Gino Cortés, que en julio pasado perdió parte de su pierna en un accidente en el mismo yacimiento del norte de Chile en el que ahora se prepara el rescate de 33 trabajadores, dijo hoy a Efe que, aunque está "contento" por estar con vida y por sus compañeros, se siente "abandonado" y con "temor".
Lejos de las cámaras que invaden el campamento "Esperanza", donde esperan los familiares de los 33 mineros atrapados desde el pasado 5 de agosto, Cortés sigue por televisión los preparativos para el inminente rescate de sus compañeros, protagonistas de una historia que ha atraído los focos de la prensa nacional e internacional.
"Yo igual estoy contento, porque salí con vida", aseguró el trabajador, que se aferra a Dios y a su familia para enfrentar con ayuda psicológica un incipiente estado de depresión.
Aunque dijo también estar "contento" por el pronto rescate de sus compañeros, se siente "abandonado, en cierto sentido, por todas las ayudas que les han dado" a ellos, mientras a él lo "han dejado de lado".
Cortés también se declaró orgulloso de que sus compañeros, a los que conocía casi en su totalidad, pudieran sobrevivir los primeros días "sin enloquecer adentro, a pesar de no tener ninguna noticia del exterior".
Gino Cortés salió con vida de un accidente que bien pudo habérsela arrebatado, según relató hoy a Efe en su casa, una humilde construcción alquilada que se levanta en uno de los cerros de Copiapó, a unos 800 kilómetros al norte de la capital chilena.
Sin embargo, este trabajador de 40 años perdió parte de su pierna izquierda cuando el pasado 3 de julio, mientras se dirigía a pie a descansar al refugio donde ahora se encuentran 33 de sus compañeros atrapados, se le vino encima una roca de dos toneladas que le llegó a rozar la espalda.
Ese accidente le dejó en una precaria situación económica e incapacitado de por vida para volver a ejercer su oficio.
Según dijo, el Gobierno no se ha ocupado de su caso, los dueños de la mina tan siquiera le han llamado y ahora subsiste con una pensión de 300.000 pesos (600 dólares) con la que tiene que alimentar a su mujer y a sus tres hijos, la más pequeña nacida el pasado 1 de septiembre.
Ahora, Cortés ve con "temor" su futuro y sólo espera que esto sea "una lección" para mejorar la fiscalización de estas empresas.
"Con una fiscalización legal, esta mina no hubiera estado funcionando", indicó Cortés, quien dejó entrever que la empresa sobornaba a los responsables de realizar esos controles.
"De ahí para atrás todos tienen algo de culpa, por mi accidente y por el de mis compañeros", afirma.
En su caso, el lugar en el que cayó la roca "tenía que estar fortificado, y no lo estaba", explicó.
Relató que sus compañeros acudieron a auxiliarle y, con una camiseta hecha trizas, le hicieron un torniquete para que no perdiera más sangre. "No perdí el conocimiento en ningún momento y sólo me propuse llegar vivo al hospital".
Pero su historia pasó entonces desapercibida y no fue hasta un mes después, cuando un derrumbe atrapó a 33 de sus compañeros, que se evidenciaron las escasas medidas de seguridad de ese yacimiento, con malas condiciones de ventilación y sin ninguna vía de escape.
"Ésta fue la peor mina en la que me tocó trabajar", asegura este obrero, con diez años de experiencia a cuestas.
Cortés, que trabajaba desde hace año y medio en el yacimiento San José, inició acciones penales contra los dueños de la mina y después emprenderá una acción por la vía civil con el fin de reclamar una indemnización económica.
El rescate de los 33 mineros atrapados comenzará a las 00.00 hora local (03.00 GMT) del próximo miércoles.