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28 mil nuevos técnicos del INAFORP


El Instituto Nacional para la Formación Profesional ( INAFORP), entidad gubernamental encargada de capacitar mano de obra profesional de tipo artesanal en carreras cortas, se apresta a graduar este año a 28,500 nuevos técnicos. Es casi una proeza que se repite como un milagro, cada vez con recursos más limitados y con demasiados obstáculos.
Su director, Anel Rodríguez, trabaja con las uñas al lado de su limitado personal en sus destartaladas instalaciones ubicadas Vía Tocumen y peor dotados centros de extensión provinciales. La institución no salió bien librada en la piñata del reparto de los fondos del seguro educativo. Es más, ni siquiera la invitaron al festín, del que salió una vez más mejor parada la dirigencia sindical que pelecha de su generosa cuota de esos fondos para nutrir a su burocracia ociosa.
El INAFORP no. Él trabaja a brazo partido, graduando cada año a decenas de técnicos en carreras tan diversas como albañilería, mecánica, hotelería, restaurantes, salones de belleza, tornería, herrería, aire-acondicionado, mecánica de lanchas y hasta en la enseñanza del inglés.
La entidad carece de todo. Cada invierno semeja una coladera con paredes rajadas y vigas acusando al inexorable paso del tiempo, al más representativo estilo panameño como las nuevas baterías de automóvil: cero mantenimiento. No hay instrumentos, ni herramientas y, en ocasiones, los políticos la obligan a hacer locuras tales como el de formar jóvenes de corta edad carentes de la más mínima responsabilidad y disciplina, quienes se entremezclan con adultos, presos con permiso de estudios, hombres y mujeres compartiendo las mismas carreras en derroche de ejemplar igualdad, gente con deseos de aprender y otros por pasar el tiempo y mortificar.
No hay escaleras y, a falta de ellas, una mesa y una silla sobre ella en precario equilibrio, sirven para que se eleve algún heroico estudiante a atornillar un cieloraso con láminas gypsum, un producto de moda en la construcción cuya instalación requiere de entrenamiento especializado.
La seguridad del lugar es perversa. Casi todo se pierde y a más de uno han asaltado en el propio centro. En las extensiones provinciales las carencias son peores. Hay muy pocas carreras que no atienden a necesidades del mercado en áreas claves como la carpintería, herrería, electricidad, plomería, mecánica de equipo agrícola, fumigación, construcción agropecuaria (abrevaderos, mini represas, canales, cercas, establos, monturas), en fin, falta mucho por hacer.
Se requiere más ayuda, fuera de la magra que se recibe del Seguro Educativo y las donaciones internacionales. Hay que brindarle más apoyo técnico para modernizarlo, hacer que incorpore contenido ético a sus programas y fiscalizar mejor sus haberes. El INAFORP es un titán desvencijado que mantiene - pese a todo - bajo control al desempleo, propiciando la generación de microempresas y preparando al panameño humilde y de pocos recursos para dotarse de un trabajo digno y honrado.

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