"1903 Adiós Panamá"
Enrique Santos Molano, columnista y cronista colombiano, nos presenta este libro con el subtitulo "Colombia ante el Destino Manifiesto". De manera hilvanada, coherente y bien documentada, el autor pretende demostrar que Panamá fue siempre la mira del Coloso del Norte, atravesándose a una impotente, despistada y aturdida Colombia que nunca logró implantarnos en su aparente seno matriarcal. Y esa pretensión lo mueve a enfocar nuestra secesión como producto exclusivo de la ambición expansionista e imperialista de la gran nación norteña.
Santos Molano resalta la frase de Thomas Jefferson escrita el 27 de mayo de 1788 en una carta, cuando refiriéndose al proyecto del Canal lo cataloga como "vasto desiderátum", o lo que es igual, "un anhelo vehemente para garantizar nuestros intereses". A partir de allí trata de justificar que cada gran jugada del imperio es para dividir el istmo. Pero falla el autor al no esbozar el planteamiento istmeño. Desde la altiplanicie bogotana, extiende su mirada hacia las Montañas Rocosas y el Gran Cañón, sin pretender siquiera ojear el Barú o el Cerro Ancón. Desconoce que el fortalecimiento de la nacionalidad panameña se inicia cuando, sin ayuda de nadie, proclama su independencia el 28 de noviembre de 1821, aprovechando que el nativo José de Fábrega se encontraba provisionalmente al frente del gobierno. Tanto así que el Libertador diría: "El acta de independencia de Panamá, es el monumento más glorioso que puede ofrecer a la historia ninguna provincia americana. Todo está allí consultado, justicia, generosidad, política e interés general".
Santos Molano se refiere al incidente de la "Tajada de Sandía" (o del "Melón" para él), con destacada relevancia, lo que le debería indicar que había en los istmeños un sentimiento de defender lo propio ante la injusticia y la prepotencia extraña.
Es cierto que los Estados Unidos tenían un Destino Manifiesto, fortalecido en gran medida, con la Doctrina Monroe de "América para los americanos" y la política del "Gran Garrote" del vaquero Teddy Roosevelt. Pero dicho Destino Manifiesto no conllevaba ni incluía la creación de una nación llamada Panamá. Nuestra nación emergió del abandono, la desidia y la indiferencia santafereña, de la miseria y las enfermedades propagadas con el fracaso del canal francés y de la sangre y las cenizas que nos dejó la Guerra de los Mil Días.
Se equivoca Santos Molano cuando dice que la independencia de Panamá fue "financiada por banqueros y otros hombres de negocios de los Estados Unidos."
Lo contradice William Ridley Scot, autor del Libro "The Americans in Panama", quien en un extracto de su obra, incluido como apéndice por Santos Molano en su propio libro, señala lo siguiente: "Se ha dicho que el presidente prefirió a Panamá, para que los financistas americanos, encabezados por Mr. Cromwell, interesados en venderle al Gobierno la concesión francesa, pudieran obtener los $40,000,0000 en que estaba apreciada. Este cargo no está justificado ni por el carácter del presidente Roosevelt ni por las ventajas naturales de una vía sobre la otra. Es muy dudoso que el presidente pensara siquiera por un momento en los poseedores de los intereses franceses, en tanto que sí es evidente que tal propiedad no fue un factor que lo decidiera a favor de Panamá". Es contraproducente un Teodoro Roosevelt que haya "propiciado" la independencia de Panamá para seguirle el juego a especuladores norteamericanos, con un Roosevelt que, de acuerdo con otro autor citado por el propio escritor santafereño, estaba convencido de las ventajas de un canal por Panamá y cuya fortaleza de carácter superaba la tentación por pellizcar los 40 millones.
Los especuladores, guiados por Bunau Varilla y Cromwell, sencillamente tenían suficientes evidencias de que Roosevelt no dejaría pasar una oportunidad de oro para concretar su destino manifiesto. Y esta oportunidad se la abrieron los próceres panameños, para quienes siempre estuvo en juego la nueva República o el propio pellejo. Así de simple.
Es una bandera alegre, de colores vivos, que tiene su propio significado. ¿Lo conocen los alumnos? Las estrellas y los cuadros están allí por alguna razón específica.
Lo mismo sucede con el escudo y el himno.
Señores, demos de nosotros para que cada joven, cada niño, se sienta realmente panameño y ame a este país con sus virtudes y sus defectos; pero lo quiera y lo respete. Ciertos comportamientos no hacen más que indicar el desacierto de algunos ciudadanos.
Hoy, que celebramos un aniversario más del nacimiento de la patria, hagamos un propósito de enmienda y empecemos a sentir algo profundo cuando hablemos de la patria. Es pequeña, pero es nuestra y si nosotros no la queremos, ¿quién lo hará?
Panameño, no importa cuál sea tu edad, siente que eres panameño y que llevas dentro de ti la satisfacción de celebrar los 101 años de vida de este país y que solamente así podremos engrandecerlo.
¡Ama tu patria de verdad!
Santos Molano resalta la frase de Thomas Jefferson escrita el 27 de mayo de 1788 en una carta, cuando refiriéndose al proyecto del Canal lo cataloga como "vasto desiderátum", o lo que es igual, "un anhelo vehemente para garantizar nuestros intereses". A partir de allí trata de justificar que cada gran jugada del imperio es para dividir el istmo. Pero falla el autor al no esbozar el planteamiento istmeño. Desde la altiplanicie bogotana, extiende su mirada hacia las Montañas Rocosas y el Gran Cañón, sin pretender siquiera ojear el Barú o el Cerro Ancón. Desconoce que el fortalecimiento de la nacionalidad panameña se inicia cuando, sin ayuda de nadie, proclama su independencia el 28 de noviembre de 1821, aprovechando que el nativo José de Fábrega se encontraba provisionalmente al frente del gobierno. Tanto así que el Libertador diría: "El acta de independencia de Panamá, es el monumento más glorioso que puede ofrecer a la historia ninguna provincia americana. Todo está allí consultado, justicia, generosidad, política e interés general".
Santos Molano se refiere al incidente de la "Tajada de Sandía" (o del "Melón" para él), con destacada relevancia, lo que le debería indicar que había en los istmeños un sentimiento de defender lo propio ante la injusticia y la prepotencia extraña.
Es cierto que los Estados Unidos tenían un Destino Manifiesto, fortalecido en gran medida, con la Doctrina Monroe de "América para los americanos" y la política del "Gran Garrote" del vaquero Teddy Roosevelt. Pero dicho Destino Manifiesto no conllevaba ni incluía la creación de una nación llamada Panamá. Nuestra nación emergió del abandono, la desidia y la indiferencia santafereña, de la miseria y las enfermedades propagadas con el fracaso del canal francés y de la sangre y las cenizas que nos dejó la Guerra de los Mil Días.
Se equivoca Santos Molano cuando dice que la independencia de Panamá fue "financiada por banqueros y otros hombres de negocios de los Estados Unidos."
Lo contradice William Ridley Scot, autor del Libro "The Americans in Panama", quien en un extracto de su obra, incluido como apéndice por Santos Molano en su propio libro, señala lo siguiente: "Se ha dicho que el presidente prefirió a Panamá, para que los financistas americanos, encabezados por Mr. Cromwell, interesados en venderle al Gobierno la concesión francesa, pudieran obtener los $40,000,0000 en que estaba apreciada. Este cargo no está justificado ni por el carácter del presidente Roosevelt ni por las ventajas naturales de una vía sobre la otra. Es muy dudoso que el presidente pensara siquiera por un momento en los poseedores de los intereses franceses, en tanto que sí es evidente que tal propiedad no fue un factor que lo decidiera a favor de Panamá". Es contraproducente un Teodoro Roosevelt que haya "propiciado" la independencia de Panamá para seguirle el juego a especuladores norteamericanos, con un Roosevelt que, de acuerdo con otro autor citado por el propio escritor santafereño, estaba convencido de las ventajas de un canal por Panamá y cuya fortaleza de carácter superaba la tentación por pellizcar los 40 millones.
Los especuladores, guiados por Bunau Varilla y Cromwell, sencillamente tenían suficientes evidencias de que Roosevelt no dejaría pasar una oportunidad de oro para concretar su destino manifiesto. Y esta oportunidad se la abrieron los próceres panameños, para quienes siempre estuvo en juego la nueva República o el propio pellejo. Así de simple.
Es una bandera alegre, de colores vivos, que tiene su propio significado. ¿Lo conocen los alumnos? Las estrellas y los cuadros están allí por alguna razón específica.
Lo mismo sucede con el escudo y el himno.
Señores, demos de nosotros para que cada joven, cada niño, se sienta realmente panameño y ame a este país con sus virtudes y sus defectos; pero lo quiera y lo respete. Ciertos comportamientos no hacen más que indicar el desacierto de algunos ciudadanos.
Hoy, que celebramos un aniversario más del nacimiento de la patria, hagamos un propósito de enmienda y empecemos a sentir algo profundo cuando hablemos de la patria. Es pequeña, pero es nuestra y si nosotros no la queremos, ¿quién lo hará?
Panameño, no importa cuál sea tu edad, siente que eres panameño y que llevas dentro de ti la satisfacción de celebrar los 101 años de vida de este país y que solamente así podremos engrandecerlo.
¡Ama tu patria de verdad!