2009
Entramos en un nuevo año. Momento acostumbrado para peticiones, deseos, compromisos, propósitos; en fin, mucho de aquello que tiene que ver con nuevos tiempos y lo que esperamos de ellos. Será un año de cambio.
Constitucionalmente, renovaremos dos Organos del Estado el 3 de mayo. Esto, de por sí, es todo un cambio. Un nuevo gobierno y un nuevo Presidente regentarán el país. Tendremos un verano electoral muy movido. Para muchos, dentro de los que me incluyo, será involucrarnos en la campaña electoral para triunfar. Para otros, involucrarse en la misma para no perder. No es lo mismo. Esa pérdida es un lujo que para ellos (los del gobierno) es incosteable. Hay mucho en juego, sobre todo algo que en Panamá se ha vuelto extraño: la rendición de cuentas y sus consecuencias. Si hay un clamor generalizado es ese, y hay que escucharlo.
Será el inicio de una etapa de grandes y complejas decisiones. No sólo por lo que significa lo arriba indicado, sino por lo cambiante de los tiempos y de las realidad mundial. Se requerirá mano firme, pero con coherencia, para enrumbar la Nación. Siento un país en exceso incrédulo, pero aún así claro en cuanto al rumbo que añora. Ese es el gran reto, el compromiso que hay que cumplir a través de un mandato que se traduzca en un buen gobierno. Parece poco, pero significa mucho. En gran medida, la enorme desilusión existente es por el fracaso del actual gobierno. Un Presidente esquivo y engañoso y un equipo de incompetentes con alto grado de corrupción. Y aún así se llamaban "patria nueva". Es imposible no cumplirle al país en cuanto a estas exigencias.
La responsabilidad ciudadana tiene que imponerse. La contienda polarizada proyectará a dos Panamá: uno debatiéndose entre una izquierda disfrazada de todo y mostrando grandes acomodos de oportunistas que ven al gobierno como un concepto en venta, y, por otro lado, los que buscamos el cambio real y profundo que logre la renovación de la actual estructura, sin traumas, pero a través de reales entendimientos entre todos que reivindique la política en una democracia. Me incluyo entre los que buscamos ese cambio por el que tanto tiempo he trabajado luego de la democratización del país.
Pero está otro factor más importante. Darle a este país una decente administración. Esa buena gestión significará, entre otras cosas, un esfuerzo real para luchar contra la inequidad existente. Desde la revisión fiscal actual, hasta administrar los recursos, que no son pocos, con sentido de país y sus prioridades. Problemas como el agua potable en tantos lugares, medicinas en la CSS y centros de salud, seguridad ciudadana, transporte, educción, deben ser prioridad del nuevo gobernante, entre otros de igual relevancia.
Hace unos días conversaba con Ricardo Martinelli al respecto en David y me comentaba: "JR, tenemos que cumplir!". Puede él y todo el país estar seguro que ese será mi gran empeño.
¡Feliz Año 2009, les deseo sinceramente!