Irán y las grandes potencias se ven las caras de nuevo hoy en Estambul para intentar una vez más desbloquear el conflicto sobre el programa nuclear iraní, en una reunión de la que no se esperan grandes acuerdos pero, al menos, sí una vuelta a la negociación.
El encuentro reunirá a los representantes de alto nivel iraníes y de los países del grupo 5+1, compuesto por Alemania más los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia).
La cita es el primer contacto diplomático directo desde que enero de 2011, también en la metrópolis turca, las dos partes fueran incapaces de llegar a un acuerdo.
Desde entonces, Irán ha continuado enriqueciendo uranio y perfeccionando una industria nuclear que Occidente cree esconde un objetivo militar, pero que Teherán asegura sólo tiene objetivos pacíficos.
"En una reunión no se va a arreglar nada, pero pueden mostrar (los iraníes) que quieren negociar en serio", confío a Efe una fuente diplomática en Viena, donde tiene su sede el Organismos Internacional de Energía Atómica, la oficina de la ONU que desde 2003 trata de aclarar la naturaleza del programa atómico iraní.
Según esa fuente, que habló bajo condición de anonimato, el encuentro de Estambul es un escalón más de la estrategia de intentar que Irán se gane poco a poco la confianza de las grandes potencias.
"Si Irán acepta un pequeño acuerdo, sería un gran paso de cara a una futura nueva reunión", explicó esa fuente diplomática occidental.
Ese acuerdo de mínimos podría ser la suspensión del enriquecimiento de uranio al 20 % de pureza, lejos del 90 necesario para una bomba, que el régimen de los Ayatolás desarrolla en la instalación subterránea de Fordo.
Sin embargo, Irán ya ha dejado claro que no aceptará ninguna condición previa, aunque sí se ha mostrado dispuesta a negociar.
"En esta reunión, nosotros tenemos algunas ideas y el 5+1 tiene las suyas, pero hemos de llegar a algo en común", declaró esta semana el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Ali Akbar Salehi.
En cualquier caso, los países occidentales acuden al encuentro con prudencia sobre sus posibles resultados y con escepticismo sobre si Irán está dispuesto a abrir de verdad una vía negociadora.
En cualquier caso, el ambiente del encuentro estará marcado por el aumento de la tensión por las sanciones impuestas por la Unión Europea al crudo iraní y la constante advertencia de Israel de que está dispuesta a usar la fuerza para evitar que Irán se haga con el arma atómica.
"Hay poco tiempo. Hay elecciones en noviembre en Estados Unidos e Israel está nervioso", advirtió la fuente diplomática a Efe.
Ese es el mensaje que ha lanzado también la Casa Blanca, que ha pedido a Teherán que se tome en serio las negociaciones sobre su programa nuclear.
"La oportunidad se está cerrando y el tiempo no es infinito para Irán", declaró el pasado lunes Jay Carney, portavoz de la sede de la Presidencia de Estados Unidos.
También el ministro de Exteriores de Alemania, Guido Westerwelle, exigió ayer a Irán que aproveche la oportunidad de negociar para poder disponer de un programa atómico pacífico y advirtió que la cita de mañana no puede ser una estrategia para ganar tiempo.
En cualquier caso, Irán se presenta a ella con cartas diplomáticas menos favorables a las de la anterior reunión, cuando contaba con el respaldo de Turquía, el país anfitrión cuyo peso no ha dejado de crecer en las negociaciones.
La buena sintonía turco-iraní comenzó a hacer aguas hace dos semanas al anunciar Turquía que reduciría sus importaciones de petróleo iraní en un 20 %, oficialmente para favorecer la compra de crudo libio, aunque el gesto fue ampliamente interpretado como una manera de adherirse a las sanciones de UE y Estados Unidos.
El programa atómico iraní: un conflicto marcado por la desconfianza