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&#191Qué pasó con la justicia?


Se dice que ser justo es propio de ser honesto. Luego debemos colegir que lo que no es justo es deshonesto. En estos días escuché una noticia radial donde se comentaba que dos ciudadanos de origen europeo habían sido detenidos en uno de los países de la Comunidad Europea, mientras trataban de introducir más de cien kilos de drogas ilegales. Se decía que la guardia costera había abordado el velero donde se transportaban los alucinógenos y que incluso en el juicio posterior éstos habían confesado su responsabilidad en el ilícito, por lo cual se les condenó a varios años de prisión. Sin embargo aquí se basa lo medular de la noticia. Dos años después de la condena, un juez dictaminó que los procedimientos utilizados por las autoridades, que confiscaron la mercancía, no estaban contemplados dentro de la ley y que aún con la confesión de los detenidos, no se podía mantener el fallo anterior de la Corte y ordenó la libertad inmediata y la desestimación de la aceptación escrita de culpabilidad.
También es de dominio público que a asesinos confesos, a narcotraficantes condenados, así como a estafadores y ladrones de toda índole, se les rebaja la pena, e incluso se les elimina las mismas, si sirven de testigos para condenar a otros delincuentes. Todo esto se da en los llamados países industrializados y con pleno conocimiento de los grandes eruditos de las leyes.
Así vemos cómo los grandes consorcios, industriales y comerciales se ponen en manos de también grandes consorcios de abogados, para que les atiendan cualquier posible reclamo, grande o pequeño, lo importante es evitar o al menos disminuir la responsabilidad que les pueda caber por algún descuido o acto que resulte en daños físicos o materiales a terceros.
Se supone que las leyes fueron dictadas por los hombres para proteger a los honestos de los delincuentes, pero en la práctica, pareciera ser que las leyes son utilizadas por los deshonestos para explotar a las personas honradas.
¿En qué instante se trastocaron los valores humanos de honestidad, decencia, respeto mutuo, responsabilidad?
¿En realidad pretendemos convivir pacífica y armoniosamente, dentro de una sociedad irrespetuosa del derecho ajeno?
¿Hasta cuándo seguiremos patrocinando con nuestra apatía a los "bien cuidado", que sabemos que no cuidan nada; a los que se autodenominan dueños de calles, aceras y estacionamientos, quienes sólo permiten estacionar a quienes les pagan por dejar sus autos donde éstos les indican?
Es que no queremos darnos cuenta que en la medida en que conscientemente violemos la ley o permitamos (en el caso de las autoridades), que otros las incumplan estamos contribuyendo al caos, a la anarquía, al mare mágnum reinante en el tráfico vehicular. Cada cual conduce a su antojo, sobre las aceras, estacionando en esquinas en los parques y a las entradas de garages; no parece haber límite al desorden comunitario; todos lo vivimos y sufrimos, pero pretendemos que sean otros quienes cumplan con la ley, pues yo solo no soy problema ni solución, son los demás los responsables exclusivos. La justicia empieza y termina cuando yo acate las leyes, o deje de hacerlo.
Cada uno de nosotros es el yo responsable de las injusticias del mundo actual. Si quiero que la justicia prevalezca, yo debo ser justo, yo debo ser honesto, no existe otro responsable, no sigamos buscando a quien no existe, pues ese soy yo.

101 años de Panamá América

 
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