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11-s: La guerra y la paz


Primero, lamentar la tragedia: Como expresé a través de columna hace un año. Nada puede justificar el horror de los atentados, pues lo primero es el respeto a la condición humana. El artero ataque efectuado en los Estados Unidos, utilizó personas civiles inocentes -ocupantes de varios vuelos comerciales - y las descargó como sangrientos misiles contra miles de hombres y mujeres que laboraban en un conjunto de edificios de oficinas (WTC), impactando el centro urbano.
Es un acto bárbaro e injustificable. Jamás ningún cuestionamiento político o ideológico a Estados Unidos ni a ningún otro país, puede justificar tales acciones. ¿Quién con un mínimo de sentimientos puede ver con alegría actos como éste? Justificar el ataque en base a los desatinos que EE.UU ha cometido, o argüir venganzas es situarse en la espiral de la Ley de Talión, o que "un clavo saca a otro clavo", aprobando la violencia como único camino para resolver las diferencias en el mundo que vivimos.
Segundo, rechazar el terrorismo: ¿Por qué es terrorismo hechos como éstos? Para Noam Chomsky, científico estadounidense, el terrorismo puede ser definido como la amenaza o al uso de la violencia, por lo general con fines políticos, en contra de civiles no-combatientes. Existen diferentes variedades de terrorismo, entre ellos el terrorismo de Estado y el terrorismo individual.
No debe soslayarse el hecho que históricamente diversos gobiernos norteamericanos han producido intervenciones, amenazas e incluso eliminación de líderes políticos hacia otros países (incluido el nuestro), que pueden ser definidos como terrorismo de Estado.
Tercero, los peligros del contraterrorismo: Lo ocurrido en Estados Unidos es como un parteaguas entre dos momentos históricos, antes y después del 11 de septiembre 2001, pues el poderío de EU se siente desafiado con esta irrupción de lo bélico en su propio patio, y logró establecer la fuerza y la legitimidad interna (Senado, opinión pública...) y externa (Muchos países, la OTAN...) no solo para vengarse (léase Afganistán), sino para declarar una guerra mundial indefinida que busca efectuar el exterminio no solo de los atacantes y responsables directos, sino contra todo terrorismo o - cuidado con esto- contra todo lo que el gobierno estadounidense etiquete o encasille como tal.
Una torcida apreciación de los hechos puede generar una colosal cacería de brujas global, expresiones de fanatismo e intolerancia hacia etnias o nacionalidades determinadas (musulmanes por ejemplo), afectación de poblaciones y territorios ajenos a los hechos, o una conflagración mundial donde todos perderíamos. Hay que castigar a los culpables de los cruentos hechos, pero sin errores y desaciertos belicistas, pues la guerra, así concebida, solo conduce a una tragedia mayor de imprevisibles consecuencias.
El 11 de septiembre del 2001 (11-S), reubica el concepto de seguridad mundial en el marco de la guerra total contra el terrorismo, y el "con nosotros o contra nosotros", que proclamó G.W. Bush. Los hechos provocan una profunda reconsideración en la política interior y exterior de los Estados Unidos, centrada en el contraterrorismo, catalogada por H.Vedrine, Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, como "un planteamiento simplista que reduce todos los problemas del mundo a la lucha contra el terrorismo". Hoy el turno de Irak, catalogado como parte del Eje del Mal, pero se advierte la pérdida de consenso mundial lo que parece no hacer desistir a los halcones del Pentágono.
América Latina en este esquema contraterrorista aparece en una doble dimensión:(i) La crisis y guerra colombiana donde radican tres grupos armados latinoamericanos insertados en la lista negra de la treintena de organizaciones terroristas más peligrosas del mundo. La siguiente fase de esta guerra es la internacionalización formal de la misma, donde Colombia se encuentra entre los objetivos principales, lo que llevará a la escalada bélica. Panamá, por la importancia geopolítica y económica, dotada de una extrema vulnerabilidad ante la situación colombiana, puede invitar a una retoma estadounidense del rol de plataforma de contrainsurgencia de nuestro país.
Cuarto, construir seguridad democrática. La reciente decisión de México de retirarse del TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) un viejo esquema de seguridad heredado de la guerra fría, y la convocatoria a establecer un acuerdo continental más integral es una decisión muy importante. Panamá como Estado debe afirmar los Fundamentos de la Política Panameña de Seguridad adoptado en el año 2000, y el Tratado Marco de Seguridad Democrática centroamericano firmado (pero aún no ratificado) para construir una agenda nacional (y regional) de seguridad democrática con amplia participación ciudadana, que permita visualizar integralmente este tema tan importante, afirmándose sobre el concepto de seguridad humana, que enlaza la seguridad con el desarrollo, la democracia, los derechos humanos, la sosteniblidad ambiental como factores claves de la paz. "El fruto de la justicia se siembra en la paz por aquellos que practican la paz" , Santiago, apóstol.
(leisarce@cwpanama.net)
El 31 de diciembre 1944, fundó el Partido "Unión Nacional de Mujeres", teniendo destacadas dirigentes como Josefina Oller, Guillermina de Casco Díaz, Magdalena de Briceño, Stella Sierra, Gumercinda Páez y otras; establecieron escuelas de ciudadanía y centros populares de cultura en diversos barrios y además lucharon por el pleno derecho de las mujeres al sufragio, lo que finalmente lograron en 1946 cuando se promulgó la nueva Constitución panameña.
En 1945 Clara González fue postulada por el Partido Liberal Renovador, como candidata a diputada de la Asamblea Constituyente. De 1945 a 1946, doña Clara ejerció el cargo de Viceministra de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública, convirtiéndose en una de las primeras abogadas en ocupar un alto cargo en el gobierno. En las elecciones presidenciales del año 1948, Clara fue candidata a la segunda Vicepresidencia de la República por el Partido Liberal Renovador.
En 1951 presentó la ley que dio lugar a la creación del Tribunal Tutelar de Menores y fue elegida por la Corte Suprema de Justicia, como la primera Jueza de Menores, ejerciendo dicho cargo durante 13 años. Bajo su dirección se organizó esta entidad, la que lleva su nombre; institución en la que realizó una extraordinaria y fructífera labor social.
De 1931 a 1959, fue representante destacada de diversas organizaciones internacionales y participó en un gran número de congresos mundiales de la Federación de Abogadas, del Consejo Nacional del Crimen y de la Delincuencia de Estados Unidos, de los Congresos Panamericanos del Niño y de Asistencia social. Fue también fundadora de otras asociaciones de mujeres, como el Club de Mujeres Soroptimistas y la Unión Nacional de Mujeres Universitarias y fue objeto de numerosas distinciones, honores y premios en el ámbito nacional e internacional.
Dentro de su trayectoria tiene también, el ser la primera representante panameña en la Comisión Interamericana de Mujeres de 1929 a 1936; el haber colaborado en la creación de la Caja de Ahorros y en la organización del sistema penitenciario panameño.
Entre las publicaciones de Clara destacan de 1923 a 1927, diversos artículos en la revista Orientación Femenina; El Programa del Pensum Académico de la Escuela de Cultura Femenina (1924), muestra su influencia de avanzada. En 1926 escribió "La instrucción cívica en las escuelas secundarias de Panamá"; en 1930, "Las cortes juveniles y el sistema de libertad vigilada"; en 1956 "La reforma penitenciaria". Se jubiló en el año de 1964 retirándose de la vida pública y murió el 11 de febrero de 1990, a la avanzada edad de 89 años.

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