9 de Enero. Un testimonio
Cuando rememoramos los acontecimientos sucedidos los días 9, 10, 11 y 12 de enero de 1964, en el que las tropas norteamericanas acantonadas en la Zona del Canal asesinaron a unos 23 patriotas panameños y causaron más de 500 heridos, la descripción y relatos de los acontecimientos históricos se centran en las ciudades de Panamá y Colón. Poco se ha escrito sobre las reacciones que se dieron en esos instantes en las ciudades del interior del país.
Durante la masacre se dieron multidinarias manifestaciones nacionalistas y antiimperialistas en muchas de las ciudades interioranas. Ciudadanos de todos los estratos sociales salieron a manifestarse a las plazas y a las calles de Santiago, Penonomé, Chiriquí, Los Santos, etc. Una de éstas, en las que el pueblo se volcó casi totalmente a las calles para protestar contra la agresión que estaban siendo objetos los patriotas panameños en las ciudades de Panamá y Colón, fue la de Santiago de Veraguas.
A 40 años de dicha fecha, todavía guardo en mi memoria las concurridas manifestaciones que recorrieron las calles de Santiago, en las que junto al ciudadano común marchaban con consignas y cantos patrióticos los herederos de Polidoro Pinzón de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena y del Primer Ciclo Urraca. Tanto el alcalde de la ciudad como las emisoras existentes hicieron causa común en esta gesta patriótica y brindaron a los manifestantes toda la colaboración que estaba a su alcance. Los dirigentes de la Federación de Estudiantes de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena desempeñaron un papel primario en la movilización estudiantil, encabezando los mítines que se escenificaron en "la Plazita" y en las marchas que recorrieron las principales calles del lugar. Todos los estudiantes del internado de la Normal salieron a manifestarse, a pesar de las amenazas vertidas por los directores de la institución.
A tantos años esos acontecimientos, algunos nombres se olvidan; otros los recordamos por haber vivido en forma más directa los hechos. Sin embargo, recuerdo a la familia de revolucionarios García (Yiyo, Simón, Negro), a Rafael Rodríguez (capacho), Carlos Wesley, Alcibíades Alcedo, Pedro Pinzón, Isidro Cheng, Carlos Aizpú, los hermanos Cárdenas, Raúl Amores, los hermanitos Murgas, Darío Fernández y Abril Changmarín, entre otros.
Cuando el 10 de enero de 1964 las noticias que llegaban de los centros de conflictos destacaban que seguían cayendo patriotas en los intentos de sembrar banderas dentro de la Zona del Canal, un grupo de dirigentes decidimos trasladarnos a la ciudad de Panamá para aportar nuestra cuota de sacrificio. Para el traslado requeríamos de un transporte que pudiera albergar a más de 50 estudiantes dispuestos a concurrir a la cita con la Patria.
La directora del plantel, Prof. María de la Paz Urriola de Torraza, al notar la determinación que habíamos tomado de utilizar el autobús del colegio, el cual se usaba diariamente para repartir a los normalistas en las diversas comunidades en las que realizaban sus prácticas, intentó detener la operación y hasta nos amenazó con expulsarnos por considerarlo un acto de indisciplina. Pero, el fervor patriótico estaba tan hinchado, que poco efecto causó en nosotros la amenaza. Algunos profesores nos acompañaron en el viaje. Partimos de Santiago hacia la ciudad capital unas 64 personas. Llevábamos banderitas y en el trayecto entonábamos canciones patrióticas y consignas antiimperialistas. Al llegar a Arraiján, un poco antes de tomar el puente de las Américas, nos topamos con un gran contingente del ejército norteamericano, armado con tanques y fusiles. Nos hicieron saber que estaba prohibido el paso y que no nos permitirían proseguir nuestro viaje hacia la capital.
Tan fuerte era el sentimiento patriótico en esos momentos que la mayoría bajó del autobús ondeando banderitas, y comenzamos a avanzar hacia donde estaban los contingentes del ejército norteamericano, cantando una canción que nos hacía elevar el fervor patriótico. "¡Como las águilas, como los cóndores, levantaremos vuelo feliz y llevaremos en nuestras alas laurel del triunfo para el porvenir!..". Hubiera bastado una orden del General O"Meara para que los soldados comenzaran a disparar y a generar una masacre de jóvenes idealistas. Ante la determinación que mostrábamos de transitar a como diera lugar sobre el puente de Las Américas, territorio que considerábamos de plena soberanía panameña, los altos mandos del ejército de Estados Unidos tomaron la sabia decisión de dejarnos pasar. Nos volvimos a subir al autobús y en son de triunfo, recorrimos con cánticos y consignas el Puente y nos dirigimos directamente a las instalaciones del Instituto Nacional.
Nuestra llegada al Instituto Nacional contribuyó a elevar la moral de estudiantes que estaban en su interior confeccionando bombas molotov y los que salían en grupos a sembrar banderas en la Zona del Canal.
La historia tiene tareas pendientes relacionadas con la gesta de enero de 1964 y una de éstas es reivindicar en su justa dimensión el aporte que los luchadores aportaron en los trágicos hechos del 9, 10, 11 y 12 de enero de 1964.
Durante la masacre se dieron multidinarias manifestaciones nacionalistas y antiimperialistas en muchas de las ciudades interioranas. Ciudadanos de todos los estratos sociales salieron a manifestarse a las plazas y a las calles de Santiago, Penonomé, Chiriquí, Los Santos, etc. Una de éstas, en las que el pueblo se volcó casi totalmente a las calles para protestar contra la agresión que estaban siendo objetos los patriotas panameños en las ciudades de Panamá y Colón, fue la de Santiago de Veraguas.
A 40 años de dicha fecha, todavía guardo en mi memoria las concurridas manifestaciones que recorrieron las calles de Santiago, en las que junto al ciudadano común marchaban con consignas y cantos patrióticos los herederos de Polidoro Pinzón de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena y del Primer Ciclo Urraca. Tanto el alcalde de la ciudad como las emisoras existentes hicieron causa común en esta gesta patriótica y brindaron a los manifestantes toda la colaboración que estaba a su alcance. Los dirigentes de la Federación de Estudiantes de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena desempeñaron un papel primario en la movilización estudiantil, encabezando los mítines que se escenificaron en "la Plazita" y en las marchas que recorrieron las principales calles del lugar. Todos los estudiantes del internado de la Normal salieron a manifestarse, a pesar de las amenazas vertidas por los directores de la institución.
A tantos años esos acontecimientos, algunos nombres se olvidan; otros los recordamos por haber vivido en forma más directa los hechos. Sin embargo, recuerdo a la familia de revolucionarios García (Yiyo, Simón, Negro), a Rafael Rodríguez (capacho), Carlos Wesley, Alcibíades Alcedo, Pedro Pinzón, Isidro Cheng, Carlos Aizpú, los hermanos Cárdenas, Raúl Amores, los hermanitos Murgas, Darío Fernández y Abril Changmarín, entre otros.
Cuando el 10 de enero de 1964 las noticias que llegaban de los centros de conflictos destacaban que seguían cayendo patriotas en los intentos de sembrar banderas dentro de la Zona del Canal, un grupo de dirigentes decidimos trasladarnos a la ciudad de Panamá para aportar nuestra cuota de sacrificio. Para el traslado requeríamos de un transporte que pudiera albergar a más de 50 estudiantes dispuestos a concurrir a la cita con la Patria.
La directora del plantel, Prof. María de la Paz Urriola de Torraza, al notar la determinación que habíamos tomado de utilizar el autobús del colegio, el cual se usaba diariamente para repartir a los normalistas en las diversas comunidades en las que realizaban sus prácticas, intentó detener la operación y hasta nos amenazó con expulsarnos por considerarlo un acto de indisciplina. Pero, el fervor patriótico estaba tan hinchado, que poco efecto causó en nosotros la amenaza. Algunos profesores nos acompañaron en el viaje. Partimos de Santiago hacia la ciudad capital unas 64 personas. Llevábamos banderitas y en el trayecto entonábamos canciones patrióticas y consignas antiimperialistas. Al llegar a Arraiján, un poco antes de tomar el puente de las Américas, nos topamos con un gran contingente del ejército norteamericano, armado con tanques y fusiles. Nos hicieron saber que estaba prohibido el paso y que no nos permitirían proseguir nuestro viaje hacia la capital.
Tan fuerte era el sentimiento patriótico en esos momentos que la mayoría bajó del autobús ondeando banderitas, y comenzamos a avanzar hacia donde estaban los contingentes del ejército norteamericano, cantando una canción que nos hacía elevar el fervor patriótico. "¡Como las águilas, como los cóndores, levantaremos vuelo feliz y llevaremos en nuestras alas laurel del triunfo para el porvenir!..". Hubiera bastado una orden del General O"Meara para que los soldados comenzaran a disparar y a generar una masacre de jóvenes idealistas. Ante la determinación que mostrábamos de transitar a como diera lugar sobre el puente de Las Américas, territorio que considerábamos de plena soberanía panameña, los altos mandos del ejército de Estados Unidos tomaron la sabia decisión de dejarnos pasar. Nos volvimos a subir al autobús y en son de triunfo, recorrimos con cánticos y consignas el Puente y nos dirigimos directamente a las instalaciones del Instituto Nacional.
Nuestra llegada al Instituto Nacional contribuyó a elevar la moral de estudiantes que estaban en su interior confeccionando bombas molotov y los que salían en grupos a sembrar banderas en la Zona del Canal.
La historia tiene tareas pendientes relacionadas con la gesta de enero de 1964 y una de éstas es reivindicar en su justa dimensión el aporte que los luchadores aportaron en los trágicos hechos del 9, 10, 11 y 12 de enero de 1964.