25 años de revolución sandinista
El cuarto de siglo de la toma del poder por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), de Nicaragua, y del derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, puede que no constituya hecho alguno de celebración por el presidente Bolaños, que hizo transcurrir la fecha como un día normal; pero - quiéralo o no - es motivo de recordación para muchos y de regocijo para otros. Para nosotros, si se quiere, nada hay que lamentar, salvo la sangre derramada, la destrucción y el sufrimiento causado por la porfiada permanencia en el gobierno de la satrapía dinástica del tirano.
Que el sandinismo significó una desgracia para Nicaragua, puede que sí, pero no más que la de los Somoza, y hay que tener claro que él, como movimiento insurreccional y de masas, debió su existencia a la dictadura, cuyas raíces se remontan al siglo XIX, desde la invasión, derrota y ejecución del filibustero norteamericano Walker, hasta la intención manifiesta de la potencia norteña de construir un canal a nivel por ese país, pasando por otra larga ocupación por el ejército estadounidense y terminando con la heroica e invencible resistencia de un sencillo obrero de minas, Augusto César Sandino, traicionado y asesinado por el entonces jefe del Ejército nicaragüense, el primer Somoza, quien sucedió a las tropas extranjeras en el control del país tras el retiro de éstas bajo presión de Sandino.
Somoza había firmado un armisticio con Sandino, poniendo fin a la guerra, sobre la base de la retirada norteamericana, tras cuya firma, se desmovilizarían las fuerzas guerrilleras, ubicándolas desarmadas en campamentos especiales, mientras se les entrenaba para su incorporación al ejército regular, y se programaban elecciones.
¡Hasta allí todo perfecto! Salvo por un detalle. Ya firmado el acuerdo de paz, Somoza hizo llamar a Sandino, y luego de reunirse con él, lo condujo en coche a un apartado paraje donde lo hizo ejecutar sumariamente, estando desarmado. Poco después, paulatinamente, fueron aniquiladas las fuerzas guerrilleras que se hallaban inermes en los campamentos de desmovilización.
Transcurrió tres cuartos de siglo antes que las míticas montañas de Las Segovisas, centro de operaciones de Sandino, se llenaran otra vez de guerrilleros que reiniciaron la lucha armada, nuevamente en su nombre. Lo demás es historia. Estados Unidos apoyó a todos los abanderados de la dinastía Somoza y sus títeres, en su lucha contra la insurgencia, hasta que hace 25 años le retiró todo respaldo bajo la presidencia de Jimmy Carter, dando en el suelo con el último de los Somoza en el poder. Panamá tuvo en el derrocamiento un papel relevante cuando Omar Torrijos sirvió de base de aprovisionamiento de la guerrilla sandinista.
Tomado el poder, el FSLN llamó a elecciones y las ganó ampliamente bajo el liderazgo de Daniel Ortega, quien encabezó un gobierno corrupto e inepto, cuya labor fue además entorpecida por Estados Unidos, bajo el gobierno de Ronald Reagan mediante la subversión y financiamiento de guerrilleros mercenarios "contra", que no pudieron desalojar a los sandinistas del poder, y sólo sirvieron para saturar de armas y violencia todo el istmo centroamericano, incluyéndonos, hasta nuestros días. El sandinismo cayó luego por los votos, no por las armas. Su papel y ciclo histórico se ha cumplido y su destino es la paulatina desaparición o transformación en otro movimiento partidista en la medida que la democracia en el hermano país se consolide.
Las personas interesadas pueden escribirme para obtener copia de todas las 138 propuestas del Foro Panamá 2020.
(raulleisr@hotmail.com)
Que el sandinismo significó una desgracia para Nicaragua, puede que sí, pero no más que la de los Somoza, y hay que tener claro que él, como movimiento insurreccional y de masas, debió su existencia a la dictadura, cuyas raíces se remontan al siglo XIX, desde la invasión, derrota y ejecución del filibustero norteamericano Walker, hasta la intención manifiesta de la potencia norteña de construir un canal a nivel por ese país, pasando por otra larga ocupación por el ejército estadounidense y terminando con la heroica e invencible resistencia de un sencillo obrero de minas, Augusto César Sandino, traicionado y asesinado por el entonces jefe del Ejército nicaragüense, el primer Somoza, quien sucedió a las tropas extranjeras en el control del país tras el retiro de éstas bajo presión de Sandino.
Somoza había firmado un armisticio con Sandino, poniendo fin a la guerra, sobre la base de la retirada norteamericana, tras cuya firma, se desmovilizarían las fuerzas guerrilleras, ubicándolas desarmadas en campamentos especiales, mientras se les entrenaba para su incorporación al ejército regular, y se programaban elecciones.
¡Hasta allí todo perfecto! Salvo por un detalle. Ya firmado el acuerdo de paz, Somoza hizo llamar a Sandino, y luego de reunirse con él, lo condujo en coche a un apartado paraje donde lo hizo ejecutar sumariamente, estando desarmado. Poco después, paulatinamente, fueron aniquiladas las fuerzas guerrilleras que se hallaban inermes en los campamentos de desmovilización.
Transcurrió tres cuartos de siglo antes que las míticas montañas de Las Segovisas, centro de operaciones de Sandino, se llenaran otra vez de guerrilleros que reiniciaron la lucha armada, nuevamente en su nombre. Lo demás es historia. Estados Unidos apoyó a todos los abanderados de la dinastía Somoza y sus títeres, en su lucha contra la insurgencia, hasta que hace 25 años le retiró todo respaldo bajo la presidencia de Jimmy Carter, dando en el suelo con el último de los Somoza en el poder. Panamá tuvo en el derrocamiento un papel relevante cuando Omar Torrijos sirvió de base de aprovisionamiento de la guerrilla sandinista.
Tomado el poder, el FSLN llamó a elecciones y las ganó ampliamente bajo el liderazgo de Daniel Ortega, quien encabezó un gobierno corrupto e inepto, cuya labor fue además entorpecida por Estados Unidos, bajo el gobierno de Ronald Reagan mediante la subversión y financiamiento de guerrilleros mercenarios "contra", que no pudieron desalojar a los sandinistas del poder, y sólo sirvieron para saturar de armas y violencia todo el istmo centroamericano, incluyéndonos, hasta nuestros días. El sandinismo cayó luego por los votos, no por las armas. Su papel y ciclo histórico se ha cumplido y su destino es la paulatina desaparición o transformación en otro movimiento partidista en la medida que la democracia en el hermano país se consolide.
Las personas interesadas pueden escribirme para obtener copia de todas las 138 propuestas del Foro Panamá 2020.
(raulleisr@hotmail.com)