¿Qué nos pasa?
A veces, no me queda más remedio que hacerme esa pregunta tan inquietante. Y es que, en algunas ocasiones, no alcanzo a comprender la reacción o la falta de reacción de los medios de comunicación (como generadores de opinión) y de la ciudadanía en general.
El pasado 2 de marzo de 1998, fui habilitado para participar en la Sesión Ordinaria de la Asamblea Legislativa que se desarrolló ese día. Desde antes de llegar al Parlamento, tenía en mente que debía revisar el Acta de la Seción Ordinaria del día 30 de diciembre del año pasado, la cual iba a ser sometida a nuestra consideración, porque no pudo ser aprobado en la legislatura ordinaria inmediatamente anterior.
Para los que la recuerden, ese día el 30 de diciembre de 1997, se dio el Segundo Debate al Proyecto de ley que otorgaba facultades extraordinarias al Organo Ejecutivo. En ese entonces, se suscitó un lamentable y preocupante incidente, cuando el Legislador Benedetti, aproximadamente a las 3:35 p.m., solicitó que se informase por secretaría a qué hora se había iniciado la sesión. A dicha inquietud, el Subsecretario General de la Asamblea, el señor Dídimo Escobar, contestó afirmando una falsedad, esto es, señalando que la sesión había comenzado a las 11:40 a.m., cuando en realidad había comenzado a las 10:30 de la mañana.
¿Por qué un funcionario de tal jerarquía en la Asamblea se corrió el riesgo de certificar una falsedad? Simple y sencillamente, porque si decía la verdad, ello significaba que ya habían transcurrido más de cuatro horas de sesión sin que nos declarásemos en sesión permanente, por lo que debía darse por concluida la misma. ¿Qué consecuencias conllevaba tal acción? Pues que el 30 de diciembre no podría darse el segundo debate al Proyecto de Ley de facultades extraordinarias y como es constitucionalmente imposible hacer dos debates en un solo día, ello significaba que ya no podría aprobarse en segundo y tercer debate el otorgamiento de facultades exigido por el Ejecutivo, puesto que sólo quedaba por delante el 31 de diciembre. Como es lógico imaginarse, si eso hubiera pasado, se habría desatado toda la furia del Presidente Pérez Balladares sobre sus colaboradores en la Asamblea Legislativa, por no ser capaces de evitar ese tipo de situaciones.
Con lo anterior en mente, era mucha mi ansiedad por saber qué triquiñuela iban a emplear los señores del PRD para salir del embrollo en que se habían metido, para salvar la cara ante el Presidente. Lo único que podrían hacer era continuar con su mentira o aceptar la verdad, lo que podría conllevar que la Corte declare inconstitucional, por vicios de procedimientos, la Ley que otorgó facultades extraordinarias al Ejecutivo y por ende, que resultasen igualmente inconstitucionales los Decretos Leyes adoptados en cumplimiento de dicha Ley.
Escogieron lo primero. En el Acta que sometieron a nuestra consideración, se dice que el segundo llamado del día 30 de diciembre de 1997 se inició a las 11:40 de la mañana.
Afortunadamente, el segundo orador en el Segundo Debate del Proyecto de Ley No.76 (facultades extraordinarias), el Legislador Alberto Cigarruista, al iniciar su intervención, afirmó lo siguiente: "...Entonces, para que vayamos claritos, son las 12:07 p.m. y me acaba de poner la luz verde, señor Presidente". Esto nos permite analizar, con objetividad, quién dice la verdad. Y es que si la sesión inició a la hora que dice el Acta en cuestión, ello significa que de las 11:40 a.m. a las 12.07 del mediodía, es decir, en veintisiete minutos, se agotaron los siguientes puntos:
1. Llamado a lista de los legisladores
2. Lectura del Orden del Día
3. Lectura de Correspondencia
4. Alteración del Orden del Día, solicitada por el Legislador Sanjur y aprobación de la misma
5. Período de incidencias
6. Lectura del Informe de la Comisión de Gobierno sobre el Poyecto de Ley No.76
7. Lectura del Proyecto de Ley No.76
8. Intervención del suscrito como primer orador del Segundo Debate.
Si hacemos el ejercicio de leer la transcripción que se hace en el Acta, nos daremos cuenta que la lectura de esa página, lleva más de veintisiete minutos. Es más, puedo asegurarles que sólo mi intervención llevó más de veinte minutos. Pero eso será fácil de determinar al escuchar las cintas magnetofónicas o de video que deben existir en torno a dicha sesión, copia de las cuales no nos han querido facilitar en Secretaría General. Así que, evidentemente, quienes elaboran el Acta, lo hicieron a sabiendas de que están falseando la hora de inicio de la Sesión Ordinaria del 2 de marzo de 1998.
El Acta de toda sesión es suscrita por el Presidente y el Secretario General de la Asamblea. Para ambos, lo actuado podría conllevar responsabilidad penal. Ni me preocupo en esperar que el Procurador General de la Nación inicie la investigación de algo tan serio, como lo es la falsificación de un Acta de la Asamblea Legislativa, pues en las prioridades de este funcionario, eso tiene menos importancia que la música de un toldo que importuna su sueño.
Pero vuelvo a mi pregunta inicial: ¿qué nos pasa? ¿Por qué no reaccionamos? Al día siguiente del 2 de marzo, ningún medio de comunicación escrito cubrió la denuncia hecha en la Asamblea Legislativa, por lo que debo entender que no es noticia que funcionarios de tal jerarquía se atrevan a mentir tan abierta y descaradamente. Parece que hemos alcanzado niveles altísimos de cinismo y que nada nos escandaliza. Por mal camino vamos, si no comenzamos a cambiar esa actitud de indiferencia ante la mentira y la corrupción.
El pasado 2 de marzo de 1998, fui habilitado para participar en la Sesión Ordinaria de la Asamblea Legislativa que se desarrolló ese día. Desde antes de llegar al Parlamento, tenía en mente que debía revisar el Acta de la Seción Ordinaria del día 30 de diciembre del año pasado, la cual iba a ser sometida a nuestra consideración, porque no pudo ser aprobado en la legislatura ordinaria inmediatamente anterior.
Para los que la recuerden, ese día el 30 de diciembre de 1997, se dio el Segundo Debate al Proyecto de ley que otorgaba facultades extraordinarias al Organo Ejecutivo. En ese entonces, se suscitó un lamentable y preocupante incidente, cuando el Legislador Benedetti, aproximadamente a las 3:35 p.m., solicitó que se informase por secretaría a qué hora se había iniciado la sesión. A dicha inquietud, el Subsecretario General de la Asamblea, el señor Dídimo Escobar, contestó afirmando una falsedad, esto es, señalando que la sesión había comenzado a las 11:40 a.m., cuando en realidad había comenzado a las 10:30 de la mañana.
¿Por qué un funcionario de tal jerarquía en la Asamblea se corrió el riesgo de certificar una falsedad? Simple y sencillamente, porque si decía la verdad, ello significaba que ya habían transcurrido más de cuatro horas de sesión sin que nos declarásemos en sesión permanente, por lo que debía darse por concluida la misma. ¿Qué consecuencias conllevaba tal acción? Pues que el 30 de diciembre no podría darse el segundo debate al Proyecto de Ley de facultades extraordinarias y como es constitucionalmente imposible hacer dos debates en un solo día, ello significaba que ya no podría aprobarse en segundo y tercer debate el otorgamiento de facultades exigido por el Ejecutivo, puesto que sólo quedaba por delante el 31 de diciembre. Como es lógico imaginarse, si eso hubiera pasado, se habría desatado toda la furia del Presidente Pérez Balladares sobre sus colaboradores en la Asamblea Legislativa, por no ser capaces de evitar ese tipo de situaciones.
Con lo anterior en mente, era mucha mi ansiedad por saber qué triquiñuela iban a emplear los señores del PRD para salir del embrollo en que se habían metido, para salvar la cara ante el Presidente. Lo único que podrían hacer era continuar con su mentira o aceptar la verdad, lo que podría conllevar que la Corte declare inconstitucional, por vicios de procedimientos, la Ley que otorgó facultades extraordinarias al Ejecutivo y por ende, que resultasen igualmente inconstitucionales los Decretos Leyes adoptados en cumplimiento de dicha Ley.
Escogieron lo primero. En el Acta que sometieron a nuestra consideración, se dice que el segundo llamado del día 30 de diciembre de 1997 se inició a las 11:40 de la mañana.
Afortunadamente, el segundo orador en el Segundo Debate del Proyecto de Ley No.76 (facultades extraordinarias), el Legislador Alberto Cigarruista, al iniciar su intervención, afirmó lo siguiente: "...Entonces, para que vayamos claritos, son las 12:07 p.m. y me acaba de poner la luz verde, señor Presidente". Esto nos permite analizar, con objetividad, quién dice la verdad. Y es que si la sesión inició a la hora que dice el Acta en cuestión, ello significa que de las 11:40 a.m. a las 12.07 del mediodía, es decir, en veintisiete minutos, se agotaron los siguientes puntos:
1. Llamado a lista de los legisladores
2. Lectura del Orden del Día
3. Lectura de Correspondencia
4. Alteración del Orden del Día, solicitada por el Legislador Sanjur y aprobación de la misma
5. Período de incidencias
6. Lectura del Informe de la Comisión de Gobierno sobre el Poyecto de Ley No.76
7. Lectura del Proyecto de Ley No.76
8. Intervención del suscrito como primer orador del Segundo Debate.
Si hacemos el ejercicio de leer la transcripción que se hace en el Acta, nos daremos cuenta que la lectura de esa página, lleva más de veintisiete minutos. Es más, puedo asegurarles que sólo mi intervención llevó más de veinte minutos. Pero eso será fácil de determinar al escuchar las cintas magnetofónicas o de video que deben existir en torno a dicha sesión, copia de las cuales no nos han querido facilitar en Secretaría General. Así que, evidentemente, quienes elaboran el Acta, lo hicieron a sabiendas de que están falseando la hora de inicio de la Sesión Ordinaria del 2 de marzo de 1998.
El Acta de toda sesión es suscrita por el Presidente y el Secretario General de la Asamblea. Para ambos, lo actuado podría conllevar responsabilidad penal. Ni me preocupo en esperar que el Procurador General de la Nación inicie la investigación de algo tan serio, como lo es la falsificación de un Acta de la Asamblea Legislativa, pues en las prioridades de este funcionario, eso tiene menos importancia que la música de un toldo que importuna su sueño.
Pero vuelvo a mi pregunta inicial: ¿qué nos pasa? ¿Por qué no reaccionamos? Al día siguiente del 2 de marzo, ningún medio de comunicación escrito cubrió la denuncia hecha en la Asamblea Legislativa, por lo que debo entender que no es noticia que funcionarios de tal jerarquía se atrevan a mentir tan abierta y descaradamente. Parece que hemos alcanzado niveles altísimos de cinismo y que nada nos escandaliza. Por mal camino vamos, si no comenzamos a cambiar esa actitud de indiferencia ante la mentira y la corrupción.