9 de Enero
Las páginas más gloriosas de nuestra historia se iniciaron esos días, a ellas debemos la recuperación de nuestra soberanía sobre el Canal y su franja canalera. Nunca nuestra bandera nacional alcanzó un sitial más alto, en las manos inmaculadas, llenas de patriotismo de nuestra juventud combatiente.
Nuestro larga y dolorosa trayectoria, desde el inicio de la República, colmada de enfrentamientos políticos, diplomáticos, de gobiernos, populares, individuales de panameños trabajadores discriminados, o de simples ciudadanos proscritos en aquél territorio, y sometidos a una autoridad y leyes extranjeras, harían una relación interminable de atropellos y vejámenes que sólo la paciencia y la sabiduría del pueblo fueron capaces de soportar.
La primera sangre vertida, de Ascanio Arosemena, y la agresión brutal a nuestros institutores y a nuestro símbolo patrio más representativo, iniciaron el desigual combate del pueblo en Panamá y Colón, en la demostración más contundente de nuestra voluntad nacional de recuperar, de una vez y por todas, aquel enclave colonialista.
Nuestra independencia virtual, con la integración de nuestro recurso natural más valioso a nuestras necesidades y futuro, hoy más evidente rompiendo todos los paradigmas que se nos imponían, se lo debemos a aquellos jóvenes y pueblo que se inmolaron, sin armas, sólo con las convicciones de que sus sacrificios no serían en vano. Aquél fue su aporte y su ejemplo a seguir.
Así Panamá habló al mundo.