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A 39 años del crimen de las hermanas Mirabal


Desde inicios de la década de los ochenta en América Latina se está conmemorando cada 25 de noviembre el Día Internacional de No Violencia Contra las Mujeres, denominado así en el Primer Encuentro Latinoamericano Feminista.
Esta conmemoración tiene su origen e inspiración en tres mujeres dominicanas que fueron víctimas de la violencia de Estado por luchar contra la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana, ellas eran reconocidas como las hermanas Mirabal: Minerva, Patria y María Teresa.
La inteligencia y cultura de las Mirabal les brilló como para darse cuenta del sometimiento y crueldad al que fue sometido su pueblo al punto de defenderlo a cualquier costo. No solamente ellas fueron víctimas del hostigamiento, la represión, cárcel y persecución hasta la muerte, los esposos de cada una de ellas fueron salvajemente agredidos y encarcelados. Fue precisamente luego de volver de una visita a sus esposo a la cárcel cuando las interceptaron y las masacraron junto al conductor del vehículo en el que viajaban.
Hoy, a 39 años de este crimen, ¿cómo olvidarlas ? No es posible. Cuando miramos a nuestro alrededor y vemos el mapa de América Latina nos encontramos con muchos retratos de las Mirabal y de sus esposos. Pero también de muchas fotos idénticas a Trujillo, solamente que ahora e irónicamente, pidiendo clemencia por sus crímenes, desapariciones, torturas y demás violaciones que cometieron contra la humanidad.
Encontramos en nuestro recorrido visual a hijos e hijas que muchas mujeres dieron a luz en las cárceles de cualquier ciudad de nuestro subcontinente y que ellas no pudieron criar, ni amamantar. Primero porque en muchos casos aún no se sabe dónde estás esas mujeres, ¿fueron desaparecidas ? ¿Están muertas ? y segundo porque a esas y esos recién llegados y llegadas a la vida los y las obsequiaron como regalos a seres humanos despojados de cualquier sentimiento de solidaridad.
Otras mujeres se enfrentaron a los violentos tentáculos de un monstruo que invadió su territorio y les puso su bayoneta en el pecho y a alguna de ellas se le registró en su último suspiro que dijo "cuida de mis hijos y háblales de mí". En ese momento a una madre se le escapó el aire en su lecho de muerte por el impacto que causó la violencia del engendro. La estadísticas no registran cuántas fueron.
En fin, podríamos enumerar la violencia de Estado que se ha perpetrado sigilosamente contra las mujeres en nuestros países y las consecuencias sicológicas que las han afectado cuando le han desaparecido, torturado, secuestrado o asesinado a algún familiar, esposo, hijo, hija, padre, madre, etc.
Pero ese tipo de acciones violentas desde el Estado no son las únicas. Existe una forma de violencia solapada que vive en el mundo de lo "privado" pero que sus efectos son igualmente desgarradores, es la violencia doméstica, reconocida también como violencia intrafamiliar. Miles de mujeres de todas las edades y etnias en el mundo, cotidianamente son golpeadas, insultadas, violadas, incestuadas, controladas, burladas, ultrajadas y asesinadas, la mayoría por sus cónyuges, otras, por otros miembros de la familia o "amigos" cercanos al círculo familiar. Esta agresividad que ha permanecido latente, por siglos, en nuestra sociedad, es producto de los patrones socioculturales patriarcales que se han trasladado de generación en generación a través de mitos como el clásico "en pelea de marido y mujer nadie se debe meter", cuando hoy en día se ha demostrado científicamente que al interceder en este tipo de "riñas" se pueden salvar un considerable número de vidas. Este año algunos medios de comunicación en nuestro país han publicado casos de mujeres que con sus hijos e hijas fueron víctimas mortales en manos de sus consortes, padres de las criaturas fallecidas. Con semejante desafuero no podemos aceptar que la violencia doméstica es "asunto privado", es un asunto tan público como la política. Porque lo público nos concierne a todas y todos, y es un hecho que los métodos con los cuales se están perpetrando los actos violentos contra las mujeres son cada vez más crueles y perversos que terminan en luto y dolor. Pero se puede evitar si intercedemos y unificamos criterios para que se amplíen las penas a ofensores y homicidas, de manera que los órganos de la justicia asuman su papel conscientemente sin dejarse llevar por las lágrimas de los agresores que los convencen a veces de que se les dé "una oportunidad".
La violencia de Estado de las que fueron víctimas las Mirabal, como la doméstica de la que siguen siendo víctimas miles de mujeres diariamente, lamentablemente aún perduran. Sin embargo, para lograr que se haga justicia no nos podemos olvidar de las muertas y de los muertos y de las personas sobrevivientes de la violencia, solo así nos queda la esperanza de que los ofensores y generadores de esas prácticas violentas no queden impunes, que paguen por los crímenes y agravios cometidos.
Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, y todos los nombres femeninos que derraman sangre en las páginas rojas de los periódicos, por haber sido agredidas y asesinadas por sus cónyuges u otros familiares o "amigos" y de sus hijas e hijos vilipendiados, en este fin de siglo siguen presentes en la lucha contra la violencia que afecta mayoritariamente a las mujeres.

101 años de Panamá América

 
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