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50 aniversario de China Popular


Resulta inapropiado definir como comunista al régimen político y sobre todo económico que ha arribado al medio siglo en China Continental. Pero, al mismo tiempo, tampoco es empresa ideológica sencilla ubicar al régimen chino en la nomenclatura política contemporánea. A medias capitalista, a medias socialista, a medias liberal, a medias controlista, China es un mosaico de principios y de praxis experimentales que exhibe, al cabo de cincuenta años, un impresionante desarrollo económico, pero que mantiene el sistema del partido único, sin libertad de expresión ni derecho a la disidencia ideológica.
Los chinos fueron los primeros teóricos políticos de las civilizaciones milenarias antes de Cristo. Confucio, Lao Tse, Mo Dih y otros doctrinarios concibieron reglas de buen gobierno y de entrenamiento de funcionarios modélicos antes que Sócrates, Platón y Aristóteles polemizaran sobre la república utópica. Tienen sobrada autoridad por ello para reescribir la ideología occidental y tentar la mixtura de capitalismo y socialismo en que están empeñados en el último tramo del siglo XX.
Los rascacielos que parecen arañar el cielo de Shangai lucen muy lejanos de los tiempos de la Larga Marcha de Mao Zedong, de la revolución campesina que se distanció del marxismo - leninismo soviético hasta la frontera del recíproco repudio y de la algarabía tumultuosa de la revolución cultural que escondió las luchas del poder de la Banda de los Cuatros, sin excluir las hambrunas, el subdesarrollo tecnológico y la represión política.
Para tormento de los comunistas ortodoxos, Deng Xiaoping desmontó el engranaje enmohecido del colectivismo y la economía estatal centralizada. Sus discípulos, más pragmáticos que ideólogos, han extendido audazmente la frontera a límites que pulverizan la doctrina de Mao Zedong. Centros financieros como Shangai, la administración autónoma de Hong Kong y la progresiva apertura al comercio internacional ubican a China en el umbral de cambios insospechados. Sin embargo, mientras impere el totalitarismo ideológico, el mundo civilizado será cauteloso en sus calificativos a la nueva China.


101 años de Panamá América

 
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