Niños peruanos trabajan en Puno ante la "pasividad" de autoridades y familias


El trabajo infantil es una dura realidad en la región peruana de Puno, donde los intentos de erradicarlo chocan muchas veces con la actitud pasiva de padres y autoridades, señalaron a Efe varios especialistas.


Durante la entrega de dos aulas informáticas de la Fundación Telefónica a escolares de la ciudad de Puno, a unos 1.400 kilómetros de Lima, el director de la organización no gubernamental Red Titikaka, Juan Valero, afirmó que las autoridades no han dado prioridad al problema del trabajo infantil y piensan que basta con construir nuevas instalaciones.


"Hace falta detenerse en trabajar con las personas, invertir en los niños y en la juventud", apuntó Valero, al frente de un conjunto de instituciones locales que buscan, entre otros objetivos, la erradicación progresiva del trabajo infantil.


Alrededor de 18.000 niños y adolescentes trabajan en esta región fronteriza con Bolivia, donde el 60,8% de la población vive en situación de pobreza, un porcentaje muy superior al 34,8% registrado en 2009 a nivel nacional, según cifras oficiales.


En esas circunstancias, muchas familias se ven obligadas a enviar a los menores a desarrollar actividades de riesgo, que en el caso de Puno suelen localizarse en la minería informal, la construcción, el comercio ambulante, las labores domésticas o el reciclaje de basura.


Según Eduarda Pérez, profesora de la escuela primaria Huáscar, también falta apoyo de las familias, que en muchas ocasiones "se desentienden" de la educación de sus hijos.

 

Por su parte, la presidenta de la Asociación de Padres de Familia, Asunción Ramos, destacó que los padres y madres han colaborado en tareas como pintar los muros del colegio y cuentan con asistencia psicológica que les ayuda a ser más conscientes de sus obligaciones.


La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que uno de cada tres menores trabaja en Perú (en torno a dos millones de niños), sobre todo en las áreas rurales y durante la adolescencia.


En Perú, estos niños están matriculados y asisten a la escuela, pero se trata de saber cómo están siendo recibidos en los centros, indicó a Efe la coordinadora nacional del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) de la OIT, Kathia Romero.

 

En términos de tendencia, el trabajo infantil se mantiene en el país andino a pesar de las últimas cifras de crecimiento económico y de reducción de la pobreza, debido sobre todo a la percepción cultural que se tiene del trabajo de los niños y de su rol en la economía familiar, subrayó Romero.


"A veces se piensa que para erradicar el trabajo infantil hay que incidir sobre el niño y sus actividades, cuando en realidad hay que transformar el entorno", agregó.


En Puno, el programa Proniño beneficia a 1.120 niños y acaba de inaugurar nuevas aulas escolares con computadoras e Internet, explicó la gerente de Proyectos Sociales de la Fundación Telefónica, Lilian Moore.

 

El director de la Unidad de Gestión Educativa Local (UGEL) de Puno, Raúl Vilca, remarcó que su región necesita el apoyo de las instituciones privadas para reducir el trabajo infantil, ya que las iniciativas regionales en este aspecto se limitan a sensibilizar a los padres.


En 2010, el presupuesto destinado a Educación en Puno sumó 479 millones de soles (unos 169 millones de dólares), el 80% de los ingresos estatales transferidos a esta región, lo que a Vilca le parece insuficiente, pues sólo se destina a pagar remuneraciones de personal y servicios.


Estos fondos "no alcanzan" a financiar proyectos de desarrollo, según el Gobierno regional puneño, que se ha propuesto implantar un plan para eliminar el trabajo infantil entre 2011 y 2015 que todavía está en discusión.


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101 años de Panamá América

 
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