En la parte inferior de la premisa posaba un chico que formaba parte de los llamados "rebeldes e infractores", el mismo grupo al que las autoridades pretenden dar otra oportunidad con el aumento de pena.
Sin embargo, en esta escuela, que según su director, el padre Vicente Avendaño, se autofinancia en un 90%, otra es la postura de cómo se debe resocializar al menor que comete un delito.
Los chicos que ingresan a esta institución son considerados de alto riesgo. No obstante, gozan de una relativa libertad en la que desarrollan sus habilidades en trabajos como la confección de placas vehiculares, ebanistería y chapistería.
También reciben otras enseñanzas, además de atención psicológica y espiritual.
Uno de los maestros de Chapala, el sacerdote Otto Paz, instó a las autoridades gubernamentales a que hagan una comparación entre los jóvenes que salen de este colegio y los que finalizan su condena en un penal.
Para comprobar los resultados del programa de resocialización, Panamá América conversó con algunos jóvenes, que quizás, hoy estuvieran estudiando, no matemáticas, sino la posibilidad de cómo y dónde cometer su próximo crimen.
Uno de ellos es Luis Ávila quien en 1985 fue ingresado a Chapala, con el fin de que regenerara su conducta.
Cuenta Luis que una vez graduado del centro vocacional, esperó un año y luego solicitó la opción de poder presentar sus documentos para ejercer como maestro, en el ente que le había dado una oportunidad.
Para sorpresa de Ávila, fue aceptado y en estos momentos por medio de su profesión de maestro, tiene la oportunidad de hacer por otros jóvenes lo que anteriormente hicieron por él.
En esta escuela vocacional, se orienta, se prepara vocacionalmente a menores infractores, procurando por medios científicos y técnicas modernas de tratamiento de menores el reajuste de la conducta de los alumnos para su adaptación efectiva a una vida normal y decorosa en beneficio de la sociedad.