¿Gobierno de unidad nacional o cohecho?
La expresión e invocación que está en boga en el ambiente político es la de un "gobierno de unidad nacional". Se llenan nuestros políticos la boca con ello, como si fuese expresión de patriotismo, cuando todos sabemos que semejante petición no es otra cosa que el deseo de participar de las ventajas y privilegios del poder que no pudieron alcanzar con los votos. Es la vulgar entrega a cambio de los favores del régimen de turno. Si realmente tan enaltecedores propósitos los embarga, si son realmente conscientes de la necesidad de la conformación de un gobierno de unidad nacional, ¿por qué no actuaron consecuentemente y antes de las elecciones conformaron una gran alianza, en vez de la oposición que plantearon? ¿En qué quedó el discurso electoral con que nos agobiaron en todos estos meses de campaña? ¿Acaso se trataba sólo de un discurso electorero? ¿Quién nos dice que ahora son sinceros en sus planteamientos y que la pregonada "unión nacional" no es el llamado que responde al voraz apetito y temor, de muchos políticos, de quedar lejos de los beneficios que concede el poder? Ahora, cuando se ven alejados de las prebendas, han desempolvado el manido concepto de "gobierno de unidad nacional" que no es más que la capitulación a la obligación de hacer oposición.
El pueblo repartió el poder en la forma como ha quedado determinado en el escrutinio de los votos y su decisión debe ser respetada. Cualquier tipo de alianza que desfigure los resultados obtenidos, es una burla a la voluntad de los electores.
La "unidad nacional" que está propugnando la líder del arnulfismo, por otra parte, no es otra cosa que la invocación del silencio sepulcral, acallar a la oposición con toda clase de canonjías, convertir a la oposición en lo que se ha tenido a bien denominar "una leal oposición" y de lo que ya en diversas oportunidades los panameños hemos tenido experiencia. Una oposición que cuando Torrijos corrió a su alrededor a adular al dictador e igual hizo con Noriega. Hubo necesidad de una invasión al suelo patrio por los norteamericanos para que dieran la cara y ya todos sabemos de lo que fueron capaces. Es una oposición que sólo se activa cuando se aproxima el período electoral y en el ínterin se dedican a hacer méritos con el gobierno de turno para ser acreedor de sus favores. Esa "unidad nacional" no constituye más que una burda y escandalosa compra de conciencias. Eso se llama soborno y es ¡corrupción gubernamental!
Hemos visto a la líder del arnulfismo, desesperada, tratar de lograr la participación del PRD en su gobierno hasta el punto que ha expresado que no obstante la negativa que ha recibido de éstos insistirá, hasta el último momento, con la actual directiva o con Martín Torrijos, presunto disidente de la actual cúpula del partido PRD. Con quien la líder del partido arnulfista debe unirse y concretar una real unión nacional es con el pueblo, con esos ochocientos mil ciudadanos que votaron contra el PRD y sus medidas económicas, con los panameños olvidados que creyeron en su discurso electoral y que ahora debe cumplir.
La "unión nacional" que andan pregonando algunos políticos son alianzas artificiosas con la élite de los partidos políticos, ni siquiera con sus bases, y sólo pretenden satisfacer intereses mezquinos y no la solución de los problemas nacionales. La líder arnulfista debe y tiene la obligación de buscar y lograr una unión con el pueblo, con todos esos que creyeron en su discurso electoral, con aquellos que según ella le manifestaron, durante la campaña, que "estaban con ella porque la consideraban su única salvación y esperaban que no los defraudara". Con los panameños olvidados es que debe lograr una unión real y efectiva. Cualquiera otra unión implica el distanciamiento con el pueblo que llevó a la Presidencia a Doña Mireya. Es la unión de unos pocos en perjuicio de las grandes mayorías.
Siempre sospechamos que de ganar la candidata del arnulfismo nuestra actividad periodística sería extensa, por todo lo que expusimos durante la campaña, pero jamás supusimos que desde tan temprano, antes de la toma de posesión, estaríamos ya rivalizando o combatiendo actitudes oblicuas de la Presidenta Electa. Parece ser que nuestra faena será muy intensa, pero con el favor de Dios, contamos con la buena disposición y el vigor necesario.
El pueblo repartió el poder en la forma como ha quedado determinado en el escrutinio de los votos y su decisión debe ser respetada. Cualquier tipo de alianza que desfigure los resultados obtenidos, es una burla a la voluntad de los electores.
La "unidad nacional" que está propugnando la líder del arnulfismo, por otra parte, no es otra cosa que la invocación del silencio sepulcral, acallar a la oposición con toda clase de canonjías, convertir a la oposición en lo que se ha tenido a bien denominar "una leal oposición" y de lo que ya en diversas oportunidades los panameños hemos tenido experiencia. Una oposición que cuando Torrijos corrió a su alrededor a adular al dictador e igual hizo con Noriega. Hubo necesidad de una invasión al suelo patrio por los norteamericanos para que dieran la cara y ya todos sabemos de lo que fueron capaces. Es una oposición que sólo se activa cuando se aproxima el período electoral y en el ínterin se dedican a hacer méritos con el gobierno de turno para ser acreedor de sus favores. Esa "unidad nacional" no constituye más que una burda y escandalosa compra de conciencias. Eso se llama soborno y es ¡corrupción gubernamental!
Hemos visto a la líder del arnulfismo, desesperada, tratar de lograr la participación del PRD en su gobierno hasta el punto que ha expresado que no obstante la negativa que ha recibido de éstos insistirá, hasta el último momento, con la actual directiva o con Martín Torrijos, presunto disidente de la actual cúpula del partido PRD. Con quien la líder del partido arnulfista debe unirse y concretar una real unión nacional es con el pueblo, con esos ochocientos mil ciudadanos que votaron contra el PRD y sus medidas económicas, con los panameños olvidados que creyeron en su discurso electoral y que ahora debe cumplir.
La "unión nacional" que andan pregonando algunos políticos son alianzas artificiosas con la élite de los partidos políticos, ni siquiera con sus bases, y sólo pretenden satisfacer intereses mezquinos y no la solución de los problemas nacionales. La líder arnulfista debe y tiene la obligación de buscar y lograr una unión con el pueblo, con todos esos que creyeron en su discurso electoral, con aquellos que según ella le manifestaron, durante la campaña, que "estaban con ella porque la consideraban su única salvación y esperaban que no los defraudara". Con los panameños olvidados es que debe lograr una unión real y efectiva. Cualquiera otra unión implica el distanciamiento con el pueblo que llevó a la Presidencia a Doña Mireya. Es la unión de unos pocos en perjuicio de las grandes mayorías.
Siempre sospechamos que de ganar la candidata del arnulfismo nuestra actividad periodística sería extensa, por todo lo que expusimos durante la campaña, pero jamás supusimos que desde tan temprano, antes de la toma de posesión, estaríamos ya rivalizando o combatiendo actitudes oblicuas de la Presidenta Electa. Parece ser que nuestra faena será muy intensa, pero con el favor de Dios, contamos con la buena disposición y el vigor necesario.