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50 años de la OTAN y el incierto balance de hoy


En medio de las pasadas celebraciones babilónicas del cincuenta aniversario de la creación de la OTAN, numerosos analistas internacionales coincidieron en señalar el desbalance entre el potencial de la más poderosa maquinaria militar del siglo XX y su única entrada en acción contra la república territorialmente disminuida y militarmente muy inferior. La OTAN entrenó muchos años para pelear contra un peso pesado: la Unión Soviética y sus aliados del Pacto de Varsovia. Pero ha terminado combatiendo contra un contrincante peso mosca, por cuya posible victoria nadie ha apostado.
Por estas y otras razones predominó un cierto sentimiento de incomodidad por la comparación entre la gran fiesta de champagne y bocadillos de caviar a la que asistieron diecinueve jefes de Estado y ministros de Europa y Estados Unidos y los ataques cotidianos a Belgrado, Kosovo y otras ciudades yugoslavas, con saldos de innumerables muertos y cuantiosos daños materiales.
Mientras en Washington los altos dignatarios políticos occidentales disfrutaban de un sofisticado cóctel patrocinado por empresas de comunicaciones, los habitantes de Belgrado soportaban andanadas de bombas y misiles crucero, día y noche, como hasta ahora, cumpliendo un cronograma de castigos militares nunca antes conocido en Europa.
Para mitigar el contraste militar, la diplomacia europea está usando correos rusos como el exprimer ministro Chernomyrdin a fin de lograr ablandar la testarudez de Slobodan Milosevic. En esta dirección se está trabajando un plan de alto el fuego que tendría como garante a Naciones Unidas y demandaría compromisos serbios para el retorno de los kosovares de origen albanés a su tierra y la implantación de medidas que protejan la autonomía administrativa y política de Kosovo.
La concertación del compromiso de paz constituye ya un imperativo diplomático por dos razones principales: la creciente impopularidad de un conflicto militar desproporcionado en el que los errores constantes de las fuerzas aéreas de la OTAN dejan víctimas inocentes y el rechazo de la Cámara de Representantes de Estados Unidos al despliegue de fuerzas terrestres, en tanto no se regularice la autorización legislativa a la guerra no declarada hasta el momento. El bloque republicano impediría que Clinton cree otro operativo tipo Vietnam en los Balcanes.
El actual sistema unipolar corre el riesgo del fracaso por su intervencionismo unilateral, al margen de los canales regulares del Consejo de Seguridad. Y en ese sentido, el reciente acuerdo de Petersburg, Alemania, suscrito entre los países más industrializados del G-8, arroja algo de oxígeno al malhadado esquema, con la esperanza de que con la mediación de Rusia, pueda llegarse al ansiado acuerdo de paz.



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