¿Constituyente para qué?
El movimiento popular tiene que tener mucho cuidado de que, en el forcejeo por el poder entre las dos alas de la burguesía, no vaya a acabar haciéndole el juego a una de ellas. Toda la burguesía panameña, incluido el PRD, tiene acuerdo en reformar la Constitución de 1972. En lo que no hay acuerdo entre ellas es en cómo reformarla: mediante la aprobación de dos asambleas legislativas o mediante una asamblea constituyente.
No hay que olvidar que el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) ya dijo que quiere la reforma para derogar los beneficios sociales que todavía sobreviven: como el pago de horas extraordinarias a los obreros. Otro objetivo podrían ser: nuevas reglas en el reparto de influencias en el Canal y la ARI, o la eliminación de la obligación constitucional de decidir mediante referéndum el futuro de las bases militares.
Los empresarios preferirían una reforma negociada y consensuada entre todos, para que no haya traumas que afecten sus negocios. Como lo ha señalado el presidente de la Cámara de Comercio. El problema es que la constituyente se ha convertido en una carta a jugar por Mireya Moscoso en caso de que el PRD, con su aplastante mayoría legislativa, neutralice sus iniciativas. Para el nuevo oficialismo la constituyente sería la manera de restar poder al PRD.
Para no hacerle el juego a los partidos proempresariales, como se le hizo en las pasadas elecciones, el movimiento popular debe preguntarse primero para qué puede servir al pueblo panameño la reforma constitucional o la constituyente. Luego hay que preguntarse cómo es que vamos a defender allí las reivindicaciones obreras en el marco de esa reforma.
Por eso es un error la declaración de Genaro López (SUNTRACS) en el sentido de que: "Estoy seguro que los demás gremios y sindicatos del país van a apoyar una Constituyente, puesto que no debe haber nada ni nadie que empañe la gobernabilidad de la presidenta electa Mireya Moscoso" (El Universal, 17/5/99). ¿Qué garantía tiene Genaro López de que la constituyente no implementará la reforma que el CONEP quiere?
Lo primero que el movimiento sindical tiene que ver claro es que una reforma, o una constituyente, hecha bajo las actuales reglas antidemocráticas, que excluyen de representación a los sectores populares, debe ser repudiada porque va contra los intereses nacionales. Una Constituyente convocada bajo el actual Código Electoral sólo garantizará que los mismos partidos oligárquicos la controlen, con lo que es seguro que producirá más reformas antipopulares.
Una constituyente sólo tendrá un resquicio democrático si se rompe con el actual marco jurídico, permitiendo la participación de los partidos obreros y los candidatos por libre postulación.
Exigir una constituyente implica una disposición de los sectores sindicales de postular una alternativa política obrera y popular, por fuera de los partidos patronales, que es justamente lo que no quisieron hacer ni MONADESO, ni SUNTRACS, ni CONUSI, en las últimas elecciones.
El movimiento popular sólo puede apoyar la constituyente poniendo como condición previa una reforma legal que permita su participación activa. Y sólo para ir a ella a hacer un bloque obrero en defensa de las conquistas sociales y democráticas contra las maniobras que intentarán las fuerzas de la burguesía, sean mireyistas o toristas.
No hay que olvidar que el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) ya dijo que quiere la reforma para derogar los beneficios sociales que todavía sobreviven: como el pago de horas extraordinarias a los obreros. Otro objetivo podrían ser: nuevas reglas en el reparto de influencias en el Canal y la ARI, o la eliminación de la obligación constitucional de decidir mediante referéndum el futuro de las bases militares.
Los empresarios preferirían una reforma negociada y consensuada entre todos, para que no haya traumas que afecten sus negocios. Como lo ha señalado el presidente de la Cámara de Comercio. El problema es que la constituyente se ha convertido en una carta a jugar por Mireya Moscoso en caso de que el PRD, con su aplastante mayoría legislativa, neutralice sus iniciativas. Para el nuevo oficialismo la constituyente sería la manera de restar poder al PRD.
Para no hacerle el juego a los partidos proempresariales, como se le hizo en las pasadas elecciones, el movimiento popular debe preguntarse primero para qué puede servir al pueblo panameño la reforma constitucional o la constituyente. Luego hay que preguntarse cómo es que vamos a defender allí las reivindicaciones obreras en el marco de esa reforma.
Por eso es un error la declaración de Genaro López (SUNTRACS) en el sentido de que: "Estoy seguro que los demás gremios y sindicatos del país van a apoyar una Constituyente, puesto que no debe haber nada ni nadie que empañe la gobernabilidad de la presidenta electa Mireya Moscoso" (El Universal, 17/5/99). ¿Qué garantía tiene Genaro López de que la constituyente no implementará la reforma que el CONEP quiere?
Lo primero que el movimiento sindical tiene que ver claro es que una reforma, o una constituyente, hecha bajo las actuales reglas antidemocráticas, que excluyen de representación a los sectores populares, debe ser repudiada porque va contra los intereses nacionales. Una Constituyente convocada bajo el actual Código Electoral sólo garantizará que los mismos partidos oligárquicos la controlen, con lo que es seguro que producirá más reformas antipopulares.
Una constituyente sólo tendrá un resquicio democrático si se rompe con el actual marco jurídico, permitiendo la participación de los partidos obreros y los candidatos por libre postulación.
Exigir una constituyente implica una disposición de los sectores sindicales de postular una alternativa política obrera y popular, por fuera de los partidos patronales, que es justamente lo que no quisieron hacer ni MONADESO, ni SUNTRACS, ni CONUSI, en las últimas elecciones.
El movimiento popular sólo puede apoyar la constituyente poniendo como condición previa una reforma legal que permita su participación activa. Y sólo para ir a ella a hacer un bloque obrero en defensa de las conquistas sociales y democráticas contra las maniobras que intentarán las fuerzas de la burguesía, sean mireyistas o toristas.