A 33 años del desastre
Mucho se ha hablado de lo acontecido ese aciago día para la historia nacional que truncó el desenvolvimiento de un país como el nuestro, que se le apodaba "la tacita de oro", donde propios y extraños conformábamos un solo haz de voluntades para crecer y teníamos una economía boyante y un sistema de educación que era envidia de los países adelantados, lo que permitiría a corto plazo que figuráramos como nación de avanzada. Retrocedimos cincuenta años, que actualmente pesan sobre nuestro pueblo, hambriento y sin trabajo, producto del artero golpe militar que nos sumió en el ostracismo.
Tal vez mi condición de hombre maduro, me permite analizar lo que muchos desconocen, pues contaba 37 años de edad, entonces. Hablar de logros es una falta de respeto a la inteligencia, porque la decadencia que se produjo en todos los niveles no la podremos superar jamás.
Se habla de la corrupción que existía en esa era, haciendo mención de la Asamblea Nacional que, con todos sus defectos, era la representación democrática más genuina que existía, la cual estaba conformada en su mayoría por hombres que pensaban servir a la nación y no servirse de ella. Se hablaba igualmente del Poder Ejecutivo que, con todos sus defectos, era y ha sido superior a todos los que se han conformado posteriormente.
Por historia conocí, los logros del Dr. Belisario Porras, del Dr. Ricardo J. Alfaro, en su efímero gobierno; de los doctores Harmodio Arias, Juan Demóstenes Arosemena y Arnulfo Arias; y más reciente, por percepción propia de los gobiernos de Don Ernesto de la Guardia y Don Roberto F. Chiari. Todos ellos serán recordados como grandes estadistas, que dieron rumbo al país por el sendero que se caminaba con orgullo, hasta que sobrevino el artero golpe militar de malos panameños, quienes en contubernio con políticos sin escrúpulos, mantuvieron el país en ruinas, por veintiún años, al punto que hasta la fecha, aún con gobiernos democráticos, no hemos podido salir avante.
Ningún gobierno que llegue al poder podrá surgir, con la estrepitosa deuda externa que nos asfixia, y esa sería una de las razones de más peso para que no se hubiese permitido que volvieran al poder, quienes son responsables de ella.
El egoísmo primó en 1994 y permitió que cogieran aire nuevamente y hoy se pavonean, hablando de corrupción, esa misma que fue su norte y su guía, criticando y haciendo gala de honestidad desconocida por ellos hasta 1989.
Es indiscutible que no se puede generalizar, porque en todas partes hay honestos y deshonestos, sin embargo, hay que criticar al actual régimen, que ha dado cabida a los segundos, en vergonzoso maridaje, amparados por alianzas políticas que hacen daño a las buenas intenciones que pudieran tener la presidenta Moscoso.
Sería injusto no tomar en consideraciones lo que logró positivamente en su gestión, el Lic. Guillermo Endara, igualmente el Dr. Ernesto Pérez Balladares, pero no quisieron acabar con el paternalismo estatal que ha sido piedra angular para satisfacer los intereses políticos de los partidos de ambos, que siguen siendo una carga insoportable para el erario público. Además, el amiguismo odioso que ha proliferado, empleando personal incapaz en puestos públicos, muchos con salarios mayores que los que reciben quienes conocen el trabajo, lo cual se sigue repitiendo en el régimen actual.
Sin deseos de revanchismo y en pro de un Panamá mejor, quisiéramos no volver a vivir los aciagos días de la dictadura, que nunca jamás haya otro 11de octubre, para bien de las presentes y futuras generaciones.
Tal vez mi condición de hombre maduro, me permite analizar lo que muchos desconocen, pues contaba 37 años de edad, entonces. Hablar de logros es una falta de respeto a la inteligencia, porque la decadencia que se produjo en todos los niveles no la podremos superar jamás.
Se habla de la corrupción que existía en esa era, haciendo mención de la Asamblea Nacional que, con todos sus defectos, era la representación democrática más genuina que existía, la cual estaba conformada en su mayoría por hombres que pensaban servir a la nación y no servirse de ella. Se hablaba igualmente del Poder Ejecutivo que, con todos sus defectos, era y ha sido superior a todos los que se han conformado posteriormente.
Por historia conocí, los logros del Dr. Belisario Porras, del Dr. Ricardo J. Alfaro, en su efímero gobierno; de los doctores Harmodio Arias, Juan Demóstenes Arosemena y Arnulfo Arias; y más reciente, por percepción propia de los gobiernos de Don Ernesto de la Guardia y Don Roberto F. Chiari. Todos ellos serán recordados como grandes estadistas, que dieron rumbo al país por el sendero que se caminaba con orgullo, hasta que sobrevino el artero golpe militar de malos panameños, quienes en contubernio con políticos sin escrúpulos, mantuvieron el país en ruinas, por veintiún años, al punto que hasta la fecha, aún con gobiernos democráticos, no hemos podido salir avante.
Ningún gobierno que llegue al poder podrá surgir, con la estrepitosa deuda externa que nos asfixia, y esa sería una de las razones de más peso para que no se hubiese permitido que volvieran al poder, quienes son responsables de ella.
El egoísmo primó en 1994 y permitió que cogieran aire nuevamente y hoy se pavonean, hablando de corrupción, esa misma que fue su norte y su guía, criticando y haciendo gala de honestidad desconocida por ellos hasta 1989.
Es indiscutible que no se puede generalizar, porque en todas partes hay honestos y deshonestos, sin embargo, hay que criticar al actual régimen, que ha dado cabida a los segundos, en vergonzoso maridaje, amparados por alianzas políticas que hacen daño a las buenas intenciones que pudieran tener la presidenta Moscoso.
Sería injusto no tomar en consideraciones lo que logró positivamente en su gestión, el Lic. Guillermo Endara, igualmente el Dr. Ernesto Pérez Balladares, pero no quisieron acabar con el paternalismo estatal que ha sido piedra angular para satisfacer los intereses políticos de los partidos de ambos, que siguen siendo una carga insoportable para el erario público. Además, el amiguismo odioso que ha proliferado, empleando personal incapaz en puestos públicos, muchos con salarios mayores que los que reciben quienes conocen el trabajo, lo cual se sigue repitiendo en el régimen actual.
Sin deseos de revanchismo y en pro de un Panamá mejor, quisiéramos no volver a vivir los aciagos días de la dictadura, que nunca jamás haya otro 11de octubre, para bien de las presentes y futuras generaciones.