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2005: Año de esperanza


LAS SIMPLES promesas no tienen ya cabida ante una esperanza pragmática que espera respuestas reales...
La mayoría de los panameños entran al 2005 con la esperanza de que las promesas que escucharon en campaña política durante las elecciones generales, puedan ser cumplidas por el bien de todos. Los que votaron por el Sr. Presidente de la República, Martín Torrijos, y también aquellos que no lo hicieron, tienen grandes expectativas, pues, de acuerdo con encuestas, esperan se vean correspondidas esas promesas a un corto plazo, especialmente con respecto al desempleo.
El pueblo panameño que, con su participación civilizada en un proceso electoral, logró en forma pacífica la alternancia en el poder, tiene claras sus demandas: honestidad, eficiencia, justicia, seguridad pública, bienestar económico a nivel de la familia y un gobierno transparente que borre todo lo que huela a corrupción.
Pero así como el pueblo ahora está más que dispuesto a exigirle resultados a sus gobernantes, así ha llegado el momento de que los panameños nos exijamos a nosotros mismo ser parte del cambio que demandamos. Ya no podemos seguir delegando en un gobierno nuestras responsabilidades; cada quien tiene que hacer su parte si queremos lograr la transformación, si deseamos en efecto hacer realidad el tan esperado cambio. Debemos asumir nuestra parte en el engrandecimiento de Panamá y exigirle a los servidores públicos que cumplan lo prometido.
Algunos dirán que la esperanza es una actitud recurrente del pueblo panameño que ha mantenido a pesar de la traiciones y decepciones; y que, en apariencia, se toleraron durante la dictadura militar. Este análisis, además de resultar simplista, es erróneo porque no se está tomando en cuenta el cambio de paradigma que hemos experimentado. Ahora los ciudadanos, además de comprender que el voto triunfador en favor de la alternancia no les garantiza que las promesas de campaña vayan a ser cumplidas, saben con toda certeza que su voto tiene un valor real, que tiene el poder de quitar y poner gobernantes, que es un medio efectivo para hacer realidad su derecho soberano garantizado en la Constitución. Por ello, a pesar de las experiencias del pasado, la situación es diferente. Las simples promesas no tienen ya cabida ante una esperanza pragmática que espera respuestas reales a través de hechos solidarios y responsables.
Hubo regímenes anteriores, incluso muy recientemente, en el que la mayoría de los panameños se dejó deslumbrar por una popularidad basada en una depurada técnica de mercadotecnia política, sustentada en bases tan huecas que terminaron en una profunda decepción y desencanto. Así, un gobernante que fue visto primero como un visionario de avanzada, acabó como una especie de demonio en quien el pueblo ha concentrado su rabia y desprecio.
Por eso ahora, con esa lección bien aprendida, podemos asumir con una buena dosis de certeza que para mantener el apoyo real del pueblo, el buen manejo de imagen ya no es suficiente ante ciudadanos que demandan hechos cotidianos, resultados acordes a las expectativas creadas por las promesas. Atrás de este razonamiento está la plena conciencia de que los panameños han adquirido, sobre el enorme logro alcanzado, un gobierno de alternancia que haga realidad la transformación democrática.
Las mujeres y los hombres del país saben lo mucho que han aportado a este proceso democrático y que, por lo tanto, es mucho a lo que tienen derecho. Mientras que la esperanza de los panameños antes se expresaba en un deseo, ahora se presenta en demanda. Esta participación de la ciudadanía en los procesos electorales y en los cambios institucionales de comportamiento gubernamental y social nos llevarán, a través del trabajo solidario y productivo, a disfrutar de la justicia y la paz que tanto deseamos.
Agua: El World Resources Institute, dice que los sistemas de agua potable de todo el mundo están tan degradados ecológicamente que están perdiendo su capacidad de sostener la vida humana, animal y vegetal. Su declinación resulta en mayor escasez de agua para consumo humano y una rápido diezmo de la población o la extinción para muchas otras especies.
Plagas: las langostas han provocado pérdidas de 6,5 millones de hectáreas de tierras cultivadas en África Occidental, por lo que la ONU ha alertado del riesgo alimentario en que se encuentran los habitantes de la zona, que subsisten merced a sus plantaciones de maíz, mijo y arroz.
El advenimiento de un "Nuevo Orden Internacional" cabalga con fuerza. Habrá cambios drásticos que convulsionarán la vida de todos. Ante esta disyuntiva quienes conocen del griego la palabra "Maranatha" sabrán con precisión que hay esperanza en el 2005.
Feliz Año Nuevo.
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