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&#191Pasaportes internos en Estados Unidos?


Solíamos horrorizarnos al enterarnos que los rusos necesitaban pasaportes y permisos especiales de la policía para viajar dentro de la Unión Soviética. Pero resulta que hoy en día, si usted tiene aspecto latino, mejor es que lleve su pasaporte para probar su nacionalidad cuando viaja dentro Estados Unidos pero cerca de la frontera con México. No sucede lo mismo si se acerca a la frontera canadiense.
Hace poco visité a mi pueblo natal, Laredo, Texas. En el lado norte del puente internacional, que conecta a Laredo con la ciudad mexicana de Nuevo Laredo, están los funcionarios americanos de inmigración, que paran e interrogan a los viajeros. Pero en el propio Laredo, sin cruzar frontera alguna, creí que no tendría que preocuparme por esos funcionarios entrometidos. Estaba equivocado.
De regreso a Virginia, luego de pasar el detector de metales en el aeropuerto de Laredo y antes de abordar el avión, un funcionario de inmigración paró a cada pasajero para averiguar si éramos ciudadanos norteamericanos.
Sorprendido, conversé con otro pasajero, un mexicanoamericano, quien me aseguró que jamás se atreve a acercarse a la frontera sin su pasaporte de Estados Unidos y, cuando pasa por el aeropuerto de Laredo se asegura de estar bien vestido, no vayan a confundirlo con un ilegal.
Algo parecido les pasa a los automovilistas en la carretera 35. A unos 55 kilómetros al norte de Laredo, después de pasar una loma, el viajero encuentra repentinamente una estación de requisa inmigratoria. Da la impresión que uno está entrando a un país extranjero. Hay que disminuir la velocidad y prepararse para un interrogatorio respecto a la nacionalidad de los ocupantes del automóvil.
Y, adivine ¿quiénes suelen tener que comprobar la ciudadanía a esos escépticos funcionarios de inmigración?. Correcto: los estadounidenses de tez más oscura, no muy bien vestidos y con un auto viejo.
En Laredo tengo una buena amiga, una señora mayor que trabaja como servicio doméstico. Aunque es ciudadana americana, nacida en Texas, sus padres eran mexicanos. María no habla inglés. De vez en cuando, ella viaja en autobús a San Antonio. Dice que siempre lleva su comprobante de ciudadanía porque los funcionarios en la estación de inmigración, al norte de Laredo, a menudo abordan el autobús y lo exigen a los pasajeros, quienes suelen ser gente pobre de ascendencia mexicana.
En mi viaje de vuelta por avión, le pregunté a otro pasajero si protestan ese tratamiento tan ofensivo y degradante. Me contestó: "No, los hispanos generalmente no cuestionan los abusos de autoridad".
Hay que hacerlo. ¿Por qué un ciudadano tiene que andar probando su nacionalidad a las autoridades de su propio país? ¿Por qué han de llevar pasaporte en las ciudades fronterizas los que son trigueños o hablan con acento? ¿Por qué verse presionados a modificar su manera de vestir?
Una de las características de la vida en Estados Unidos siempre ha sido el derecho a viajar, a obtener empleo y a comerciar por toda la nación.
Esto de "pasaportes internos" es una mancha a nuestra honorable tradición de libertades individuales. Igual como sucedió en la Unión Soviética, hay que exigirle a los políticos que acaben con esos abusos.

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