No hay libertad sin independencia económica


En un país donde los medios informativos ocupan el tercer lugar en la nómina de las instituciones más fiables, después de la iglesia y del ejército, ¿de qué libertad disponen estos medios? ¿Qué solidez tiene dicha libertad? ¿Qué posibilidades de desarrollo tiene en una economía pobre?
En materia de cifras, los medios rumanos pueden considerarse "exitosos". Mientras que otros países en la región luchan por promover los medios privados, en Rumania proliferan. Existen miles de publicaciones y cientos de estaciones de radio y televisión en el país, todas ellas en manos de propietarios privados rumanos.
Pero basta con dar un paso más en el análisis para que la percepción cambie. Es una perogrullada afirmar que no puede existir una auténtica independencia editorial sin una situación económica saludable. Lamentablemente, la mayoría de los medios informativos en Rumania no son rentables aún, y dependen del financiamiento procedente de los propietarios de las "otras compañías".
Según informan los periodistas, se los "incita" en muchos casos a proteger estos "otros intereses", evitando llevar a cabo investigaciones, tratando cordialmente a los asociados empresariales y ejerciendo una autocensura.
La lucha por la supervivencia en un mercado pobre y mal estructurado pervierte muchos de los mecanismos de la industria de la prensa.
La publicidad, la fuente principal de ingresos para las publicaciones occidentales, produce más bien dolores de cabeza en Rumania. Apenas un 30% de los ingresos de un diario local proviene de la publicidad; la principal fuente son las ventas directas esenciales para la subsistencia cotidiana. No obstante solamente a la televisión se destinan un 71% de los presupuestos publicitarios.
Con un índice de 13 dólares per cápita, el mercado publicitario rumano es uno de los más pobres en Europa Central y del Este. Esto genera una batalla encarnizada por obtener ingresos publicitarios, y la corrupción constituye una de las reglas del juego. La publicidad se utiliza como un instrumento para regatear o incluso hacer chantaje.
No es raro encontrar anuncios gigantescos para equipos ferroviarios y otros servicios propuestos por diversas compañías estatales en las páginas de ciertos periódicos - una muestra de "agradecimiento" a cambio de una cobertura positiva.
La política y los negocios en Rumania tienen lazos muy estrechos. Si uno no desarrolla personalmente una actividad política, es seguro que lo hace un pariente, un amigo, un amigo de un amigo, instalándose así un sistema de intercambios de "favores". De esta manera, aun cuando el gobierno no ejerza un control directo sobre el contenido editorial de los medios informativos, su influencia es considerable.
Aunque no interfieran directamente con el contenido editorial, las autoridades buscan "seducir" a los periodistas sin reparos. Según ciertos informes, a fines de 2001, varios ministerios ofrecieron a los periodistas "más merecedores" obsequios de dinero o de vacaciones en la montaña.
Pero las autoridades tienen también otros medios a su disposición para presionar a quienes interfieran con sus esfuerzos por guardar las apariencias. Los juicios contra periodistas y compañías de comunicación son frecuentes. La difamación y la calumnia, el desacato a las autoridades estatales, la denigración de la nación y la divulgación de falsa información son todos delitos penados con condenas de prisión y multas enormes. El informe de la UE sobre Rumania del 2000 declara que "el uso generalizado de recursos legales contra los periodistas ha suscitado inquietudes en cuanto a la libertad de prensa".
Los medios informativos en Rumania pasan por alto los problemas esenciales: la credibilidad, la independencia y el profesionalismo, tanto en el plano editorial como comercial. Para todo esto se necesita dinero. La libertad tiene un precio alto.
*La autora es directora ejecutiva del Centro de Periodismo Independiente (CIJ), Nueva York.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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