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85 años de estar abierto al mundo


Desde el descubrimiento del Istmo Centroamericano y por consiguiente del Océano Pacífico, se contempló la idea de la construcción de un canal interoceánico que uniese a ambos océanos. Así en 1534, Carlos I de España autorizaba a Pascual de Andagoya para que estudiara la posibilidad de construir un Canal aprovechando las aguas del río Chagres por Castilla del oro, ello en el ámbito que Panamá se había convertido en el centro de las expediciones que se realizaban hacia Centro y Sur América; así el Istmo panameño desde épocas inmemorables se destacó por su función transitista.
Esa función transitista que en momento determinado de nuestra historiografía decayó por las políticas implementadas por la metrópolis; sin embargo, por nuestra posición estratégica Panamá siguió subsistiendo entre miserias y ruinas, y nuevamente se convirtió en el centro de tránsito que hasta la fecha ha sido.
Los años transcurrían y se vislumbraba la necesidad de un canal que acortara las distancias, ya que con la incorporación por ejemplo de California y Oregón (pertenecían a los Estados Unidos Mexicanos), la costa pacífica entre México y Canadá alcanzó mil cien kilómetros; era prácticamente imposible comunicar ambos litorales debido a los obstáculos que en los mismos se encontraban. Es decir, las montañas, los ríos caudalosos, las precipitaciones torrenciales, los desiertos, las fieras, las tribus hostiles, etc., eran parte de los grandes obstáculos. Líneas norteamericanas de vapores iniciaron operaciones para 1846 desde la costa Este y Oeste de los Estados Unidos de Norteamérica hasta el Istmo de Panamá utilizando la ruta del Chagres, del Camino de Cruces y viceversa.
Panamá ya desde esta época se encontraba en la esfera de influencia y dentro de los designios imperialistas del país norteño. En 1897 aparecen las publicaciones del Almirante Mahan sobre el poder marítimo en América para demostrar que el poder real siempre había descansado en el dominio y control de los mares. Las mismas toman fuerza cuando en 1898 estalla la Guerra Hispanoamericana entre España y los Estados Unidos por la posesión de territorios que le pertenecían a la metrópolis. Así se acrecentaba más la idea de una vía que acortara distancias y por ende que ahorrase dinero. Los Estados Unidos tuvieron que enfrentar en principio la posición de Gran Bretaña y ultimar muchos detalles para poder llevar a efecto posteriormente la construcción de la majestuosa obra como lo fue el Canal de Panamá.
Así se iniciaría la etapa del Canal norteamericano en 1903, la enorme empresa que se emprendía tuvo que hacerle frente a uno de los principales obstáculos que en momento determinado los franceses no lograron, el cual fue tratar de erradicar la malaria y la fiebre amarilla - los dos azotes fatales del Istmo- para reducir el número de muertos que las mismas acarreaban, brindar soluciones en el sector salud fue una misión titánica.
Han transcurrido 85 años después de la mañana del sábado 15 de agosto de 1914 cuando el vapor Ancón de propiedad del Ferrocarril de Panamá partió desde Cristóbal hasta la entrada Atlántica del Canal. Luego de un viaje de 9 horas y 40 minutos llegó hasta el final de la parte excavada en la Bahía de Panamá. De esta forma se daba por inaugurada la vía interoceánica y la mayor parte del tiempo ha estado al servicio del mundo.
Los cambios que se han suscitado a nivel global nos han puesto retos y la zona de tránsito no ha escapado de esta realidad. La modernización que se lleva a cabo en el Canal ha sido una tarea planificada y realizada por el personal al mando de la Comisión. La modernización del sistema de logística, la compra de nuevos remolcadores, la instalación de los sistemas hidráulicos, el ensanche de Corte Culebra, etc., son unas de las áreas en donde se han invertido grandes recursos para la modernización y eficiencia de la vía acuática.
A escasos meses de que la administración, operación, mantenimiento y seguridad, pasen a manos panameñas es preciso enviar un mensaje alto y claro a la sociedad y al gobierno que se instaurará el próximo 1 de septiembre sobre la política que desarrollará, la cual deberá enmarcarse dentro de los lineamientos del Estado, y en los parámetros de la gobernabilidad y no responder a las directrices de partidos, ya que de ello dependerá el futuro del mismo.

101 años de Panamá América

 
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