ABAP: de la crisis a una oportunidad nacional
Los análisis, pronósticos y perspectivas internacionales a mediano plazo, nos advierten sobre la volatilidad de la actividad bananera, producto de una marcada sobreoferta, del proteccionismo europeo y de factores climáticos inherentes a esta estratégica agroindustria, que desde hace más de un siglo es factor de desarrollo social en las provincias de Chiriquí y Bocas del Toro, y en la América tropical. Desde hace ocho años, cuando entró en vigencia el régimen de importación proteccionista de la Unión Europea a favor de sus ex colonias de Africa, Caribe y Pacífico (ACP), el comercio bananero internacional se caracteriza por ser un mercado de consumidores, que impone sus propias reglas del juego en precios y adquisición de los volúmenes de la fruta trazada.
Un fruto perecedero como lo es el banano, es de alto riesgo para los productores en un mercado que ha ajustado hacia la baja la compra de fruta, mientras que algunos "desobedeciendo" las nuevas leyes del mercado o las vigentes por la UE, ha inundado el mercado con fruta barata, no importándoles los precios, a la vez que no mantienen compromisos sociales con sus trabajadores.
Ha sido la tónica en esta ruleta rusa del ajedrez bananero internacional a partir de 1992, escenario complejo, zigzagueante, donde los países exportadores latinoamericanos olvidaron la vieja y exitosa práctica del refrán: la Unión hace la fuerza, y todo ha quedado a la suerte de un mercado administrado, donde el productor nacional suele sacar la peor parte, por ser el eslabón más débil de una cadena que manejan los grandes consorcios norteamericanos y europeos. Desde los "70 se viene repitiendo que en la actividad bananera se debe vivir administrando la crisis del cultivo, que de hecho las ha tenido difíciles, producto de enfermedades, de factores climáticos devastadores, de huelgas laborales lapidarias, de confrontaciones entre los gobiernos y las transnacionales fruteras norteamericanas por década y de pugnas entre productores nacionales con las compañías comercializadoras de Estados Unidos.
El cuadro bananero presenta numerosas aristas y variables, hoy convive con el régimen proteccionista impuesto por la Unión Europea, que busca una nueva fórmula en el llamado sistema de primer llegado, primer servicio, una jeringa con distinto bitoque, que en nada solucionará el problema de la adquisición de la fruta a la América tropical.
Como es habitual, en el primer semestre del año se presenta un panorama alentador en materia de precios, y que en esta oportunidad baten récord en Europa, con 18.95 dólares y se presentan halagadores en Estados Unidos, con 11 dólares la caja de 18.14 kilogramos, porque hay menos fruta en el mercado. No podemos ignorar el panorama en las fincas, en el hábitat propio del trabajador y de la agroindustria, caracterizado por los despidos, el cierre de algunas empresas con pérdidas millonarias, el deterioro social en las áreas bananeras, los menores ingresos en los comercios que viven de esta pujante actividad, extraordinaria generadora de empleos directos e indirectos, y cuyo quehacer proporciona un valor agregado de alto impacto económico en el país.
El escenario internacional latinoamericano se ha caracterizado por la fragmentación del sector bananero, por la ausencia de policías nacionales en algunos países, la pérdida de empleos, especialmente en Centroamérica. Honduras, Nicaragua, Guatemala, Panamá y la total desunión en la Unión de Países Exportadores de Banano (UPEB), entidad que permitió organizar a los gobiernos en torno a un proyecto bananero regional, que incluyó la concertación de políticas comunes y la puesta en marcha de programas comerciales, de investigación, información, que contribuyeron a otorgarle una mayor estabilidad, orden, al comercio de la fruta.
Ante este panorama nacional e internacional, crisis ya recurrente en el sector bananero, los productores nacionales, agrupados en la Asociación Bananera Panameña (ABAP), con sede en Chiriquí desde hace más de 30 años, decidió pronunciarse en un documento y franco comunicado al país, donde sostienen la necesidad de "transformar la crisis bananera en una oportunidad nacional" y hacen un llamado al gobierno en ese sentido.
ABAP, cuyos productores no son, ni quieren ser convidados de piedra en el estratégico sector bananero, califican el cultivo de irremplazable para la economía de las provincias de Bocas del Toro y Chiriquí, y de la economía panameña en su conjunto, que desde hace más de un siglo participa como uno de los pilares del Producto Interno Bruto (PIB) y de la empleomanía en el sector de la economía istmeña.
Los productores nacionales, ante la crisis, instan a la Unión Europea y Estados Unidos, los dos principales importadores y comercializadores de la fruta, a poner atención en el sector bananero panameño, agobiado por la pérdida de mercados, ya que cuyas consecuencias sociales son impredecibles en las regiones fronterizas de Bocas del Toro y Chiriquí, sometidas a un creciente deterioro económico y presión por el conflicto colombiano.
El mundo económico conoce a Panamá porque es un país canalero, tiene la Zona Libre de Comercio más grande de occidente, un importante Centro Bancario Internacional y es un país con una tradición bananera, que ha llevado nuestra fruta a los más exigentes mercados del mundo, sostiene ABAP. Son reconocidas nuestras ventajas comparativas y competitivas, -enfatizan los bananeros nacionales- por la calidad de los suelos, la excelencia y bondades del clima, por la poca frecuencia de huracanes y por la vieja tradición laboral, que no debemos perder, por exigencias extremas de parte y parte.
Por ello, advierte ABAP, es absurdo pensar en reconvertir las ricas tierras bananeras, que por demás han disminuido con el tiempo, y menos creíble el abandono de compañías que se establecieron hace más de 100 años o recientemente, producto de nuestras ventajas, asociadas a la posición geográfica, calidad de la fruta, al renovado liderazgo empresarial y a una mano de obra altamente calificada.
El banano tiene numerosas exigencias, variables económicas y de comercialización, altos costos de producción, sus demandas tecnológicas y de parte de la naturaleza, son el más notable reto al hombre y a las empresas desde que el hombre inventó la refrigeración en los barcos que hoy transportan la fruta de un continente a otro, de un océano a otro, para la delicia de los consumidores. "Reto que los productores nacionales hemos asumido con toda responsabilidad, creatividad y empuje, tal y como lo atestigua la historia de nuestras luchas y tesonera labor productiva".
Fruta exótica milenaria, apetecida por reyes y pueblos, fiel a su excepcional cosecha ininterrumpida todo el año, llamada oro verde, producida en Africa, Asia, Europa y la América tropical, administrada por europeos y norteamericanos en el mercado global, para Panamá sigue siendo un recurso vital y que requiere, de acuerdo con los productores, una política coherente para transformar la crisis en una oportunidad nacional.
Un fruto perecedero como lo es el banano, es de alto riesgo para los productores en un mercado que ha ajustado hacia la baja la compra de fruta, mientras que algunos "desobedeciendo" las nuevas leyes del mercado o las vigentes por la UE, ha inundado el mercado con fruta barata, no importándoles los precios, a la vez que no mantienen compromisos sociales con sus trabajadores.
Ha sido la tónica en esta ruleta rusa del ajedrez bananero internacional a partir de 1992, escenario complejo, zigzagueante, donde los países exportadores latinoamericanos olvidaron la vieja y exitosa práctica del refrán: la Unión hace la fuerza, y todo ha quedado a la suerte de un mercado administrado, donde el productor nacional suele sacar la peor parte, por ser el eslabón más débil de una cadena que manejan los grandes consorcios norteamericanos y europeos. Desde los "70 se viene repitiendo que en la actividad bananera se debe vivir administrando la crisis del cultivo, que de hecho las ha tenido difíciles, producto de enfermedades, de factores climáticos devastadores, de huelgas laborales lapidarias, de confrontaciones entre los gobiernos y las transnacionales fruteras norteamericanas por década y de pugnas entre productores nacionales con las compañías comercializadoras de Estados Unidos.
El cuadro bananero presenta numerosas aristas y variables, hoy convive con el régimen proteccionista impuesto por la Unión Europea, que busca una nueva fórmula en el llamado sistema de primer llegado, primer servicio, una jeringa con distinto bitoque, que en nada solucionará el problema de la adquisición de la fruta a la América tropical.
Como es habitual, en el primer semestre del año se presenta un panorama alentador en materia de precios, y que en esta oportunidad baten récord en Europa, con 18.95 dólares y se presentan halagadores en Estados Unidos, con 11 dólares la caja de 18.14 kilogramos, porque hay menos fruta en el mercado. No podemos ignorar el panorama en las fincas, en el hábitat propio del trabajador y de la agroindustria, caracterizado por los despidos, el cierre de algunas empresas con pérdidas millonarias, el deterioro social en las áreas bananeras, los menores ingresos en los comercios que viven de esta pujante actividad, extraordinaria generadora de empleos directos e indirectos, y cuyo quehacer proporciona un valor agregado de alto impacto económico en el país.
El escenario internacional latinoamericano se ha caracterizado por la fragmentación del sector bananero, por la ausencia de policías nacionales en algunos países, la pérdida de empleos, especialmente en Centroamérica. Honduras, Nicaragua, Guatemala, Panamá y la total desunión en la Unión de Países Exportadores de Banano (UPEB), entidad que permitió organizar a los gobiernos en torno a un proyecto bananero regional, que incluyó la concertación de políticas comunes y la puesta en marcha de programas comerciales, de investigación, información, que contribuyeron a otorgarle una mayor estabilidad, orden, al comercio de la fruta.
Ante este panorama nacional e internacional, crisis ya recurrente en el sector bananero, los productores nacionales, agrupados en la Asociación Bananera Panameña (ABAP), con sede en Chiriquí desde hace más de 30 años, decidió pronunciarse en un documento y franco comunicado al país, donde sostienen la necesidad de "transformar la crisis bananera en una oportunidad nacional" y hacen un llamado al gobierno en ese sentido.
ABAP, cuyos productores no son, ni quieren ser convidados de piedra en el estratégico sector bananero, califican el cultivo de irremplazable para la economía de las provincias de Bocas del Toro y Chiriquí, y de la economía panameña en su conjunto, que desde hace más de un siglo participa como uno de los pilares del Producto Interno Bruto (PIB) y de la empleomanía en el sector de la economía istmeña.
Los productores nacionales, ante la crisis, instan a la Unión Europea y Estados Unidos, los dos principales importadores y comercializadores de la fruta, a poner atención en el sector bananero panameño, agobiado por la pérdida de mercados, ya que cuyas consecuencias sociales son impredecibles en las regiones fronterizas de Bocas del Toro y Chiriquí, sometidas a un creciente deterioro económico y presión por el conflicto colombiano.
El mundo económico conoce a Panamá porque es un país canalero, tiene la Zona Libre de Comercio más grande de occidente, un importante Centro Bancario Internacional y es un país con una tradición bananera, que ha llevado nuestra fruta a los más exigentes mercados del mundo, sostiene ABAP. Son reconocidas nuestras ventajas comparativas y competitivas, -enfatizan los bananeros nacionales- por la calidad de los suelos, la excelencia y bondades del clima, por la poca frecuencia de huracanes y por la vieja tradición laboral, que no debemos perder, por exigencias extremas de parte y parte.
Por ello, advierte ABAP, es absurdo pensar en reconvertir las ricas tierras bananeras, que por demás han disminuido con el tiempo, y menos creíble el abandono de compañías que se establecieron hace más de 100 años o recientemente, producto de nuestras ventajas, asociadas a la posición geográfica, calidad de la fruta, al renovado liderazgo empresarial y a una mano de obra altamente calificada.
El banano tiene numerosas exigencias, variables económicas y de comercialización, altos costos de producción, sus demandas tecnológicas y de parte de la naturaleza, son el más notable reto al hombre y a las empresas desde que el hombre inventó la refrigeración en los barcos que hoy transportan la fruta de un continente a otro, de un océano a otro, para la delicia de los consumidores. "Reto que los productores nacionales hemos asumido con toda responsabilidad, creatividad y empuje, tal y como lo atestigua la historia de nuestras luchas y tesonera labor productiva".
Fruta exótica milenaria, apetecida por reyes y pueblos, fiel a su excepcional cosecha ininterrumpida todo el año, llamada oro verde, producida en Africa, Asia, Europa y la América tropical, administrada por europeos y norteamericanos en el mercado global, para Panamá sigue siendo un recurso vital y que requiere, de acuerdo con los productores, una política coherente para transformar la crisis en una oportunidad nacional.