reparto, hasta los cables del tendido eléctrico han sufrido por la delincuencia, eso sin contar a los moradores, sobre todo los días de pago.
"Por suerte ahora tenemos carretera, ya que la presencia policial se ve esporádicamente, pero antes nisiquiera llegaban", asegura.
Fausto Palacios, director de Asentamientos Informales del ministerio de Vivienda (MIVI), explicó que están al tanto de lo que ocurre en Tierra Prometida, pero que el tema es ajeno a su competencia. Lo que ocurre es que se trata de terrenos privados. "Lo que nos queda a nosotros como institución es servir de mediadores para tratar de buscarle una solución a estas familias".
Elías Cohen, arquitecto encargado del estudio de la comunidad de Tierra Prometida, manifiesta que algunos de los propietarios de los terrenos están interesados en vender, pero la situación requiere de todo un proceso que llevará tiempo.
Quibián Panay, representante del corregimiento de Alcalde Díaz-Las Cumbres, reconoce que la comunidad de Tierra Prometida tiene grandes necesidades.
"El primer problema del lugar es que las familias que viven allí son invasores, porque esas tierras son privadas".
Según Panay, el Ministerio de Vivienda (MIVI) ha estudiado el caso y se descubrió que esos terrenos le pertenecen a tres personas.
A pesar de ello, señala Panay, se les está tratando de ayudar y el primer paso que se dio fue la construcción de la carretera de 1.2 kilómetros.
La falta de luminarias a lo largo de la vía se debe precisamente a que los terrenos son privados, explica Panay, lo que obligó a que la empresa eléctrica a dejar de colocar los postes, una vez terminada la carretera.
En cuanto al problema del agua, Panay explica que ya se están conectando unas tuberías y una estación de bombeo para suministrarle agua a las personas.
Para Panay resultó muy extraño que las personas tengan que comprar el agua porque, según dijo, tenía entendido que el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN) lleva todos los días camiones de reparto para abastecer a las personas.
Panamá América contactó al IDAAN, donde aseguraron que se reparte el agua a diario.
Por otro lado, en el tema de la seguridad, Panay adelantó que se tiene pensado construir una caseta de policías, cerca de la escuela.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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