default

&#191Hacia dónde va nuestro patrimonio histórico?


En el organigrama del Instituto Nacional de Cultura, la Dirección del Patrimonio Histórico ocupa un sitio relevante en virtud del tema que maneja y de las Leyes especiales (91 de conjuntos monumentales y 14 de bienes culturales) que rigen es funcionamiento.
Reina Torres de Araúz le imprimió espíritu y directriz. Su sola presencia de prestigio mundial era garantía de seriedad y profundas realizaciones. De las últimas cabe mencionar la "siembra de museos", los Simposios y Congresos de Antropología, Arqueología y Etnohistoria de Panamá que eventualmente nos congregaban para trazar lineamientos en tan trascendental objetivo y divulgar entre propios y extraños el fruto de nuestras investigaciones y hallazgos, la Revista de Patrimonio Histórico, la formación de personal especializado en estos menesteres, las excavaciones arqueológicas científicas en las cuales aquella panameña excepcional participaba activamente, la creación de las cátredras de Antropología, Física y Cultural y Etnohistoria de Panamá,... para qué seguir enumerando. En un momento existió una escuela inspirada en los más altos ideales nacionalistas a través del prisma de la cultura.
Hoy, parece que todo ese bullir intelectual ha caído en el vacío. El Patrimonio Histórico va a la deriva y se tiene la tendencia a olvidar que el haber histórico y cultural afianza más que ningún otro la identidad de la Nación.
Los vaivenes políticos de la institución, cambios frecuentes en la Dirección General, nombramiento inconsulto de personal ajeno a esta actividad o destitución del idóneo están dando al traste con los objetivos específicos, valorativos y legales, que deben animar esa instancia trascendental del ente oficial encargado de regir el desarrollo cultural del Estado panameño, cuyo exclusivo destinatario es el pueblo y nadie más.
Algunas muestras de este triste aserto, helas aquí: el Museo Antropológico de la Plaza 5 de Mayo está cerrado hace más de dos años. Una interminable remodelación que, de ser cierta y por tan extenso lapso, lo convertirán en un "pequeño Louvre" sin horizonte previsto de reapertura, privándonos de sus aleccionador contenido de inapreciable riqueza.
Están paralizadas las investigaciones de campo y de gabinete que otrora tuvieron excelentes resultados y acogida.
Los restantes Museos de la ciudad capital y de provincias languidecen sin presupuesto propio que les permita actualizar sus montajes museográficos, mantener adecuadamente los inmuebles o adquirir objetos y piezas históricas significativas.
La Iglesia de San Francisco de la Montaña en Veraguas amenaza ruina. Unica en su género, se impone un trabajo de conservación de la estructura y de los altares tallados a fin de que su impar belleza no desaparezca por negligencia o incuria.
El control arqueológico es exiguo en recursos humanos y financieros. Entre tanto, la "huaquería" hace su agosto con el tráfico ilegal de piezas insustituibles que son acaparadas por coleccionistas privados en Panamá y fuera de nuestras fronteras. Para detener el comercio ilícito de objetos precolombinos es impostergable actualizar la Ley 14 de 1982 en el sentido de otorgarle mayor autoridad al INAC en colaboración con las autoridades de aduana y policía.
Los Patrones representan un apoyo laudable en la tarea de preservar nuestra identidad cultural, pero la inoperancia flagrante del Estado y su renuencia a invertir en este rubro desembocará en que los grupos de ayuda asuman una labor básicamente estatal como también lo son la salud, caminos, educación y otros servicios ineludibles. Al fin y al cabo, la cultura es la salud espiritual del pueblo, su camino y evolución durante siglos. Hay que educar en cultura, pero al unísono, la cultura está llamada a ser fundamentalmente educativa, léase, forjadora de sensibilidad y conciencia de los rasgos exclusivos del hombre panameño de hoy y de mañana como resultado directo de su milenario tránsito por el tiempo.
El Patrimonio Histórico ha de promover con empeño una Ley de conjuntos monumentales: Panamá Viejo, Portobelo, San Felipe y otros deben ser protegidos para que conserven su fisonomía y sean lecciones inalterables de historia, unida al incentivo turístico y atributos arquitectónicos singulares.
En la actual vigencia presupuestaria, sólo 17 mil balboas fueron asignados al Patrimonio Histórico, suma irrisoria. No hay cabida para las inversiones ni renovación urgente de cuanto esa Dirección abarca. Está lejano el Museo Regional de Veraguas en Santiago. Mi administración dejó el edificio habilitado y el guión museográfico, hasta hoy con nulo resultado.
Los Congresos han sido suprimidos; la Revista ya no se edita. Hay que volver los ojos a Reina Torres, la ejemplar maestra de nacionalismo cultural y hacer un esfuerzo descomunal para que el Patrimonio Histórico recobre su prestigio, dinamismo y mística de realizaciones. No podemos entrar el siglo XXI debilitados en este renglón, el siglo de nuestra total soberanía sobre el territorio y el principal recurso natural, la posición geográfica en el mapa americano.
Permítaseme concluir con una sentencia lapidaria que Reina pronunció hace muchos años y que tiene vigencia impresionante: "la cultura nacional... es el producto y el hacer cultural de aquella, de la Nación; es su esencia y su rostro".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América