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&#191Para qué desea la oposición llegar al poder?


En reiteradas oportunidades, últimamente, nos hemos referido a la oposición. Sé que no ha sido del agrado de muchos lo que hemos expresado, pero bueno... los intereses mayoritarios son prioritarios. Es menester, sin embargo, aclarar que no estamos propugnando necesariamente por un cambio de personajes dentro de la política. ¡No! No hay nada personal. Por lo que abogamos es por un cambio de comportamiento que no necesariamente involucra lo primero. Pero si no ocurre, entonces habrá irremisiblemente que reemplazarlos a todos.
Los partidos políticos, en general y sobre todo los de oposición, como bien dice el senador de Brasil, Espiridia Amin, en el libro "Partidos Políticos, Gestión Estratégica", deben representar en forma fidedigna los instrumentos de garantía y práctica de la acción política de los ciudadanos. Ellos nacieron para ser voceros y defensores de los problemas comunitarios y han degenerado a tal punto que sólo se dedican a defender sus intereses clientelistas y electoreros. Para ellos la democracia es el juego que les permite sacar el mayor pedazo del "cake" en puestos y otras prebendas. Se han convertido en entes anacrónicos, carentes de liderazgo y vacío de propuestas por su falta de visión. No en más allá que el borde del plato que tienen en frente. De allí el desprestigio e incredibilidad de que gozan. El haber reducido el debate a un simple mecanismo de ganar elecciones con el fin de defender y hacerse de privilegios está llevando a la gente a despreciarlos y ha originado el abstencionismo, el voto castigo y, en forma extrema, los movimientos guerrilleros en algunos países. Y es que eso es lo que ocurre cuando los partidos políticos se alejan de los ciudadanos y desnaturalizan su razón de ser. Al olvidar su razón de ser y dejar de ser foros del intercambio de ideas y propósitos, la gente se aparta de ellos y busca caminos alternos.
Cada vez más los partidos de la oposición, nos dice uno de los exponentes en el debate sobre los partidos políticos, con su notoria preocupación de salvaguarda de los intereses elitistas se "comienzan a ver como muros que se interponen entre el Estado y la sociedad, antes que como puentes que los ponen en contacto". Crece la sensación de que los partidos se interesan mucho más en el Estado antes que en la sociedad, como si toda su atención estuviera concentrada en cómo llegar al poder, antes que preguntarse para qué.
Los partidos de la oposición se han encerrado sobre sí mismos, han puesto candados en las puertas del sistema y se proclaman como una clase diferente. La clase política. Una clase política que no tiene otro objetivo que su propio poder y muchísimas veces el enriquecimento personal de sus miembros que coloca en peligro a la propia democracia. Los destinos del país están en manos de los políticos y por la muestra, francamente muy poco pueden ofrecernos esta oposición que siempre calla ante las interpelaciones que se le formulan de ¿para qué desean llegar al poder? Carecen de una visión de destino común, de allí su incapacidad de comunicar sus programas, su plataforma o planes de gobierno.
Todavía estamos a tiempo y puede ocurrir un cambio en la perspectiva de la oposición que debe entender que el país requiere de hombres políticos creativos, honestos y capaces de presentar resultados porque eso es la política de hoy día. Requerimos menos proselitismo, menos discursos vacíos y más creatividad. Sólo así el pueblo podrá recuperar el respeto y credibilidad en la oposición. Es menester que la oposición le diga a la ciudadanía cuál es su compromiso y cómo garantizará la libertad individual; cómo combatirá humillantes desigualdades que constantemente se hacen mayores entre panameños; de qué forma mejorarán e incrementarán los servicios de la educación, salud y vivienda; cómo crearán nuevos empleos; cuál será su comportamiento frente a la pequeña y mediana empresa; cómo resolverán la violencia que se da en nuestras calles; cómo se distribuirán las tierras y bienes revertidos del área canalera; cómo procederán a la distribución de la renta nacional con salarios dignos; qué política seguirán en torno a las privatizaciones y al pago de la deuda externa. Eso es lo que los ciudadanos nos interesa conocer.
Los partidos políticos de oposición no pueden ser oposición a los intereses mayoritarios de la ciudadanía, como pareciera ocurrir en nuestro medio. Los que son de oposición deben disentir y tienen la obligación de ofrecer esperanza con base a propuestas coherentes, mostrar una visión, crear una alternativa y plantear soluciones. Queremos un Estado Nación real y no un Estado conformado por políticos que deforman el proceso y convierten las campañas electorales en subastas donde el voto es vendido a cambio de favores banales. Si esta pérdida de legitimidad continúa los partidos no podrán garantizar gobernabilidad y muy pronto estaremos asistiendo a su réquiem, concluyen en sus apreciaciones muchos de los participantes del aludido debate.

101 años de Panamá América

 
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