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&#191Qué hacemos con el Darién?


En el reciente debate organizado por ILDEA sobre las posturas en materia de política exterior, los voceros de los tres candidatos presidenciales expusieron puntos de vista que, confrontados con la incertidumbre e indefinición del actual gobierno sobre el Darién, se yerguen como aportes sensatos y constructivos. Quedó en claro que, aunque el territorio darienita está bajo la soberanía panameña, debe plantearse como una problemática binacional con la participación principal de Colombia.
Durante los gobiernos de Endara de Panamá y Gaviria de Colombia, se creó la comisión de vecindad panameño-colombiana con el objetivo de encarar temas de interés común en diversos órdenes. La comisión de vecindad, en la medida que posee carácter bilateral, es el cauce apropiado para ventilar y despejar responsabilidades en la frontera darienita. Los panameños estamos amarrados, en este tema conflictivo, a los colombianos, porque la guerrilla es colombiana y sus acciones se generan en territorio colombiano y desde allí se extienden a territorio panameño.
En consecuencia, mientras no se solucionen los problemas colombianos en torno a la subversión en esa área específica por lo menos, el Darién panameño continuará siendo una zona insegura e inestable, permanentemente acechada por la subversión, el narcotráfico y la inmigración laboral.
La sugerencia de integrar a Panamá al grupo de países amigos de Colombia nos permitiría concurrir tanto a la pacificación del país vecino como a la consolidación de la seguridad del Darién panameño. Ayudando a Colombia en este caso, nos ayudamos a nosotros mismos. Por supuesto, esto no significa que nos crucemos de brazos, a la espera de la culminación de las negociaciones entre el gobierno de Pastrana y los grupos subversivos.
Nos concierne diseñar una política específica de desarrollo de Darién, convirtiéndolo en lo que los planificadores denominan "frontera viva", esto es un conjunto de programas viales, agrícolas, ecológicos, educativos, que rompan el aislamiento de la región y la integren realmente a la comunidad nacional. Debemos hacer esto sin tardanza, antes que se agrave más la pérdida de la identidad nacional y la zona se transforme en una tierra de nadie. Empecemos abriendo un foro de discusión nacional sobre el Darién, con la participación de figuras como Monseñor Emiliani, cuyo conocimiento de la región y cuyo celo darienita no puede ponerse en duda por cálculo político momentáneo. Rompamos el círculo vicioso de ataques y acusaciones y pongámonos a trabajar en serio por la recuperación del Darién.


101 años de Panamá América

 
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