1999: El último guardián del siglo XX
Oiga, sí, con usted, el de las cabezas redondas, no se haga el sordo, usted mismo, el que parece un triple seis al revés, con un tallarín al inicio, y por favor, no se venga a quejar de su figura divertida, ya que esperó 1999 años para presentarse al final de nuestras ilusiones y esperanzas en el umbral del tercer milenio para poner punto final al mentado siglo XX.
Aproveche, si a penas es, cuatro, cinco o seis de enero, y usted es un nonato, un recién nacido, ni siquiera puede enseñar los dientes. Eso sí, no llore antes de tiempo, trate de afirmarse en medio del aguacero, porque siguen las lluvias y al parecer continuarán.
El siglo que usted deja, cuando bote la última hoja del calendario otoñal, el que está pariendo en los primeros días del año, tiene mucho de sangre, dolor y lágrimas, como dijera el británico del puro, Sir Winston Churchill, y lo recordara este primero de enero el Papa Juan Pablo II, al calificar el siglo como del holocausto.
El hombre, amigo 99, no ha pasado el examen de los derechos humanos. Sí tiene esta materia pendiente y la ha reprobado una, mil y un millón de veces a lo largo de nuestra precaria, hostil y repetitiva historia humana, que al poder absoluto le gusta convertir en conejillo de indias a una parte de la humanidad.
Le recomiendo que mire hacia atrás, usted puede hacerlo, tiene casi dos mil años de memoria occidental cristiana, eche un numerito, perdón, un ojito atrás y verá que palabras más o menos, debiéramos de estar de acuerdo en que hemos avanzado "sobre el cadáver de nuestro enemigo", sobre cementerios, tumbas, miseria, sufrimiento, familias destruidas, desaparecidos, torturados, sin asco, ni ley, ni remordimientos, ni deseos de pedir perdón para reconciliarnos.
No todo ha sido como vaticinara el tango, Siglo XX, cambalache, el mundo es y será una porquería/ya lo sé, pero la letra como que pegó en la realidad, hizo fama y no se echó a dormir, más bien se consolidó y se hizo universal.
En nuestra América, el terror y el horror adquirieron verdadera personería jurídica a través de la llamada teoría de la Seguridad del Estado y el hombre descendió a las cavernas de la animalidad, repitiendo el ciclo de su origen en pleno siglo XX.
Sí, haga memoria, y usted aún está a tiempo de enmendar la plana en el tiempo que nos queda para dar vuelta la hoja, la página del segundo milenio con honor, dignidad, valentía, y trazar un camino de respeto para el hombre en esta humanidad aún deshumanizada, como si no le perteneciera y él fuera ajeno a su propia historia.
Es que ni siquiera respetamos a la naturaleza, la fuente de nuestra vida y también pozo de recursos para perpetuar nuestra especie. Ella, más antigua y más perfecta que nosotros, sincronizada, paciente, divina, nos observa desde su soleada perspectiva, y a través de la sombra de su espeso follaje, nos envía mensajes una y otra vez, pero nuestra sordera tiene la visión ciega del suicida.
No se ufane, usted amigo 1999, ha llegado al umbral, a la antesala del milenio con más responsabilidades de las que parece reconocer, y no se vaya a creer que cumplirá una función de tapón o de borrón y cuenta nueva, o como Poncio Pilatos, volverse a lavar las manos y aquí no ha pasado nada.
Trae apuros este señor por concluir una época e iniciar un cambio civilizatorio, donde algunos consideran que la materia prima mágica del siglo XXI serán los genes, milenio de la ciencia, tecnología y del conocimiento en una palabra, más que anunciado en esta última década, donde usted señor 99 es el eslabón de la última cadena del segundo milenio: fin de un ciclo, de un tiempo que se hace polvo en el reloj de arena de la humanidad.
Cada uno de nosotros tendrá su propia lista para este año, una agenda personal, -íntima- familiar y colectiva donde ocupan un sitial importante el país y el mundo, cada día menos ancho y ajeno, y tan vinculado a este istmo, camino de todas las cruces y eslabón de los mares, tránsito permanente de personas, mercancías y aves.
Pareciera un final de siglo hecho a la medida de Panamá, de sus retos- responsabilidades- desafíos, esperanzas y oportunidades, por el esfuerzo colectivo de imaginación y realizaciones que demandará al pequeño istmo de tres millones de habitantes al concluir el siglo.
La República nace con la centuria y al concluir el siglo, de todos nosotros dependerá, que no se cumplan cien años de soledad.
Se abre un inmenso abanico, como un arcoiris, de posibilidades, esperanzas y extraordinarias responsabilidades como en ninguna otra época.
Oportunidad única en un siglo, la historia se repite, pero no nos deja bañarnos dos veces sobre un mismo río.
Cada uno con sus propias conclusiones: ha llegado la hora de la recta final, con sus accidentadas curvas, temores, dudas, incertidumbres, pero la meta no se resiste a esperar más que el minuto preciso de nuestra llegada.
Aproveche, si a penas es, cuatro, cinco o seis de enero, y usted es un nonato, un recién nacido, ni siquiera puede enseñar los dientes. Eso sí, no llore antes de tiempo, trate de afirmarse en medio del aguacero, porque siguen las lluvias y al parecer continuarán.
El siglo que usted deja, cuando bote la última hoja del calendario otoñal, el que está pariendo en los primeros días del año, tiene mucho de sangre, dolor y lágrimas, como dijera el británico del puro, Sir Winston Churchill, y lo recordara este primero de enero el Papa Juan Pablo II, al calificar el siglo como del holocausto.
El hombre, amigo 99, no ha pasado el examen de los derechos humanos. Sí tiene esta materia pendiente y la ha reprobado una, mil y un millón de veces a lo largo de nuestra precaria, hostil y repetitiva historia humana, que al poder absoluto le gusta convertir en conejillo de indias a una parte de la humanidad.
Le recomiendo que mire hacia atrás, usted puede hacerlo, tiene casi dos mil años de memoria occidental cristiana, eche un numerito, perdón, un ojito atrás y verá que palabras más o menos, debiéramos de estar de acuerdo en que hemos avanzado "sobre el cadáver de nuestro enemigo", sobre cementerios, tumbas, miseria, sufrimiento, familias destruidas, desaparecidos, torturados, sin asco, ni ley, ni remordimientos, ni deseos de pedir perdón para reconciliarnos.
No todo ha sido como vaticinara el tango, Siglo XX, cambalache, el mundo es y será una porquería/ya lo sé, pero la letra como que pegó en la realidad, hizo fama y no se echó a dormir, más bien se consolidó y se hizo universal.
En nuestra América, el terror y el horror adquirieron verdadera personería jurídica a través de la llamada teoría de la Seguridad del Estado y el hombre descendió a las cavernas de la animalidad, repitiendo el ciclo de su origen en pleno siglo XX.
Sí, haga memoria, y usted aún está a tiempo de enmendar la plana en el tiempo que nos queda para dar vuelta la hoja, la página del segundo milenio con honor, dignidad, valentía, y trazar un camino de respeto para el hombre en esta humanidad aún deshumanizada, como si no le perteneciera y él fuera ajeno a su propia historia.
Es que ni siquiera respetamos a la naturaleza, la fuente de nuestra vida y también pozo de recursos para perpetuar nuestra especie. Ella, más antigua y más perfecta que nosotros, sincronizada, paciente, divina, nos observa desde su soleada perspectiva, y a través de la sombra de su espeso follaje, nos envía mensajes una y otra vez, pero nuestra sordera tiene la visión ciega del suicida.
No se ufane, usted amigo 1999, ha llegado al umbral, a la antesala del milenio con más responsabilidades de las que parece reconocer, y no se vaya a creer que cumplirá una función de tapón o de borrón y cuenta nueva, o como Poncio Pilatos, volverse a lavar las manos y aquí no ha pasado nada.
Trae apuros este señor por concluir una época e iniciar un cambio civilizatorio, donde algunos consideran que la materia prima mágica del siglo XXI serán los genes, milenio de la ciencia, tecnología y del conocimiento en una palabra, más que anunciado en esta última década, donde usted señor 99 es el eslabón de la última cadena del segundo milenio: fin de un ciclo, de un tiempo que se hace polvo en el reloj de arena de la humanidad.
Cada uno de nosotros tendrá su propia lista para este año, una agenda personal, -íntima- familiar y colectiva donde ocupan un sitial importante el país y el mundo, cada día menos ancho y ajeno, y tan vinculado a este istmo, camino de todas las cruces y eslabón de los mares, tránsito permanente de personas, mercancías y aves.
Pareciera un final de siglo hecho a la medida de Panamá, de sus retos- responsabilidades- desafíos, esperanzas y oportunidades, por el esfuerzo colectivo de imaginación y realizaciones que demandará al pequeño istmo de tres millones de habitantes al concluir el siglo.
La República nace con la centuria y al concluir el siglo, de todos nosotros dependerá, que no se cumplan cien años de soledad.
Se abre un inmenso abanico, como un arcoiris, de posibilidades, esperanzas y extraordinarias responsabilidades como en ninguna otra época.
Oportunidad única en un siglo, la historia se repite, pero no nos deja bañarnos dos veces sobre un mismo río.
Cada uno con sus propias conclusiones: ha llegado la hora de la recta final, con sus accidentadas curvas, temores, dudas, incertidumbres, pero la meta no se resiste a esperar más que el minuto preciso de nuestra llegada.