365 días de la Tierra
Calentamiento global, desertificación, pérdida de biodiversidad, son términos que salen a la luz cada vez con más vehemencia en todos los ámbitos. Desde los altos círculos científicos, como en los cafés de intelectuales, pasando por reclamos ciudadanos, hasta las más sencillas tertulias de la campiña rural, día a día ven en la degradación de su hábitat un reclamo de la Madre Tierra. Lo cierto es que el cambio climático existe y aunque algunos insistan en negarlo, para la mayor parte de la humanidad, tal como señalara el presidente Obama, “la época de la negación pasó”. Hoy es un asunto que debemos asumir con entereza, creatividad y sin mezquindades.
El planeta ha sido generoso con la humanidad, que lo ha explotado hasta casi su agotamiento sin muchas consideraciones; es hora de revertir en lo posible el daño que hemos causado. ¿Cómo? Tal como señala el ambientalista y diplomático británico Sir Crispin Tickell, ”la ideología de la sociedad industrial, basada en el crecimiento económico, niveles de vida cada vez más altos y la fe en que la tecnología lo arreglará todo, es insostenible a largo plazo. (…) Tenemos que contemplar la vida con respeto y asombro. Necesitamos un sistema ético en el cual el mundo natural tenga valor no sólo por su utilidad para el bienestar humano, sino por sí mismo”. Es imperativo un cambio de actitud, desde la conciencia individual del problema, a la colectiva; la voluntad política es imprescindible para dirigir el proceso.
Cuando empezamos a cuestionarnos: de dónde viene el alimento que consumimos, la ropa que vestimos, los calzados que usamos, el auto que nos transporta y la casa que nos protege, iniciamos el proceso de cambio de actitudes de consumo, que nos hace más cuidadosos y exigentes. La I Ley de Termodinámica dice que la materia puede ser transformada, pero no puede ser creada ni destruida; de ahí que el ser humano, al no poder crear materia, se ha dedicado a transformarla. Esta transformación evidencia su máxima expresión en la explotación de la naturaleza por parte de nosotros los humanos. Esa explotación de la naturaleza no ocurre en el vacío, por el contrario, tiene un impacto: nuestra huella ecológica.
Este 22 de abril -Día de la Tierra-, en Panamá se conmemora en un contexto político electoral; marco propicio para evaluar lo que como sociedad y gobierno hemos hecho por el ambiente panameño. Si bien ha habido adelantos, esta administración saliente no queda muy bien parada en esta materia, cuando se ha perdido de vista el ambiente en la toma de decisiones y en la gestión integrada del territorio. Por otra parte, de lo poco que los dos principales aspirantes a la presidencia han expuesto en torno al tema, se podría decir que el país aún dista de pasar del discurso sobre desarrollo sostenible a la sostenibilidad ambiental de sus acciones.
Nos resta a la sociedad civil y a los grupos empresariales responsables sumar esfuerzos para hacer del día de la Tierra, los 365 días del año con acciones coherentes con el ambiente. Quienes nos gobiernen deberán sumarse; no podemos eludir la responsabilidad, la Tierra nos pasará la factura.