26 de julio
Un día 26 de julio se inició una de las gestas históricas más importantes del continente americano: la Revolución Cubana. Gesta que se inició con el ataque a los cuarteles Moncada de Santiago de Cuba y el de Bayamo, hoy provincia de Granma. Sólo la historia de este hecho bastaría para reconocer la extraordinaria valentía y heroicidad de una juventud cubana decidida a cambiar los destinos de su país y lograr la ansiada libertad.
La circunstancial derrota de ambos intentos, que costó la vida de centenares de jóvenes, entre ellos la de Abel Santamaría, puso de manifiesto que surgía una nueva dirección revolucionaria cubana encabezada por Fidel Castro Ruz: la del movimiento 26 de julio.
Años más tarde, la juventud cubana desembarca en las playas del oriente cubano, iniciando la guerra revolucionaria desde las montañas de la sierra maestra, lucha a la que se van incorporando lo mejor de la juventud cubana. Esta concluye, en su primera etapa, el 1 de enero de 1959 con el triunfo de los revolucionarios y la huida del tirano Fulgencio Batista hacia el exterior. Todavía se mantienen en la memoria las imágenes de la entrada de Fidel, del Che, de Camilo y de Raúl, entre otros, a la Habana y el apoteósico recibimiento por el pueblo habanero.
Se inicia entonces una segunda fase de la revolución cubana: la de la integración de la unidad de los revolucionarios. En estricto sentido y bajo la hegemonía del Movimiento 26 de julio, se aglutinaron los miembros del Directorio Estudiantil y algunos militantes del Partido Socialista Popular, antiguo Partido Comunista de Cuba. Después de largos debates, atravesando fórmulas orgánicas diversas (las ORI) se construye el actual Partido Comunista de Cuba.
42 años después de aquel memorable hecho, la revolución cubana sigue siendo antorcha de libertad y de ejemplo para el continente. Porque no han sido años fáciles sino de confrontación con la política imperialista del gobierno estadounidense. Desde la invasión a Playa Girón en 1962, primera derrota militar del imperialismo en el continente, hasta la actual lucha contra el bloqueo impuesto por el imperialismo y la batalla contra la Ley Helms-Burton, la revolución cubana ha sobrevivido impulsando reformas sociales de un alto nivel
Recientemente en los Estados Unidos, declaraciones de J. Wolfensohn, presidente del Banco Mundial, han ensoberbecido a esa mafia anticubana residente en Miami. Declaró públicamente que los indicadores sociales de Cuba son excelentes y que "Cuba debía ser felicitado por los logros en educación y salud". Pero lo mejor es su declaración de que "cuba lo hizo sin recurrir a la banca mundial" y por su propio esfuerzo. El elogio merecido fue compartido por P. Brenner, académico de una Universidad norteamericana y años antes, por el antiguo presidente del Banco Mundial, Robert Mcnamara, ninguno sospechoso de socialismo o comunismo (Clarín, Buenos Aires, 12 de julio de 2001).
A pesar de los gritos destemplados de dos congresistas de los Estados Unidos, de origen cubano, el PNUD confirman los datos objetivos expresados por el Presidente del Banco Mundial.
Al redactar el Informe sobre Indice de Desarrollo Humano, el PNUD coloca a Cuba en una posición privilegiada, por debajo de Uruguay, Costa Rica y Chile, pero por sobre el resto de la América Latina. Con todo el miserable bloqueo de que es objeto, los índices de salud como el de mortalidad infantil, de médicos por habitante, de gratuidad de los servicios de salud, de investigaciones biomédicas y farmacológicas y de solidaridad médica con algunos países del continente son, realmente, mejores que los de todo el continente y superan, en muchos rubros, los de los Estados Unidos.
En lo que a educación se refiere, los indicadores son también superiores. Para fines del presente año ninguna escuela cubana, por más alejada que se encuentre, carecerá de luz eléctrica (por paneles solares) lo que permite incorporar los modernos avances del video y la computadora a la educación. Pero no se crea que es un problema solamente técnico. Durante el presente año, la participación estudiantil en los debates sociales ha sido impresionante. Desde el congreso nacional de pioneros (estudiantes de educación básica), hasta el congreso de estudiantes de secundaria, la participación política de los jóvenes es fundamental. Lo mismo ocurre con las escuelas de arte o las de educación física, con las universidades y escuelas técnicas superiores y con el complejo de ciencia y tecnología.
Un tema polémico es el de la participación popular en los destinos de su país. La experiencia de las asambleas locales demuestra los niveles de participación de todo el pueblo en los destinos de la sociedad cubana. Desde esa asamblea local hasta la asamblea popular, para ser electo se requiere de una extraordinaria participación. Nadie desconocido puede ser electo en las asambleas de base y culminar en la Asamblea Nacional.
Se me dirá que no existe un régimen de partidos políticos que es el alfa y omega de la democracia. La pregunta introduce una falacia. Un régimen de partidos plurales no asegura, por sí mismo, niveles de democracia sino carnavales electorales que distraen de los objetivos nacionales. Porque elección (que sí la hay en Cuba y en todos los niveles) no es lo mismo que poder de decisión. El poder de decisión depende de la participación y eso en Cuba sobra, a pesar del bloqueo y de la incomprensión de los gobiernos del continente. (simgonp@sinfo.net)
La circunstancial derrota de ambos intentos, que costó la vida de centenares de jóvenes, entre ellos la de Abel Santamaría, puso de manifiesto que surgía una nueva dirección revolucionaria cubana encabezada por Fidel Castro Ruz: la del movimiento 26 de julio.
Años más tarde, la juventud cubana desembarca en las playas del oriente cubano, iniciando la guerra revolucionaria desde las montañas de la sierra maestra, lucha a la que se van incorporando lo mejor de la juventud cubana. Esta concluye, en su primera etapa, el 1 de enero de 1959 con el triunfo de los revolucionarios y la huida del tirano Fulgencio Batista hacia el exterior. Todavía se mantienen en la memoria las imágenes de la entrada de Fidel, del Che, de Camilo y de Raúl, entre otros, a la Habana y el apoteósico recibimiento por el pueblo habanero.
Se inicia entonces una segunda fase de la revolución cubana: la de la integración de la unidad de los revolucionarios. En estricto sentido y bajo la hegemonía del Movimiento 26 de julio, se aglutinaron los miembros del Directorio Estudiantil y algunos militantes del Partido Socialista Popular, antiguo Partido Comunista de Cuba. Después de largos debates, atravesando fórmulas orgánicas diversas (las ORI) se construye el actual Partido Comunista de Cuba.
42 años después de aquel memorable hecho, la revolución cubana sigue siendo antorcha de libertad y de ejemplo para el continente. Porque no han sido años fáciles sino de confrontación con la política imperialista del gobierno estadounidense. Desde la invasión a Playa Girón en 1962, primera derrota militar del imperialismo en el continente, hasta la actual lucha contra el bloqueo impuesto por el imperialismo y la batalla contra la Ley Helms-Burton, la revolución cubana ha sobrevivido impulsando reformas sociales de un alto nivel
Recientemente en los Estados Unidos, declaraciones de J. Wolfensohn, presidente del Banco Mundial, han ensoberbecido a esa mafia anticubana residente en Miami. Declaró públicamente que los indicadores sociales de Cuba son excelentes y que "Cuba debía ser felicitado por los logros en educación y salud". Pero lo mejor es su declaración de que "cuba lo hizo sin recurrir a la banca mundial" y por su propio esfuerzo. El elogio merecido fue compartido por P. Brenner, académico de una Universidad norteamericana y años antes, por el antiguo presidente del Banco Mundial, Robert Mcnamara, ninguno sospechoso de socialismo o comunismo (Clarín, Buenos Aires, 12 de julio de 2001).
A pesar de los gritos destemplados de dos congresistas de los Estados Unidos, de origen cubano, el PNUD confirman los datos objetivos expresados por el Presidente del Banco Mundial.
Al redactar el Informe sobre Indice de Desarrollo Humano, el PNUD coloca a Cuba en una posición privilegiada, por debajo de Uruguay, Costa Rica y Chile, pero por sobre el resto de la América Latina. Con todo el miserable bloqueo de que es objeto, los índices de salud como el de mortalidad infantil, de médicos por habitante, de gratuidad de los servicios de salud, de investigaciones biomédicas y farmacológicas y de solidaridad médica con algunos países del continente son, realmente, mejores que los de todo el continente y superan, en muchos rubros, los de los Estados Unidos.
En lo que a educación se refiere, los indicadores son también superiores. Para fines del presente año ninguna escuela cubana, por más alejada que se encuentre, carecerá de luz eléctrica (por paneles solares) lo que permite incorporar los modernos avances del video y la computadora a la educación. Pero no se crea que es un problema solamente técnico. Durante el presente año, la participación estudiantil en los debates sociales ha sido impresionante. Desde el congreso nacional de pioneros (estudiantes de educación básica), hasta el congreso de estudiantes de secundaria, la participación política de los jóvenes es fundamental. Lo mismo ocurre con las escuelas de arte o las de educación física, con las universidades y escuelas técnicas superiores y con el complejo de ciencia y tecnología.
Un tema polémico es el de la participación popular en los destinos de su país. La experiencia de las asambleas locales demuestra los niveles de participación de todo el pueblo en los destinos de la sociedad cubana. Desde esa asamblea local hasta la asamblea popular, para ser electo se requiere de una extraordinaria participación. Nadie desconocido puede ser electo en las asambleas de base y culminar en la Asamblea Nacional.
Se me dirá que no existe un régimen de partidos políticos que es el alfa y omega de la democracia. La pregunta introduce una falacia. Un régimen de partidos plurales no asegura, por sí mismo, niveles de democracia sino carnavales electorales que distraen de los objetivos nacionales. Porque elección (que sí la hay en Cuba y en todos los niveles) no es lo mismo que poder de decisión. El poder de decisión depende de la participación y eso en Cuba sobra, a pesar del bloqueo y de la incomprensión de los gobiernos del continente. (simgonp@sinfo.net)